Edición 247 Domingo 28 de octubre de 2001

Familia

El Dios de nuestra agenda de cada día


• Claudia Ortiz Aguilar

La rutina diaria, las obligaciones de la casa, los hijos, el trabajo y todo lo que se acumule, exigen hoy en día demasiado tiempo, casi más de las 24 horas de cada día para poder cumplir con los pendientes, la presión que se ejerce en este caso sobre el ama de casa, y en algunos otros sobre los padres de familia, es excesiva por las múltiples responsabilidades, además de las metas personales.

Inmiscuidos en la carrera diaria, en la que se va contra el tiempo, se pierde el verdadero sentido de la vida. Muchos padres de familia, por ejemplo, viven para trabajar y no trabajan para vivir, para convivir con sus hijos, para atenderlos y verlos crecer, mucho menos hay algún espacio para hacer oración.

Cuando nuestra vida es demasiado agitada y nos dejamos ahogar por la rutina, los resultados no se hacen esperar: las respuestas son agresivas, no le hallamos sabor a nada, vivimos quejándonos o de mal humor.

Tal vez cuando suena el timbre del despertador aún hay fatiga, pero no por el día anterior, sino por los muchos días anteriores, por la rutina: hay que levantarse, bañarse, atender a los niños, dar de desayunar, hacer el lonche, llevarlos a la escuela, ir a trabajar y después de atender los problemas ahí, regresar corriendo por los niños, lidiar con ellos, preparar la comida, en fin, si no se tiene algún aliado, es difícil soportarlo.

Incluir a Dios en nuestra agenda

Muchos pueden decir que su agenda está demasiado ocupada como para rezar el Angelus, mucho menos para un Rosario y por supuesto, no se espera que realicen un apostolado o servicio en su parroquia. El hecho es que cuando uno está en las cosas de Dios, Dios está en las nuestras.

Si dentro de toda esa gran lista de cosas por hacer en menos de 24 horas no figura el nombre de Dios, tarde o temprano no tendremos fuerzas para soportar lo que sigue. Dios no debe ser una actividad de segunda mano, algo que se hace «si me queda tiempo». Cuando Dios es nuestra actividad central, es sorprendente, pero rinde más el tiempo.

Una persona que no tenga muy claro que Dios es su Padre y que todas sus actividades giran en torno a Él, acabará en la desesperación y en el «sin sentido». ¡Si supiéramos que todo ese torbellino de actividad es una materia prima increíble para convertirnos en santos!.

Dios nos necesita santos y para ello el mejor camino es la caridad, misma que puede nutrirse de la Vida de Cristo, por lo que la mejor recomendación es darnos un mínimo de diez minutos cada día para leer la Biblia, con atención, de forma pausada.

Cada día puede surgir un nuevo motivo de cansancio o irritación, por lo que se hace necesario volver a empezar, pero con una vida interior profunda; así, nuestras raíces serán fuertes y sanas.

¡Dios nos ama tanto, y nosotros nos acordamos tan poco de Él! Hay que decidirnos a perseguir de forma más intensa y comprometida nuestra santidad.

Una guía para ser santos:

Ofrecimiento de obras. Ofrécele al Señor tu día, tu trabajo, la jornada entera. Inicia tu día con la mente en el Amor de tu vida, en Jesucristo.

Lectura del Evangelio. Puedes hacerla a cualquier hora del día, con diez minutos es suficiente. Empieza con el Evangelio de San Mateo y cuando termines el Evangelio de San Juan comienza de nuevo. (Lee también con atención las notas explicativas).

Rezo del Rosario. La Santísima Virgen nos dará fuerzas y nos ayudará. No hace falta que lo reces todo de un solo tirón (aunque por supuesto eso es excelente y lo más recomendable), pero puedes rezar una parte mientras vas en el coche hacia tu trabajo o escuela. Se puede aprovechar cualquier tiempo muerto para completar tu Rosario: en el consultorio del médico mientras esperas, en la calle. Cómprate un decenario pequeñito y discreto, llévalo a bendecir y podrás rezar el Rosario a cualquier hora.

Lectura Espiritual. Hay muchos y muy buenos libros espirituales, en cualquier librería católica encontrarás algún libro que te servirá para mejorar espiritualmente. Algunos libros contienen frases breves para reflexionar en ellas.

Misa diaria. No es fácil, pero la Eucaristía es el centro de nuestra vida Cristiana y no es algo sólo para los domingos.

Rezar el Angelus. Es una oración tan cortita de mediodía que nos permite recordar a la Santísima Virgen.

Oración de la Tarde. En la tarde es fundamental hacer un momento de oración. Pueden ser tres minutos, diez minutos o media hora.

Examen de conciencia. Antes de dormirte tómate tres minutos para hacerte tres preguntas: ¿Qué hice bien? ¿Qué hice mal? ¿Qué pude hacer mejor? Haz propósitos concretos para el otro día.

Tres Ave Marías. Antes de dormirte, reza tres Ave Marías pidiéndole a la Santísima Virgen que te dé pureza en el corazón.

Confesión frecuente. No olvides confesarte con frecuencia, aún si no has cometido pecados mortales. Este Sacramento fortalece nuestra lucha y es un momento increíble de encuentro con Dios. Trata de confesarte cada ocho días.

Dirección Espiritual. Esto no es tan fácil, pero es muy importante, necesitas a alguien que te dé dirección espiritual, que conozca todos tus secretos. La dirección espiritual ordinariamente la da un sacerdote (cualquier sacerdote) pero si conoces a alguna amiga muy piadosa y cuya vida sea coherente a la fe católica tal vez pueda ayudarte, quizá en el colegio de tus niños puedas encontrar alguien que te guíe.

(Este es un resumen del artículo “Dios nos quiere santos”, de Sheila Morataya-Fleishman).

Vive la caridad. Que tus obras sean coherentes con tu amor expresado a Dios en los Sacramentos y en la oración. Amar es darse; renunciar a sí mismo; ama más el que más sirve. El amor llevado al extremo está expresado en la Cruz y tiene un nombre: Sacrificio. Cuando olvides cuál es la medida del amor, sólo mira al Crucificado.

Portada
Directorio
Ediciones Anteriores
Arquidiocesis de GDL
Pág. Principal