Claudia Ortiz Aguilar
Guadalajara, Jal.
Destino: Amatitán
De los restos-reliquias de los 15 Santos Jaliscienses, sólo las de uno de ellos están expuestas en un templo de la capital tapatía1, se trata de los restos de San David Galván, quien también fue el único que no murió durante la Cristiada, aunque sí víctima de la persecución religiosa durante el mandato de Venustiano Carranza.
Mientras sus compañeros mártires fueron asesinados entre 1927 y 1928, San David Galván fue fusilado en 1915, hace 86 años.
En aquel entonces Petra Lozano Torres tenía nueve años de edad y hoy es, al parecer, la única testigo sobreviviente del caminar del Padre Galván hacia su martirio:
El cuartel de los villistas estaba en la calle Juan Álvarez, antes de llegar a Venustiano Carranza; nosotros vivíamos en Humboldt, en una vecindad de tres patios; en uno de ellos vivían algunos villistas.
El 30 de enero de 1915 los villistas se dirigieron a la vecindad a cambiarse sus ropas; se iban a disfrazar para distraer a los carrancistas.
Rosalío Lozano, papá de Petra, les preguntó a los villistas la razón de su encuartelamiento y le dijeron que habían llevado presos a dos sacerdotes, el Padre Galván y el Padre Araiza.
Cuando los sacaron, Petra y su hermano menor se asomaron por las «hendiduras» de las puertas de su casa, el Padre David -recuerda Petra- traía las manos atadas en sus espaldas y su cabeza con la vista hacia abajo; de su cuello colgaba una larga bufanda blanca.
Al llegar al lugar indicado, el Padre David Galván pidió como última voluntad que no le fueran vendados los ojos y de inmediato murió fusilado al costado oriente del Hospital Civil. En ese momento llegó un indulto para los dos sacerdotes; el Padre Araiza salvó la vida, no así el Padre Galván.
Petrita, a punto de cumplir sus 95 años de edad, recuerda la escena perfectamente; no tuvo oportunidad de conocer al Padre Galván con anterioridad, pero después de estos hechos, ella, al igual que muchas otras personas, comenzaron a venerarlo y a llevarle, al lugar de su muerte piedritas y veladoras con las que al tiempo le formaron un altar, hasta que «de seguro al gobierno no le pareció y acabaron con esa devoción», comentó doña Petra.
Muchas personas le tienen una gran fe a San David y lo visitan en el Templo de Nuestra Señora del Rosario, en la colonia El Retiro, en Guadalajara, en donde se encuentran sus restos-reliquias. Muchos favores le son agradecidos y muchos más le son solicitados. Durante la visita de esta reportera, un día entre semana al mediodía, una a una llegaron varias personas a llorarle, a rezarle, a pedirle.
Doña Petra trata de impulsar la devoción, platicando los favores que le ha hecho el mártir. «Hace 14 años me fracturé esta pierna, le pedí al Padre Galván que no quedara inválida; duré tres meses enyesada y aquí me tienes», dijo, convencida de su fe y demostrando un gran amor a su Santo.
(1Los de San José María Robles también se encuentran en Guadalajara, sin embargo están en la Capilla que lleva su nombre, dentro de la Casa de Oración Robles y pueden ser visitadas por el público en general, pero con la autorización de las religiosas). |