Edición 247 Domingo 28 de octubre de 2001

Estado de Guerra

Juan Pablo II censura la violencia en Oriente Medio



Antes de rezar el Angelus con los fieles llegados para asistir a la beatificación de los esposos romanos Luigi y Maria Quattrocchi, Juan Pablo II censuró la violencia en Oriente Medio y expresó su cercanía a las víctimas de la misma.

A continuación, refiriéndose a la situación en Oriente Medio, Juan Pablo II afirmó: «Desgraciadamente, en la hora presente no faltan situaciones amenazadoras que tienen en vilo a toda la Humanidad. Recibo con profunda tristeza noticias dolorosas y preocupantes de Belén, como también de las ciudades de Beit Jala y Beit Sahour. La guerra y la muerte han llegado incluso a la Plaza de la Basílica de la Natividad de Nuestro Señor. En el nombre de Dios repito una vez más: la violencia es para todos solamente un camino de muerte y destrucción que deshonra la santidad de Dios y la dignidad del ser humano».

«Expreso a las familias de aquellos que son víctimas de la violencia mi cercanía en el dolor, en la oración y en la esperanza. Tienen el don de vivir en la Tierra Santa para los judíos, los cristianos y los musulmanes. Debe ser tarea de todos hacer de ella finalmente tierra de paz y fraternidad». (VIS).

Procesión de líderes religiosos por la paz de Jerusalén a Belén

Llamamiento del representante Papal en Tierra Santa

Los máximos exponentes de las Iglesias y comunidades cristianas de Tierra Santa, con el nuncio apostólico Pietro Sambi, dirigieron el pasado martes una procesión por la paz desde Jerusalén a Belén.

La ciudad de Jesús, cuyos habitantes son en su gran mayoría palestinos, se ha convertido en estos días en teatro de una imponente operación militar judía, en respuesta al asesinato por parte de un grupo terrorista extremista palestino del ministro israelí dimisionario Rehavaam Zeevi, el miércoles pasado.

La manifestación convocada por los líderes cristianos fue denominada el «Convoy de la solidaridad por la paz». La conformaron un centenar de coches. Se sumaron también miembros de grupos pacifistas, líderes religiosos musulmanes, y el alcalde de Belén.

Se realizó con la aprobación y sin ningún impedimento por parte de las autoridades civiles y militares israelíes.

«Desde este lugar en el que nació Jesús -dijo Monseñor Sambi «embajador» Papal ante Israel y ante la Autoridad Palestina en una ceremonia celebrada en la Iglesia de Santa Catalina-, dirigimos un llamamiento para que acabe la guerra. Violencia y guerra significan muerte y destrucción contra Dios y la dignidad de todo ser humano».

«Queremos la paz para el pueblo palestino -añadió-. Una paz con justicia y dignidad. Queremos la paz para el pueblo israelí».

El jeque Alí Saada, responsable del organismo para la protección de los bienes islámicos en Palestina, subrayó por su parte la «fraternidad entre cristianos y musulmanes» y recordó a Jesús como «profeta de paz», lanzando a su vez un llamamiento a poner punto final al conflicto entre israelíes y palestinos.

El Padre Giacomo Bini, ministro general de la Orden de los Frailes Menores en declaraciones concedidas a Radio Vaticana, se ha hecho portavoz de la preocupación de los franciscanos en Belén y Tierra Santa por el torbellino de violencia de los últimos días.
«Por el momento los frailes tratan de estar cerca de la gente, de no dramatizar para calmar la situación -explica el superior franciscano-. Y dado que como frailes somos respetados por las dos partes -en parte por la tarea histórica que hemos desempeñado-, tratamos de dialogar, de escuchar a unos y a otros, y de buscar la manera en la que el diálogo puede triunfar sobre la violencia». (Zenit).

Vaticano a la ONU: El terrorismo no se vence con represalias indiscriminadas

Intervención ante la Asamblea General del «embajador» del Papa

El terrorismo no se vence con la «revancha» o con «represalias que golpean indiscrimina-damente al inocente», advirtió el representante de Juan Pablo II ante la ONU al intervenir ante la plenaria de la Asamblea General sobre la «Cultura de la Paz».

Las palabras del Arzobispo Renato Martino, observador permanente del Vaticano ante las Naciones Unidas, constituyen un pronunciamiento oficial de la Santa Sede sobre los interrogantes que plantea una respuesta militar a los ataques contra Estados Unidos del pasado 11 de septiembre.

«Los actos de revancha no sanarán el odio -reconoció el prelado-. Las represalias, que golpean indiscriminadamente al inocente, continúan la espiral de violencia y son soluciones ilusorias que impiden el aislamiento moral de los terroristas».

«Tenemos que cancelar más bien los elementos más obvios que provocan condiciones de odio y violencia y que son contrarias a todo movimiento de paz», añadió, y mencionó «la pobreza», así como las diferentes formas de violación de los derechos humanos.

«La exclusión social -reconoció el arzobispo italiano en su intervención de diez minutos-, la intolerable situación de los refugiados, de los desplazados internos y externos, y la opresión física y psicológica, son terreno abonado que sólo espera ser explotado por los terroristas».

Por este motivo, según el «embajador» Papal ante la ONU, «toda campaña seria contra el terrorismo necesita también afrontar las condiciones sociales, económicas y políticas que alimentan la emergencia terrorista, la violencia y el conflicto».

El prelado, que lleva quince años como observador vaticano ante las Naciones Unidas, explicó, además, que los ataques kamikaze no son las únicas formas de terrorismo actual. «En algunos casos, se trata de situaciones casi institucionalizadas, basadas en sistemas que destruyen completamente la libertad y los derechos individuales «culpables» de no llevar su pensamiento a la corriente de la ideología triunfante».

«Hoy estas personas no son capaces de atraer la atención y el apoyo de la opinión pública internacional y no deben ser olvidadas o abandonadas», pidió.

«Aquellos que honran a Dios deben estar en la primera línea de quienes luchan contra todas las formas de terrorismo», siguió diciendo Martino, quien citando al Papa, añadió: «Como miembros de una familia humana y como hijos queridos por Dios, tenemos obligaciones mutuas que como creyentes no podemos ignorar».

El arzobispo consideró que la paz, incluso en la situación actual, pasa por el diálogo. Para aclarar su propuesta volvió a citar el mensaje del Papa Wojtyla para la Jornada de la Paz de 1983: «Estoy profundamente convencido de que el diálogo -el verdadero diálogo- es una condición esencial para esa paz. Sí, este diálogo es necesario, no solamente oportuno; es difícil, pero es posible, a pesar de los obstáculos que la realidad nos obliga a considerar».

«Desde este punto de vista, el mundo debe reconocer que hay esperanza -admitió el arzobispo-. Construir una cultura de la paz no es un sueño disparatado o utópico».

«Si por estos motivos estamos convencidos de que la paz es un «bien por sí mismo», tenemos que construir una cultura de la paz -concluyó-. La paz es ante todo experimentada, reconocida, querida, y amada en el corazón».

La agencia de la Congregación Vaticana para la Evangelización de los Pueblos, Fides, al informar sobre la intervención del arzobispo, considera que las palabras de Monseñor Martino expresan «la perplejidad de la Santa Sede ante la campaña militar contra el terrorismo lanzada por la alianza anglo-estadounidense en Afganistán».

Osama Bin Laden, en nombre de Alá...
o más bien, del petróleo

Habla el Presidente del Pontificio Instituto de Estudios Arabes e Islámicos

    El Islam no tiene nada que ver con los terroristas de las Torres Gemelas o del Pentágono: es una excusa, afirma el Padre Justo Lacunza, presidente del Pontificio Instituto de Estudios Arabes e Islámicos (PISAI).

“Osama Bin Laden querría convertirse en el “nuevo Saladino” (expulsó a los cruzados de Jerusalén, 1137-1193) y en el nuevo gestor de los recursos naturales del mundo árabe», añade este religioso conocido como uno de los mayores expertos mundiales en Islam.
El PISAI, confiado por la Santa Sede a los Misioneros de África, con sede en Roma, tiene por objetivo formar a los cristianos en el conocimiento del Islam.

Osama Bin Laden había proclamado hace ya cinco años la «yihad», una declaración de guerra contra los «cruzados» y los judíos.

Sí, con un texto publicado el 23 de agosto de 1996, una declaración de guerra contra Estados Unidos, contra los «cruzados» y contra los judíos. Decía que los estadounidenses debían dejar Arabia Saudita, que según él han «ocupado» desde la guerra del Golfo. La palabra «cristiano» no se usa nunca en este texto. Habla de «cruzados», entendiendo «aquellos que han hecho las cruzadas», por tanto que han combatido contra los musulmanes. Por último, ataca a los judíos por la cuestión palestina y de Oriente Medio en general. También Bin Laden cita al petróleo y propone el control de los recursos en su declaración de guerra.

Ni siquiera un año después llegó también su investidura religiosa.

Los talibán, en la visión de su Islam, han buscado y obtenido el apoyo de este señor ya legendario, que es un gran gestor de finanzas y hábil explotador de su posición de combatiente, primero contra Rusia a favor de Estados Unidos y ahora contra Estados Unidos por cuenta de los talibán. En este sentido, uno de los momentos cruciales fue marzo de 1997, cuando de guerrero se convirtió en jefe musulmán. Se le confiere una especie de «autoridad» religiosa por el supremo jefe talibán, el mulá Omar, que lo invita a dirigir un rito público de oración, la «Salad».

¿Qué sucedió entonces?

El mulá Omar permanece como jefe espiritual de los talibán pero Bin Laden se convierte en el que lleva adelante la dimensión político-religiosa, cultural y económica.

¿Usted cree en las motivaciones religiosas de Bin Laden?

Todavía tiene que darlas.

Pero, ¿usted cree que son su motivación?

Creo que no. Hace referencia a las motivaciones religiosas, pues le permiten tener un amplio campo de acción entre los musulmanes. Si sus argumentos fueran sólo el control de los recursos petrolíferos o la expulsión de los estadounidenses, no le servirían.

¿Los talibán necesitan a Bin Laden o Bin Laden necesita a los talibán?

Son dos partes inseparables.

Las relaciones entre el mundo islámico y occidental, ¿están empeorando?

El terror, la destrucción, la muerte sembrados tras los ataques terroristas del 11 de septiembre son un hecho. Son la realidad con la que tenemos que confrontarnos. Aclaremos otro hecho: usted, yo, cualquier judío, cristiano, musulmán, estamos menos seguros que antes. Esta es la realidad que debemos afrontar.

Y, sin embargo, sabemos bien lo que sucede en Afganistán, en Irán, en Sudán, en Argelia, en otros lugares...

Todas las religiones deben ajustar cuentas con su propia historia. Pero es verdad que determinados grupos musulmanes usan la violencia para sus propios fines.

¿Cómo es posible que el Corán sea interpretado en modos tan diametralmente opuestos?

¿Cómo es posible que en Irlanda del Norte la policía tenga que llegar a proteger a los niños de siete, ocho años que van a la escuela? ¿Cómo es posible interpretar en ese modo la fe católica, la fe protestante? Hay que analizar la situación. Los talibán se sirven del Corán y del Islam, usando a Dios como fortaleza para sus planes.

En los países árabes no se puede llevar un crucifijo al cuello...

La libertad religiosa ha sido sancionada por la Declaración de Derechos Humanos de la ONU. La defensa compete a las Naciones Unidas, a la Unión Europea, a las asambleas parlamentarias y gobiernos de los países, no a la Iglesia o a los ciudadanos. ¿Usted recuerda alguna vez en que el Parlamento Europeo haya debatido seriamente sobre libertad religiosa? Este problema, como el de la violencia, no surgió el 11 de septiembre. Quizá se tiene miedo de enemistarse con algún político árabe, o con cualquier dirigente. (Zenit).

Información y diálogo para asimilar el impacto de la guerra

Ricardo Aguayo, psicólogo.

    Las situaciones de violencia que amenazan a la paz mundial se han convertido en el principal tema de conversación en varias partes del mundo.

Día a día los medios de comunicación sirven hasta nuestra mesa abundante de información que nos pone al tanto de los acontecimientos que se producen en el conflicto, información que no habla sino de guerra, hambre, muerte, amenazas biológicas y desolación, lo que va generando que el televidente se sienta vulnerable, desprotegido y que lo inunde una sensación de muerte.

El impacto de la guerra

Por desgracia, el teleauditorio está compuesto no sólo de personas adultas, con “suficiente criterio” para emitir un juicio de lo que ve, sino también de los niños que reciben la misma información, empapándose indiscriminadamente de violencia. En adultos y menores la información sobre la guerra y sobre los ataques bacteriológicos causa un fuerte impacto, pero éste puede variar de acuerdo a diferentes factores:

El primero es la edad del sujeto. Definitivamente los niños están en mayor desventaja, ya que por su misma edad e inmadurez, no pueden asimilar de manera positiva todo lo que se les ofrece sin que les cause algún daño. Generalmente las noticias sobre la guerra y el terrorismo son fuertes, las imágenes ( que llaman más la atención a los niños) son de destrucción y muerte. Una persona adulta, a diferencia del pequeño, cuenta con más elementos para discriminar la información que recibe y darle un orden particular, formándose una opinión.

Otro factor que se debe tomar en cuenta es la actitud. La información que se recibe genera una actitud. Esta actitud o respuesta se da en tres niveles: el pensamiento, lo que se piensa de la información; el sentimiento, o bien, los sentimientos que se producen como: tristeza, coraje, miedo, etc. Y por último, el comportamiento, que es la manifestación externa ante lo recibido, como el desconcierto, la ira o el llanto.

De estos tres niveles, el más importante es el segundo, porque es el componente más profundo y por lo mismo el más resistente al cambio y es que, por lo general, nuestra motivación para actuar la identificamos por nuestros ánimos y sentimientos.

Un tercer factor a considerar son los contenidos de la información: sin duda, algunos temas son más llamativos que otros. Los temas preferidos en televisión por el fuerte impacto que generan son la muerte y la violencia, porque van dirigidos a nuestros impulsos.
Así pues, la nota de la guerra que comúnmente está impregnada de sensacionalismo, desde los titulares hasta la música con la que se presenta, genera un impacto largo y prolongado, en adultos y menores, que además de la violencia vivida en las calles y en los mismos hogares han de cargar con un nuevo paquete de agresividad.

Asimilar positivamente la información

El mosaico de información recibida a través de los mass media puede ser asimilado positivamente. El primer paso que debemos tomar para asimilar esta información, dolorosa y desagradable, es buscar una información veraz. Muchas noticias nos despiertan la incertidumbre, como la de los ataques biológicos que ya han desencadenado pánico. Lo singular de estos casos es que la incertidumbre crece por la ignorancia y la desinformación. La mayoría de las personas se quedan con lo que se anuncia en los titulares de los noticieros y no indaga más allá. Peor aún, no sólo influye el desconocer o ignorar sino el recibir una información deformada de quienes nos rodean, de tal manera que el compañero de trabajo, el vecino o el amigo y hasta la comadre se convierten en una fuente de información.

Muy importante sería que los noticieros, locales y nacionales tratasen de ser menos sensacionalistas. Hace pocos días un noticiero local anunciaba en su titular: “El ántrax llegó a Jalisco”, para después decir en el desplegado que se trataba de una falsa alarma de ántrax en el Estado.

Cuando ya se ha tenido la información se debe emitir un juicio crítico y discriminador de lo que se nos ofrece. No creer ciegamente todo lo que se dice y como se nos dice. Los temores no tienen fundamento en la realidad sino en la especulación y la fantasía. Con sentido crítico se puede aceptar con mayor facilidad la realidad por más cruda que ésta sea. La información veraz, la actitud crítica serán las herramientas principales para orientarnos y orientar a nuestras familias.

Estar atentos y abiertos al diálogo

En definitiva no podemos tapar el sol con un dedo. No se trata de apagar el televisor o la radio para que los acontecimientos mundiales no tengan acceso en nuestra vidas. La actitud es uno de los factores que debemos modificar para asimilar todo esto que estamos viviendo, así podremos ayudar no sólo a quienes cuentan aún con el “criterio suficiente” para dirigir la situación mundial, sino también a nosotros mismos y nuestro entorno inmediato, la familia.

En la familia, el sector vulnerable son los adolescentes y los niños; con ellos hay que estar abiertos al diálogo para que expresen sus sentimientos, sus temores, y ofrecerles una información clara y accesible evitando el alarmismo. Una atmósfera de diálogo, de convivencia, de amistad en la familia, disminuye la tensión y genera confianza.

Solidaridad con las víctimas de la guerra en Afganistán

La situación de los refugiados afganos, como ya estamos enterados a través de los medios de comunicación, es sumamente crítica. Esto nos recuerda las palabras que Nuestro Señor Jesucristo dirige a sus apóstoles «mi paz les dejo, mi paz les doy, una paz que el mundo no puede dar» (Jn 14, 27).

Ésta, como muchas otras situaciones, nos llama a la fraternidad. Una fraternidad desinteresada, transparente, bien intencionada; que no oculte detrás intereses oscuros que en ocasiones se presentan como ayuda humanitaria.

Por eso, se propone que, como Iglesia Peregrina en México, se pueda realizar un signo de caridad y justicia para nuestros hermanas y hermanos afganos, como una intención real de paz:

• Realizar una colecta en las parroquias, la cual se hará llegar a través de Cáritas Diocesana: cuenta BBVA Bancomer 0480-22-82-22 a nombre de Cáritas de Guadalajara, A.C. (enviar copia del depósito al fax. 36-18-81-22).

• Conscientizar a las comunidades cristianas acerca de las causas estructurales de injusticia que provocan las guerras e invitarlas a realizar procesos de reconciliación.

• Invitar a los fieles a que tengan juicios y criterios evangélicos en lo referente a las informaciones y reportes que recibimos acerca de lo que ocurre en Afganistán.

• Promover jornadas dominicales de paz con la participación especial de las niñas y niños (actividades varias de pinturas, música, etc.).

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