Edición 243 Domingo 30 de septiembre de 2001

Tema de la Semana

Fanatismo y Fundamentalismo religioso


• Carlos Octavio

La ignorancia, uno de los aliados del terrorismo

Millones quedamos estupefactos ante el atentado a Nueva York. Más tarde seríamos informados que el acto terrorista fue planeado por grupos funda-mentalistas del Islam. El añejo miedo de los norteamericanos había pasado de la ficción hollywoodense a la dolorosa realidad que resintieron especialmente las miles de familias allegadas a las víctimas. ¿El villano?: Posiblemente un hombre barbado, vestido a la usanza árabe; ¿su credo?: Fundamen-talista musulmán; ¿su ubicación?: Algún escondrijo en el Medio Oriente, presumi-blemente Afganistán. Osama Bin Laden ya es personaje en boca de todos, tal y como lo fue en su momento el Ayatola Jomeini en Irán; Kadaffi; y más recientemente, Sadam Hussein, quien invadió Kuwait (principado rico en petróleo bajo el protectorado de los EE.UU., y que anteriormente formaba parte de Iraq).

* En nuestros días, los medios de comunicación nos ofrecen la imagen tradicional del árabe brutal y lascivo. El árabe peca de deshonestidad, es intrigante, sádico e indigno de confianza. En el discurso visual de los grandes medios, los árabes aparecen siempre como multitud, como turba humana sin individualidad, sin biografía. Masas de seres anónimos y sucios que sugieren fanatismo y peligro. Y el peligro que se sugiere es la Guerra Santa, el Yihad, con lo que son presentados como «la amenaza» que pesa sobre el hombre blanco contemporáneo y sobre la humanidad en general.

Luego de la extensa cobertura de los medios, donde a las imágenes de la torres caídas del World Trade Center se alternaban las de turbas de árabes festejando o levantando proclamas en contra de occidente y los EE.UU., se supieron de los primeros ataques a grupos islámicos en los EE.UU.; a familias pacíficas cuyo “crimen” fue haber profesado su fe y vestir a la usanza árabe. La ignorancia, el odio y la venganza, pueden ser el triunfo aledaño del terrorismo cuando no se está en capacidad de dialogar y ver con ecuanimidad el panorama más amplio.

El Fundamentalismo no es privativo del Islam

De hecho este es un término que surgió para aplicarse a algunas sectas cristianas protestantes, las que se apegaban literal e irrestrictamente a la Biblia sin considerar el contexto histórico, cultural o geográfico. La literalidad, la inflexibilidad era la norma, incluso por encima de realidades históricas y humanas. Debido a esta actitud -el fundamentalismo- han caído en innumerables errores, algunos verdaderamente pueriles, tales como presagiar y errar en repetidas ocasiones el fin del mundo; establecer un número exacto de los que serán admitidos en el paraíso, etc. Otros sin embargo, no son errores tan inocentes y se han traducido no pocas veces en verdaderas violaciones a los derechos humanos o a necesidades humanitarias, tales como negarse a donar sangre u órganos para un moribundo.

* El mismo Edward Said se lamenta que, en nuestro tiempo, no existe ningún otro grupo étnico o religioso «sobre el que se pueda decir o escribir cualquier cosa sin tropezar con ninguna objeción o protesta». Se nos insinúa que si algo mantiene unidos a los árabes y a los musulmanes, no es el sentimiento nacional o la identidad cultural, sino el odio fanático a los judíos o el resentimiento hacia el estado de Israel.

Los estereotipos sobre los «mahometanos» -musulmanes- se difunden «con una sangre fría que nadie se atrevería a mostrar al hablar de los negros o de los judíos» (p. 355).

Esta cita de la revista Verde Islam es una denuncia no exenta de verdad. Actualmente, por la información en los medios, el ciudadano común está “propenso” a creer que los musulmanes son todos fundamentalistas y fanáticos. La realidad es que efectivamente existen grupos fundamentalistas extremos, y que se han multiplicado debido a las situaciones de injusticia que viven muchos países árabes, algunos incluso en el poder, como es el caso de los Talibanes en Afganistán. Aquí sin embargo, hay que aclarar, que la lucha política, es para los árabes una lucha cultural, es una defensa de su modo de vida ante Occidente que se reviste también, como es lógico suponer, del Islam, religión que permea todos los ámbitos de su vida.

* Muchas de las reivindicaciones que se producen en los países árabes se identifican con la religión. Los excesos que inevitablemente tienen lugar en toda revolución política o social son atribuidos al fanatismo religioso. Pero en muchos casos, lo que se reivindica es el derecho a definir el propio modelo de sociedad, y esto es lo que resulta inaceptable para el sistema general de intereses, que necesita propagar su propio modelo, sobre todo en el ámbito social y en el de la economía.

Integrismo, extremismo e intolerancia, las otras palabras del terror

¿Por qué surge la intolerancia, y el integrismo, tanto en sociedades consideradas democráticas y liberales como en aquéllas que no lo son? Quizá primero convenga aclarar que el integrismo se refiere a la creencia de tener la verdad absoluta, ya sea en lo religioso, en lo político, en lo filosófico, hasta en lo científico.

El integrismo está muy ligado al fundamentalismo, ya que el integrista se auto proclama portador de una verdad absoluta e incuestionable, precisamente por apegarse sin margen de maniobra -y por tanto de error- a las normas, incluso a las leyes científicas.

Del integrismo deriva la intolerancia, es decir la nula capacidad de escuchar “al otro”, de tolerar la diferencia, la alternativa o el modo que plantea “el otro”. Es exactamente lo contrario del diálogo y pueden ser muchos los factores que generan actitudes de integrismo, tales como una reacción contra la opresión y la represión de la identidad de una comunidad, de su cultura o su religión.

El relativismo es exactamente lo contrario al integrismo, y por supuesto, es un extremo tan malo como éste. El relativismo para entenderlo en palabras sencillas, es cuando todo “es bueno, apropiado, adecuado o justificable”, cuando las normas, creencias y sistemas de pensamiento quedan difusas y endebles; acomodaticias al momento y al arbitrio de cualquier sujeto. Con esta actitud se evaporan las instituciones, se debilitan las doctrinas, las ideologías y finalmente se pierden las utopías, es decir, la capacidad de soñar con un lugar mejor.

El relativismo moral, religioso, político, ya ha perpetrado muchos daños. ¿Cuántos católicos viven como si fueran ateos? Éste, por supuesto, es un mal que cunde en todas las religiones. No se piense que se trata de un signo de los tiempos, producto del azar. El nuevo orden mundial, la globalización liberal en control de unos pocos, requiere la uniformidad y por tanto el debilitamiento de las identidades culturales más intimas. Las religiones son un obstáculo importante para este afán de hegemonía mundial y por tanto, son debilitadas persuasiva, insistente y veladamente, mediante los medios de comunicación, las transacciones económicas, la promoción de ciertas sectas, sociedades secretas, y la guerra con pretextos humanitarios y económicos.

Su Santidad Juan Pablo II, es para el hombre religioso de cualquier denominación indiscutiblemente el líder visionario de nuestra época: ha humanizado el catolicismo al ser uno de los artífices principales del Concilio Vaticano II; se ha mantenido inflexible en los temas que tocan y atentan contra la dignidad humana, así como inflexible se ha mantenido con respecto a la administración de los Sacramentos legados por Nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, su Pontificado será recordado entre otras cosas por su capacidad de diálogo, su capacidad de escuchar con respeto la verdad del otro y exponer la suya sin otro ánimo que el de compartir la alegría de Cristo revelado y vivido en la fe. La actitud ecuménica de Juan Pablo II es todavía mirada con recelo, incluso por algunos católicos de ánimo más cerrado. Los católicos no somos inmunes a la intolerancia, al fundamentalismo y al fanatismo.

Debemos estar vigilantes para no caer en ningún extremo: Debemos mantenernos fieles en nuestra fe, pero con un ánimo razonado y abierto para no caer en el fariseísmo que tanto aborreció nuestro Señor Jesucristo.

El integrismo -la creencia de la verdad absoluta- se da también bajo nuevas formas que encubiertas desfilan ante nuestros ojos y no aceptan contradicción alguna: 1) El dinero como finalidad de la actividad humana. 2) El ateísmo como sinónimo de razonamiento. 3) La sociedad capitalista como la única aceptable para el hombre. 4) La ciencia y la tecnología como “dioses” de la verdad y el progreso humano... usted siga enumerando.

* Ponencia presentada por Hashim Ibrahim Cabrera, Director de Verde Islam, Revista de Información y Análisis. Seminario «Libertad religiosa», celebrado en Córdoba los días 26 y 27 de julio de 1997.

Para los fundamentalistas, las armas es un recurso; el suicidio, considerado un paso al paraíso. Pero esto no es cosa sólo de musulmanes.

El ABC del fanático

José Miguel Odero, Doctor en Filosofía, Universidad de Navarra

¿Cómo describir en general la coherencia del fanático? Hoy entendemos que el fanático es un hombre obsesionado por algún pensamiento práctico, por un objetivo social que trata de hacer realidad a toda costa, concretamente a costa del respeto debido a sus conciudadanos. El fanático, para el logro de sus fines, es maquiavélico y no duda en conculcar el orden ético y el legal. El fanático no es desde luego un demócrata, porque piensa que sólo él o unos pocos como él han visto la verdad práctica y que a ellos corresponde realizarla mediante una acción violenta. En el fanático se aloja una carga de violencia potencial: está dispuesto a utilizar la violencia si fuera precisa para sus fines; violencia física (agresión), violencia psicológica (terror) y violencia intelectual (engaño), todo como medio para violentar o contrariar las voluntades de quienes se oponen a sus proyectos.

Es característica del fanático la obstinación, la enérgica y casi inconmovible persistencia en su actitud decidida. Ciertas convicciones elementales forman parte de dicha actitud y la alimentan; estas convicciones varían según los diversos grupos sociológicos de fanáticos. Pero se puede hablar de una convicción universal que ceba y sostiene cualquier fanatismo: el maquiavelismo que justifica cualquier medio en función de un fin que el fanático coloca como absoluto en su sistema de valores. La coherencia del fanático depende de esta última convicción.

Además es típico del fanático descartar el diálogo como un elemento absolutamente inútil, porque el fanático renuncia al ideal de que su empresa y las convicciones peculiares que la guían puedan ser comprendidas y aceptadas pacíficamente por la comunidad. El fanático no cree que la inteligencia sea un patrimonio común de la Humanidad en la cual deben fundarse las relaciones sociales. Por eso sus palabras no quieren ser razonables ni razonadas, sino sólo persuasivas e impulsivas: su discurso público se apoya sobre lemas y no sobre razones.

¿Es propio hablar de «fanatismo religioso»?

Un signo para distinguir al creyente religioso del fanático: uno busca el diálogo porque es un vehículo hacia la prudente tolerancia; el otro lo rechaza porque lo desprecia e incluso lo teme: cualquier tolerancia le resulta inconcebible e inaceptable. Las comunidades religiosas pueden albergar dentro de sí a hombres fanáticos, hombres cuya fe religiosa ha degenerado en creencia fanática. Parece importante subrayar que resulta inexacto hablar -como desgraciadamente acontece con frecuencia- de fanatismo religioso. El fanatismo sólo merece esta calificación de religioso extrínsecamente; es decir, se trata de un fanatismo que surge en el espíritu de hombres que han sido religiosos o que han estado en contacto con ideas religiosas. Pero sería un error entender esa expresión como si el fanatismo fuera consecuencia de la religiosidad. Fanatismo y religiosidad se oponen netamente entre sí, porque la esencia de la religiosidad es la sumisión y obediencia a un Dios que es la Bondad. El fanático es, por contraste, un hombre que ha elegido por sí mismo, siguiendo su propio parecer, prescindir de algunas creencias, adoptar otras e imponerlas violentamente a la sociedad; en la elección de una coherente y violenta cerrazón se ha equivocado gravemente, se ha convertido en un instrumento de maldad.

Judíos, cristianos, ortodoxos y musulmanes, normalmente ejemplo de diálogo y tolerancia; a veces: “un polvorín”.

Ser Musulmán no es sinónimo de ser fanático

El Presidente de los EE.UU., George Bush, tuvo que dar a su nación, el mensaje de que la guerra que comanda no es contra los musulmanes, sino contra el terrorismo.

La diferencia, desafortunadamente no es clara para muchos, sobre todo con los antecedentes de la llamada “guerra santa”, es decir, cuando grupos religiosos deciden irse a las armas para obtener el poder político. El precedente lo sienta el Ayatola Jomeini, quien encabezó la lucha rebelde contra el Shá en Irán. El Ayatola, líder religioso, deja la mezquita para derrocar “la opresión de Occidente” asentada en los acuerdos tácitos e indirectos con el Shá -líder político- .

En Irán, la cultura segregada a las mezquitas fue el detonante de una lucha de reivindicación cultural, de recuperación de identidad. El Islam, último bastión de la cultura árabe en Irán tomó un acento fundamentalista para arremeter y permanecer contra el integrismo occidental. No es justificable, pero es posible entender el origen del violento cariz que tomó una religión que en sí misma no es violenta.

La violación a derechos humanos y atrocidades como la mutilación, humillación y segregación de las mujeres es un apego fundamentalista y fanático a las antiguas costumbres de algunos de los pueblos que profesan el Islam y no al Islam en sí mismo. Esta sutil pero importante diferencia, no es apreciada por la mayoría occidental que se limita a ver a los árabes como una horda de salvajes, nada más alejado a la verdad.

Las atrocidades del fanatismo las hemos visto en ejemplos como el suicidio masivo de la secta de Mason en los EE.UU.; Waco, Texas y los innumerables terroristas “auto inmolados” a su dios, Alá. En casos menos escandalosos pero igualmente fanáticos: en las curaciones masivas en congresos carismáticos protestantes, también ¿por qué no decirlo? en apariciones y milagros falsos dentro y fuera de la Religión Católica.

La fe verdadera se acompaña de la razón

Entrevista con el Pbro. Lic. Fernando Lugo

¿Qué es el fanatismo, y qué es el fanatismo en la religión?

“Es el exceso emocional en la adhesión a un ideal, a una causa o a una persona. Surge por ejemplo, en el apasionamiento por el deporte, por algún artista o cantante de moda, etc. Tiene dos acepciones, una positiva que incluye admiración, deseo de imitación... y otra peyorativa que es el exceso de la pasión, la carencia del elemento racional. Por eso algunos fanáticos cometen desmanes como asaltar a la cancha, ir a los golpes.

En el campo religioso, fanatismo significa también carencia de racionalidad, de discernimiento, de instrucción. La pasión predomina excesivamente sobre las emociones y a veces se impone a la razón. En la religión, los fanatismos son siempre perjudiciales, puesto que revelan un desequilibrio de la persona; esto, incluso, puede ser “contagiado” en ambientes masivos como estadios, grandes auditorios, etc.”.

El hombre científico, el hombre racionalista; tacha frecuentemente al hombre religioso de fanático, ¿se confunde fe con fanatismo?

“La ciencia y la fe nunca han estado en contraposición, siempre se han complementado, porque el ser humano no solamente es razón; el hombre es además sentimiento, emoción, voluntad y trascendencia; aspectos todos que engloba la religión, pero la religión posee además un sustento racional, de otra manera, efectivamente se convertiría en fanatismo”.

¿Qué es el fundamentalismo?

“Este es un concepto que se aplica específicamente a lo religioso. Consiste en la aplicación literal de una norma o de un conjunto de normas y doctrinas sin apelar al contexto. Es extrapolar al sustraer una frase de una doctrina tomándola literalmente sin contextualizarla en el tiempo y en el lugar donde se produjo. Se da con mucha frecuencia en ciertas denominaciones y sectas protestantes.

El Concilio Vaticano II ha dado una gran ayuda a los católicos al pedirnos que la lectura de la Biblia se haga siempre con atención al contexto, a los géneros literarios y a la época en que fueron escritos los libros que la conforman. Esto nos ha liberado del fundamentalismo del que son objeto algunas sectas como los “Mormones”, “Los Testigos de Jehová”, etc. Por otro lado, la época actual trajo al cristianismo dos actitudes que definen la modernidad: a) La separación entre el Estado y la Religión -la secularidad -. b) La democracia y la libertad de expresión.

Estos signos de modernidad difícilmente se encuentran en los países islámicos.

Pasando al ambiente musulmán, hay que decir que dentro del Islam hay una corriente fundamentalista que interpreta el Corán –El libro básico normativo de su fe- de una manera literal. Actitud que puede llevar a grandes desviaciones. El Islam no ha sufrido ninguna reforma sustancial en su historia como las ha sufrido el Occidente Cristiano, por lo que la religión aún permea todas las actividades de la vida”.

¿Qué es la llamada “guerra santa”? ¿Los hechos acaecidos en Nueva York, presuntamente obrados por guerrilleros fundamentalistas, son parte de una “guerra santa”?

“Estos hechos reprobables son un atentado contra gente inocente en aras de un fundamentalismo religioso. Hace falta ahora entender el “por qué”. Nos han dicho los medios de comunicación qué sucedió, cómo sucedió y en dónde sucedió, pero nos falta entender el por qué y el para qué. Falta contextualizar los hechos, hechos que denotan una gran desesperación, hechos que bien pueden encuadrarse en la llamada “guerra santa” que los grupos fundamentalistas islámicos han declarado contra sus supuestos enemigos.

Debemos entender que en los países islámicos existe un gran resentimiento hacia algunas potencias europeas y hacia los EE.UU., en particular. Demandan estos países haber sido víctimas de colonialismo y vasallaje. En los años recientes, el establecimiento del Estado de Israel, ha sido considerado como una gran agresión al mundo árabe y a sus convicciones islámicas. El núcleo del conflicto, se puede “llamar la manzana de la discordia”, parece que es el problema árabe-israelí, un conflicto añejo que está exacerbando el ánimo de muchos países árabes. Si a esto agregas la poca instrucción, la falta del elemento racional en la religión y el fundamentalismo de parte de algunos grupos y dirigentes, entonces podemos tener allí una explicación de por qué esos Estados perciben a los EE.UU. como enemigo”.

¿Es posible entablar un diálogo entre occidente y la región árabe en un tono de respeto, democrático, incluso ecuménico?

“Claro que sí, no sólo es posible, sino que es deseable; una prueba muy clara es la reciente visita del Papa a Siria, un país del que no se creía pudiera recibir al Pontífice Romano... El mensaje del Papa es el del un sano ecumenismo que la Iglesia pide desde el Concilio Vaticano II. El Papa ha mostrado que el diálogo es posible con los árabes. El Islam es una fe de total sumisión a Dios, la palabra Islam significa obediencia a la voluntad de Dios. El Islam es una religión de paz, de conciliación. Tienen la “Guerra Santa”, pero esta es una guerra defensiva contra los enemigos del Islam. A pesar de que los fundamentalistas llevan al extremo el concepto de “guerra santa”, ésta no es la actitud general de los musulmanes.

Muchos países, entre ellos México, tienen buenas relaciones con los árabes. Los católicos también; como muestra, hay que decir que el patriarca católico en Jerusalén es un obispo de ascendencia palestina. El Papa nos ha dado signos de cómo visualizar el momento histórico tan importante que estamos viviendo... Desgraciadamente este siglo parece presagiar el renacimiento de ciertos fundamentalismos y, sin embargo, a la par, es un momento en el que las fuerzas religiosas podrán enfrentarse o podrán dialogar”.

¿Este resurgimiento del fundamentalismo y sus expresiones de violencia no es una respuesta “natural” a la arrasante táctica hegemónica de Occidente encabezada por los EE.UU.?

“Así es percibida por algunos grupos. Creo que los acontecimientos están invitando a toda la Humanidad -porque hoy estamos globalizados para bien o para mal- a la reflexión, al discernimiento, al cambio de actitudes, a considerar que la Humanidad no es sólo una porción privilegiada de la raza humana sino que hay millones de personas esperando tener acceso a los bienes de la cultura post-moderna y que se ven privados de los satisfactores más básicos. Este es un momento importantísimo que podemos aprovechar... Ojalá que los líderes del mundo lo entiendan así, para que se sienten a dialogar y llegar a acuerdos, ya que es el único camino existente”.

¿Con qué actitudes de fanatismo y fundamentalismo se encontró Jesús?

“La actitud fundamentalista es la de los fariseos, grupos de judíos apegados a la estricta obediencia de la Ley de Moisés y a sus propias tradiciones que no están consignadas en los libros del Pentateuco; apegos todos por encima del ser humano. Jesús siempre mostró rechazo a esas conductas fundamentalistas y fanáticas, dando preeminencia al ser humano por encima de la Ley, eso está claro en los Evangelios”.

Esta mezquita en Jerusalén, una de las 7 maravillas del mundo: es un bastión de la Cultura Árabe.

Belén: Una ciudad amenazada permanentemente por la guerra.

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