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Carlos Octavio
En la Fiesta de Todos los Santos, la Iglesia nos recuerda una demanda muy particular, sencilla, central y que ahora nos pudiera parecer imposible: ¡Ser santos! Sin embargo, nuestros amigos los santos, con sus vidas, a veces sobresalientes y llenas de aventura, a veces calladas y grises para los ojos del mundo, nos recuerdan que la santidad es posible y que podemos emprenderla sin importar nuestro tiempo, cultura, posición social, etc. La Fiesta de Todos los Santos nos recuerda que en el ejemplo de la Iglesia Triunfante, está un apoyo y un aliciente para los que todavía batallamos en este mundo.
Ser santos, una invitación para todos
En un mundo como el nuestro, en que hay tanto déficit de alegría y de optimismo, en el que a veces incluso uno llega a pensar que la vida no tiene mucho sentido, la fiesta de hoy nos invita a todos a tener ánimo. La visión poética y optimista nos asegura que este camino que seguimos, creyendo en Cristo, tiene razón de ser.
Una dimensión que siempre hay que subrayar es la universalidad de este misterio de los santos, hombres de toda raza y condición social que están gozando de Dios. Hoy celebramos a todos esos santos anónimos, no sólo a los «canonizados» oficialmente: cristianos de veinte siglos, de todos los pueblos de la Tierra, niños y ancianos, profesores y monjas, padres y madres de familia, Papas y trabajadores. Además esta universalidad se concreta en los diversos modos de seguir a Cristo: el modelo es único, pero las situaciones sociales y los temperamentos han sido muy diversos.
La Fiesta de Todos los Santos es una llamada a la santidad para todos nosotros. Ser santo no es hacer necesariamente milagros, ni dejar obras sorprendentes para la historia. Todos esos santos que hoy celebramos nos demuestran que seguir a Cristo es posible, y que eso es la santidad. Los santos tuvieron defectos, no eran perfectos, cometieron pecados. Fueron «normales», pero creyeron en el Evangelio y lo cumplieron. Algunos han dejado huella profunda; otros, han pasado inobservados.
La Comunión de los Santos
El misterio de los santos está en que ellos han llegado a la plenitud que Dios nos prepara a todos. Lo que aquí ya empieza (vida, amor, felicidad, comunidad, etc.), ellos ya lo experimentan en su verdad última: como dice San Juan, entonces veremos a Dios tal como es. Pero la razón última está en la iniciativa de Dios: nos ha hecho sus hijos, nos ha incorporado -ya ahora- a su misma vida. Aunque la comunión con Él será total sólo al final del camino. Al final está el triunfo y la comunión perfecta.
La fiesta de hoy es de nuestra familia: son hermanos nuestros, no son ángeles o héroes de otro planeta. Han seguido el mismo camino que nosotros (el Apocalipsis dice que «vienen de la gran tribulación») y ahora triunfan por haber sido fieles a su fe. A la vez que interceden por nosotros, ellos son la prueba viviente de que es posible ser fiel a Cristo en cualquier situación. En los santos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad.
J. Aldazábal
Fiesta de Todos los Santos
El valor de la vida cristiana ordinaria
Church Forum
El día 1° de noviembre la Iglesia Católica mundial celebra la Festividad de Todos los Santos.
Desde la Iglesia primitiva, los cristianos veneran a los mártires de su religión.
En aquella época, una forma de recordarlos, era guardando sus reliquias (parte del cuerpo de un santo, o lo que por haberle pertenecido era objeto de veneración.
Durante la persecución de Diocleciano (284-305) hubo tantos mártires (personas que padecen sufrimiento o muerte en defensa de su religión), que no se podían conmemorar todas las fechas de fallecimiento, en recuerdo y respeto de los mismos. Así, surgió la necesidad de una festividad en común, comenzando ésta a celebrarse a partir del siglo IV, aunque en ese momento, en fechas diferentes a las actuales.
Fue el Papa Gregorio III (731-741) quien comenzó a celebrar la Fiesta de Todos los Santos el 1° de noviembre. El Papa Gregorio IV (827-844) extendió esta festividad a toda la Iglesia.
La santidad en la Novo Millennio Ineunte, de S.S. Juan Pablo II
En primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad. ¿Acaso no era éste el sentido último de la Indulgencia Jubilar, como gracia especial ofrecida por Cristo para que la vida de cada bautizado pudiera purificarse y renovarse profundamente? Espero que, entre quienes han participado en el Jubileo, hayan sido muchos los beneficiados con esta gracia, plenamente conscientes de su carácter exigente. Terminado el Jubileo, empieza de nuevo el camino ordinario, pero hacer hincapié en la santidad es más que nunca una urgencia pastoral...
...Confesar a la Iglesia como santa significa mostrar su rostro de Esposa de Cristo, por la cual Él se entregó, precisamente para santificarla (cf. Ef 5, 25-26). Este don de santidad, por así decir, objetiva, se da a cada bautizado. Pero el don se plasma a su vez en un compromiso que ha de dirigir toda la vida cristiana: Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación (1Ts 4, 3). Es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor.
...El Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu; sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno, ¿quieres recibir el Bautismo?, significa al mismo tiempo preguntarle, ¿quieres ser santo? Significa ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial (Mt 5, 48).
...Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno. Doy gracias al Señor que me ha concedido beatificar y canonizar durante estos años a tantos cristianos y, entre ellos a muchos laicos que se han santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida. Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este alto grado de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad celestial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección.
Proceso oficial de canonización
La Iglesia Católica lleva a cabo el proceso oficial de canonización (declaración solemne de santidad e inclusión en el martirologio) a través de tres instancias:
Venerable (Digno de veneración, de respeto; personas de reconocida virtud)
Este primer título que concede la Iglesia a las personas en proceso de canonización, reconoce que el fallecido vivió virtudes heroicas.
Beato (Feliz o bienaventurado, que se ejercita en obras de virtud; hombre que se dedica a toda clase de devociones) Mediante el proceso de beatificación, el Papa declara que alguien goza de la eterna bienaventuranza y se le puede dar culto. Pero además de los atributos personales de caridad y virtudes heroicas, se requiere un milagro obtenido a través de la intercesión del Siervo/a de Dios, verificado después de su muerte. Este milagro debe ser probado mediante una instrucción canónica especial, donde un comité de médicos (algunos de ellos creyentes y otros no), y uno de teólogos, dan su parecer. El milagro puede no ser requerido si la persona ha sido reconocida mártir. Los beatos son venerados por la Iglesia local. La beatificación permite la veneración pública.
Santo (Perfecto y libre de toda culpa; persona de especial virtud y ejemplo; persona que está especialmente consagrada a Dios) Mediante la canonización, el beato es nombrado Santo. Para la canonización es necesario otro milagro atribuido a la intercesión del beato y ocurrido después de su beatificación. La modalidad de verificación es igual a la seguida en la beatificación. También el Papa puede obviar el milagro, con la misma condición anterior, de haber sido mártir. La canonización compromete la infalibilidad pontificia; la Iglesia, al declarar santa una persona, certifica que aquella persona poseía las virtudes en grado heroico, de modo que aunque se ignoren muchos pormenores de la vida de un santo, los fieles pueden estar seguros de sus virtudes, y, por lo mismo, pueden y deben imitarlo.
La canonización concede el culto público en la Iglesia Universal. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.
Oración a todos los santos
Omnipotente sempiterno Dios,
que nos concedisteis venerar
con una solemnidad única los méritos
de todos vuestros santos:
os suplicamos que,
con la multiplicidad de intercesores,
nos deis, con mayor largueza,
la deseada abundancia de vuestra misericordia.
Guía del Cristiano
Entrevista al Pbro. Ramiro Valdez Sánchez,
Párroco del Sagrario Metropolitano
El arduo y alegre camino de la santidad
¿Qué significa ser un hombre santo? ¿No preguntó Jesús: por qué me llamas bueno?
Jesús preguntó a un joven: ¿por qué me llamas bueno? porque bueno sólo es Dios. Le preguntó eso para que el joven se percatara de que estaba hablando con Dios. Jesús nunca se atribuyó o se llamó santo.
Entonces ¿cómo entendemos que la Iglesia declare santos a los hombres?
«Porque santo significa consagrado a Dios y por analogía o participación, el hombre se santifica si se une a Dios. Dios es el único Santo, como lo dice el profeta Isaías que escuchó a los serafines que decían: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos. Se considera que alguien es santo si es perfecto en su amor a Dios y en su amor al prójimo, y también al que está limpio de pecado o que se esfuerza en purificarse del pecado.
Lo cual no excluye que se caiga en pecado ¿no?
Solamente consta que no cayó en pecado Jesucristo, quien les arguyó a los judíos: ¿quién me puede comprobar que he pecado? . También la Iglesia considera que la Virgen María nunca cometió pecado. Por eso hay un dogma de fe o una verdad declarada de la Inmaculada Concepción de María y toda su vida limpia y pura de pecado.
Explíqueme por favor la relación entre santidad y martirio
Todo bautizado, hijo de Dios está llamado a ser santo, es decir, a vivir consagrado a Dios y practicar las virtudes cristianas conforme a los criterios del Evangelio: fe, esperanza y caridad, que son las virtudes teologales o fundamentales y también conforme a las virtudes cardinales o morales que son: justicia, prudencia, templanza, fortaleza. Estas cuatro virtudes cardinales se distribuyen o canalizan en otras actitudes correctas de humildad, de mansedumbre, de pureza, de sobriedad; y en los consejos evangélicos está la obediencia, la pobreza espiritual y la castidad. Todo cristiano está llamado a ser santo, consagrado a Dios, a seguir los mandamientos divinos y los consejos evangélicos. A los que practican heroicamente esas virtudes, la Iglesia los declara santos en un acto que se llama canonización, es decir, declaración de la suprema autoridad de la Iglesia conforme a sus cánones o leyes.
El martirio es una forma de consagrarse heroicamente a Dios. El martirio tiene cuatro peculiaridades o notas que lo distinguen: 1) es una muerte violenta; 2) causada por un perseguidor de la fe; 3) padecida pacientemente por un cristiano por motivos de fe; 4) y perdonando a los verdugos.
Hay santos que se consagraron a Dios y que dieron la máxima prueba de su amor mediante el martirio; pero la Iglesia además de los mártires que murieron violentamente reconoce a otros santos vírgenes: muchachas, religiosas, doncellas, mujeres que le consagraron a Dios su virginidad o castidad; o también obispos y sacerdotes santos, pastores que gastaron su vida en servicio a los demás predicándoles el Reino de Dios. La Iglesia también considera santas a las mujeres viudas o a los hombres casados que cumplieron bien sus deberes matrimoniales o sus deberes cristianos en la sociedad.
El martirio es un gracia muy especial que Dios concede a algunos, dándoles fortaleza para que soporten las dificultades. Es una gracia que Dios concede, un regalo excepcional pero que muchos reciben ya con una preparación de vida santa. Es cierto que ha habido mártires que no llevaban una vida tan ejemplar, en la historia de la Iglesia se habla de la mártir Santa Apolonia, que vivía en un centro de vicio y allí atendía a los clientes... pero cuando fue confrontada por su cristianismo, ella lo defendió aun a costa de su vida. La Iglesia la canonizó porque en ese momento Dios le dio la gracia de morir por la fe cristiana en manos de sus verdugos. El martirio limpia toda mancha de pecado.
En los primeros tiempos de la Iglesia, para considerar a alguien santo, era necesario que pasara por el martirio ¿no?
No. Está San José y la Santísima Virgen María por supuesto. La Virgen murió como Reina de los mártires pero con un martirio incruento, un sufrimiento interior moral por la muerte de su Hijo; pero Ella físicamente no sufrió golpes, ni heridas ni lesiones.
¿De qué manera repercuten en la vida de nuestro País los santos mexicanos? ¿Hay una diferencia entre haberlos o no declarado santos?
Los santos siempre han sido una fuerza espiritual para vivir cristianamente. La Iglesia, comandada por Cristo, tiene que ser santa: consagrada a Dios. Una de las características de la verdadera Iglesia es que sea Una, Santa, Católica y Apostólica. Los santos, con su virtud, son ejemplo a imitar y por su cercanía con Dios, tienen especial fuerza de intercesión para obtener favores en beneficio de las comunidades. Ciertamente los santos mexicanos por su vida y la ofrenda de su sangre dieron un ejemplo, un modelo y un impulso para los demás. En la fe católica decimos; creo en la Comunión de los Santos; esto se refiere a que hay una comunicación entre todos los bautizados. Lo bueno de los santos también nos favorece a nosotros. Como en un cuerpo, los órganos que están sanos ayudan a la totalidad. Los santos son una fuerza espiritual para vivir como hijos de Dios. Ya de por sí, por sus mismos hechos, los santos ya estaban influyendo; pero con un reconocimiento oficial, un certificado público, entonces hay mayor confianza y mayor seguridad para invocarlos, para acercarnos a ellos, para pedir su intercesión y para seguir el modelo que ellos nos presentaron. La Iglesia hace esas declaraciones precisamente para dar un reconocimiento público. A ellos, en sí mismos, en nada les aumentó su gloria o a su fuerza que los hayan declarado; ellos estaban ya disfrutando de la Bienaventuranza Eterna.
¿No les agrega trabajo? por decirlo de alguna manera...
No, no son esclavos ni empleados...
¿Cómo reciben nuestras peticiones? ¿es un misterio o qué?
Nada de eso... nosotros no nos podemos aventurar a dar declaraciones de lo que hay en el Cielo. San Pablo Apóstol dice haber sido levantado al Tercer Cielo y dice: no sé si fue en mi cuerpo o fuera de mi cuerpo, pero lo que sí les sé decir es que lo que allí vi no lo puedo describir con ningunas palabras humanas. Nosotros decimos que son nuestros intercesores porque en la Tierra los amigos de Cristo intercedían. La Virgen también intercedía y obtenía favores para los que habían confiado. Nosotros decimos que interceden, porque ellos, contemplando a Dios por su misma presencia, por sus mismas buenas obras, están favoreciendo a quienes los invocan.
Además tiene mucho significado, que los santos mexicanos, hayan sido hombres del siglo XX...
Todos los siglos han tenido santos y a nosotros nos favorece que sean de nuestra misma tierra, de nuestro mismo tiempo.
Los procesos para declarar a alguien santo son muy estrictos, muy rigurosos ¿no?
El proceso tiene sus normas, tiene sus leyes, su tiempo, los pasos que han de darse. Es un proceso indicado en las leyes canónicas y también algunas normas explicativas que el Papa oportunamente suele decretar. Los actuales procesos se rigen por las normas del Derecho Canónico en el tratado de Procesos y también con otro instructivo que el Papa actual, Juan Pablo II dio en 1983 y que siguen vigentes.
¿Cuántas causas de canonización de mexicanos hay en el presente?
Actualmente son alrededor de 200 causas y Guadalajara tiene algunas. La Diócesis de México, la Diócesis de Monterrey, la Diócesis de Zamora, la Diócesis de Puebla y algunas otras. De las que recuerdo de nuestra Diócesis tenemos al Obispo Fray Antonio Alcalde, el Obispo Francisco Orozco y Jiménez, de ocho cristianos laicos mártires, Anacleto González Flores, los hermanos Ramón y Jorge Vargas González, los hermanos Huerta Gutiérrez, Luis Padilla Gómez y de Luis Magaña Servín. También hay causas de algunas religiosas, sobre todo de fundadoras de congregaciones en la diócesis.
Hay de todo, sacerdotes, laicos, religiosos y obispos; hombres y mujeres.
La causa de canonización de Juan Diego ha levantado mucha polémica...
El proceso está terminado. Es una de las causas más bonitas y más significativas para toda la República Mexicana. La mayoría de la población católica de México acepta, aprueba, quiere y pide esta canonización... Que uno o dos estén inconformes, eso hasta sirve para que se haga un investigación más cuidadosa. Yo pienso que los adversarios de esta causa hicieron más provecho que los que estaban a favor porque sus objeciones o advertencias promovieron un estudio más profundo y la recolección de más datos y documentos que certifican y dan constancia de que Juan Diego sí existió, de que Juan Diego fue un hombre extraordinario en virtud y que fue un hombre predilecto de la Virgen María.
¿Nunca se ha equivocado la Iglesia al declarar a alguien santo?
Se puede equivocar al declarar a alguien beato, en declarar a alguien santo canonizado no, porque cuando se es declarado beato, es solamente un permiso para que se le dé culto. La beatificación eso es: una persona que se considera murió con fama de santidad y el pueblo o la comunidad donde él vivía lo reconoce, para no esperar tantos años a que sea canonizado, le piden al Papa el permiso para darle culto. Antiguamente estos permisos los daba el obispo, cuando se daban sin mucho rigor de estudios o investigaciones; en algunos casos no se procedió con toda seguridad. También ahora podría haber alguna equivocación cuando son declarados beatos. Después de la canonización, no hay margen de error, porque se considera un hecho del magisterio infalible del Papa.
Al hacerle la pregunta anterior, estoy pensando en San Jorge, el mata dragones...
Puede ser que en algunos datos anecdóticos haya equivocación o leyenda, pero lo fundamental es: sí existió la persona, sí vivió santamente y fue consagrado a Dios y Dios lo glorificó. En la vida de los santos a veces se cuelan datos que no pueden comprobarse históricamente. Con motivo del Concilio Vaticano II, el Papa ordenó una revisión del santoral o Martirologio para que se realizara un estudio más concienzudo, un análisis más seguro de datos históricos, y de aquellos santos de los que no había documentos fehacientes, pues se hicieron a un lado.
¿Cuál es el culto adecuado que se les debe rendir a los santos?
Culto de veneración, no de adoración. Se honra a los santos como amigos de Dios ya glorificados que son un modelo de virtud para los cristianos. La latría o culto de adoración es exclusiva de Dios. La hiperdulía o suma alabanza, es exclusiva para la Virgen María y a los demás santos, un culto que la Iglesia llama dulía, es decir una veneración, un homenaje: poner sus retratos o esculturas en un lugar preferente del templo, ponerles una aureola o aro resplandeciente que significa que están declarados santos, prenderles velas, ofrecerles ramos de flores y en la liturgia de la Misa, invocarlos con el título de santos.
¿Existe tal cosa como la especialización de los santos, es decir que a tal o cual santo se le atribuyan ciertos poderes o especialidades en ciertos milagros?
Eso es lo que dice la gente. La Iglesia los clasifica en apóstoles, mártires, evangelistas, pastores, vírgenes, santos varones, santas mujeres; según el estado de vida que cada quien tuvo.
Pero... ¿la Iglesia no da patronazgos?
La Iglesia da patronazgos a quien lo solicita o da razones, por ejemplo: Guadalajara pidió hace 12 años el patronazgo de la Virgen de Zapopan como especial Protectora, y hace siglos Guadalajara pidió que San Clemente Papa fuera protector de Guadalajara. Los pueblos, las ciudades, las parroquias; pueden solicitar que un santo sea su santo patrón.
La comunidad, el pueblo, les comienza a dar atribuciones a los santos como que tal santo es abogado para encontrar cosas perdidas, que San Antonio de Padua ayuda a las muchachas a encontrar novio, en fin, que les puede hacer un favor y luego generalizan. Por ejemplo, dicen que Santo Toribio Romo favoreció a unos emigrantes para que pasaran a Norteamérica sin documentos y ahora le atribuyen que es el Protector de los indocumentados... Esas son atribuciones que les da el pueblo. La Iglesia no hace esas atribuciones oficialmente.
La santidad es un llamado para todos, pero ¿no se considera actualmente un llamado obsoleto, fuera de moda? ¿la gente busca ahora sus modelos en el cine, en los deportistas, en fin, en otro lado?
El mundo se ha materializado mucho, se ha secularizado, se han perdido mucho los valores religiosos, los valores espirituales. La labor de la Iglesia, como el Papa lo dice en la carta Novo Millennio Ineunte, hay que tomar con empeño que la vocación de todos es la santidad y que la Iglesia debe tener como una prioridad en su programa pastoral el promover que seamos conscientes los bautizados de que nuestra principal obligación y anhelo, debe ser acercarnos a Dios, ser santos, agradables en el cumplimiento de nuestros deberes y promesas bautismales.
En algunos se tiene la percepción de que el santo es el buenito de los ojos ensimismados, el cara de niño viendo al cielo...
No, los santos eran humanos con defectos y cualidades. Soportaron problemas como los nuestros o mayores. De los santos canonizados en México como mártires, tenemos a San Felipe de Jesús que era un muchacho travieso, un muchacho inquieto, que tuvo sus dudas de vocación: entró dos veces al convento y se salía.
El muchacho se fue en una embarcación a Manila en las Filipinas; allá el Señor lo llamó y el joven se convirtió a Dios, y cuando venía a ser ordenado sacerdote, a los 24 años de edad, naufragó su barco en Japón donde perseguían a los cristianos y lo mataron. En el caso de los santos mexicanos que recientemente fueron canonizados, algunos fueron hijos naturales que enfrentaron muchas dificultades, pero se superaron, vencieron las humillaciones de que fueron objeto y también las tentaciones.
Hay una paradoja en la vida de los santos: entre más cercanos están al ideal de santidad o al seguimiento de Cristo, más pecadores se sienten...
Los santos siempre han sido humildes, y siempre se han sentido pecadores. Siempre se sienten necesitados de la misericordia de Dios. Como nos refiere el Evangelio en el Fariseo y el Publicano: el fariseo presumía ser justo, honrado, honesto, que cumplía todas las normas de la Ley; en cambio, el pobre publicano en un rincón del templo decía: ten misericordia de mí, Señor, que soy un pobre pecador; y Jesús dice. el fariseo presumido y orgulloso no salió justificado, en cambio el que salió limpio, justificado, fue el pobre publicano que se confesaba pecador.
Algo que quiera agregar
Quiero agregar que todos: cristianos laicos, hombres y mujeres, jóvenes y niños, ancianos, religiosos y religiosas, sacerdotes y obispos, por nuestro compromiso bautismal, hechos hijos de Dios, debemos esforzarnos, luchar con empeño por ser santos, perfectos en el amor a Dios y en el amor al prójimo. Gracias.
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