Edición 244 Domingo 07 de octubre de 2001

Reflexiones

Gestos que producen gozo


• Pbro. José Oceguera Méndez

Caridad. Gesto necesario y gozoso.

Permítanme compartir con ustedes algunas reflexiones nacidas de la lectura del libro: «Dios cree en el hombre», de Mons. Justo Mullor.

Cuando damos algo que acaso nunca antes habíamos ofrecido, por ejemplo: una limosna, «aparece un paisaje, fascinante de paz y alegría». Pero no la limosna escueta, como puede ser una moneda de poco o de regular valor, sino que es menester que en ella vaya algo nuestro, más nuestro, como puede ser la determinación de repetir aquella acción. Hay que hacer aquel gesto, no un signo de asistencialismo, sino una actitud hecha amor y amor de por vida. Este gesto no puede quedar ahí; necesariamente tiene que generar gozo, un gozo que convide al ejemplo, capaz de hacer realidad aquello de que «el bien se difunde».

Optar por el oprimido

Con frecuencia, nuestras acciones no son precisamente evangélicas en el campo de la fe. Algunas serán medianamente tales. Esa medianía puede traducirse como mediocridad; y eso no agrada al Señor porque suena a tibieza: «Porque no eres ni frío ni fervoroso, voy a empezar a vomitarte». En cambio, optar por un hermano que atraviesa en este momento por algo que oprime su dignidad humana y su dignidad trascendente como hijo de Dios, ha de ser una opción que no debe admitir tardanza, por tratarse de un reclamo de la justicia. Y ya sabemos que «si la justicia se tarda, se vuelve injusticia». No dudemos que realizar la caridad nos reportará un gozo indecible que florecerá, porque estar con el oprimido significará que estamos abriendo el camino para que alguien esté un día de parte nuestra, dado que en el oprimido descubrimos al Jesús doliente.

A cada paso nos topamos con quienes aparecen como deshecho social, en cuanto que no son tomados en cuenta, y su valor de autoestima «anda por los suelos»; precisamente porque nadie los toma en cuenta, nadie los valora, aunque en no pocos casos se trata de personas de grandes valores que atraviesan una crisis temporal; debemos apoyarlos, lo cual será un acto de justicia por el que todo bautizado será rigurosamente examinado el «día de las cuentas». No se trata de dejarle a Dios la aplicación de “Justo Juez”; es preciso que nosotros nos solidaricemos con esas personas que encontramos más cerca de nosotros. Si rehuimos esa acción, estaremos mereciendo ser señalados como cómplices de quien evitó hacer lo que tuvo en sus manos realizar.

Portada
Directorio
Ediciones Anteriores
Arquidiocesis de GDL
Pág. Principal