Edición 244 Domingo 07 de octubre de 2001

Palabra del Domingo

Cumplir bien la propia misión



En la enseñanza de la Liturgia de hoy hay dos mensajes muy diversos. El primero acerca de la fe, el segundo parece que fuera dirigido a quienes trabajan para otros; pero si vamos a verlo detenidamente, de una forma u otra, todos tenemos una relación con nuestros semejantes y vamos dependiendo unos de otros. Los que mandan también tienen que obedecer; y en última instancia, todos los seres humanos de todos los lugares y de todos los tiempos, dependemos en definitiva de nuestro Padre Dios. Es a Él a quien deberemos rendir las últimas cuentas y ante su presencia nada hay de lo cual podamos presumir. En el mejor de los casos sólo podremos decir: He cumplido tu voluntad, lo mejor que pude...

1ª Lectura: Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4 El Señor no fallará, el justo vivirá por la fe.

Salmo 94: Señor, que no seamos sordos a tu voz.

2ª Lectura: 2ª Carta a Timoteo 1, 6-8.13-14. Reaviva el don que recibiste; guárdalo como un tesoro con la ayuda del Espíritu Santo que vive en nosotros.

Evangelio: Lucas 17, 5-10. La fe es como una semilla de mostaza, pero es capaz de hacer milagros. El sirviente que sólo cumple con su obligación, al final del día le queda decir: sólo he hecho lo que tenía que hacer...

• Un mensaje para meditar: El mensaje de la fe que se nos da en el Evangelio, muchas veces lo habremos escuchado y tal vez también muchas veces experimentado, pero es bueno reflexionarlo de vez en cuando para ver cómo anda nuestra fe y en quién ponemos nuestra confianza.

• Una obra buena para realizar: a la hora de hacer un examen de conciencia, es bueno reconocer si con todo lo que hago a través de mi día sirvo a Dios o me sirvo a mí mismo, a mi egoísmo, a mis intereses... Hoy buscaré repasar y aprender las “obras de misericordia”...

• Una gracia para vivir: Es bueno recordar otra vez, que con trabajo nos ganamos el pan -o un salario-, pero además Dios lo contabiliza y con ese mismo trabajo, nos ganamos también el Cielo.

La misión que cada uno tiene está siempre en la línea del servicio y siempre en relación a otros. Cuando esto falla vemos que se van creando instancias anormales que a la larga perjudican a los individuos y a la sociedad.

Unas veces haremos a nuestro prójimo un servicio desinteresado y por amor, o en nombre de Dios; otras veces recibiremos un pago a cambio, o nos darán una recompensa. Eso es indiferente; lo importante es que tenga una referencia: hacer el bien. Esta es la voluntad del Señor, y sólo el trabajo que lleve este sello o esta característica, tendrá validez ante el Señor.

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