Edición 253 Domingo 09 de diciembre de 2001

Actualidades

Juan José Arreola
Vivió y murió por las letras. Vive por ellas


• Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso

    ... eres o no eres
    ... seré o no seré

Estamos seguros que muchos escritos han contado en estos días, desde el fallecimiento, la vida, obra y distinciones del Mtro. Juan José Arreola Zúñiga, desde su nacimiento en Zapotlán el Grande, Ciudad Guzmán hasta su muerte hace días. Y muy merecidas las semblanzas y los panegíricos a los cuales deberemos hacer eco. Las múltiples esquelas de defunción aparecidas en los diarios son muestra de la resonancia que su muerte, y su vida de jalisciense nato alcanzó. No hemos querido leer las semblanzas hasta haber plasmado la nuestra personal.

Pero hoy quisiéramos además de destacar los acontecimientos más distinguidos de su vida, redactar una reflexión sincera, como algún día se lo oímos narrar allá en Arandas, sobre la muerte como realidad y como misterio, hoy ya vivenciado por él mismo.

La muerte diría él como esperanza y angustia a la vez; como felicidad y sufrimiento en aparente paradoja; el rey y el súbdito, el patrón y el esclavo, aunados en el hombre en un ser para la vida y para la muerte. El maestro Arreola vivió aquella pregunta acuciante de «A dónde iré cuando se cumpla ese plazo ineluctable»; y vaya si él luchó con ella. «Si mi anhelo es vivir, ¿por qué he de morir?» porque el maestro Juan José, cuentista y gran charlador, con vivacidad y hondura se planteó los interrogantes fundamentales: «¿Es mi existencia absurda o tiene un sentido existencial y cristiano a la luz de mi fe?».

Él vivió estos últimos tres años de su dolorosa enfermedad con una propia actitud ante la muerte que es lo que importa para el momento decisivo, y el cual no decidimos nosotros sino el Señor de la vida y de la historia. Él procuró, así lo entrevemos por muchas frases y juegos de palabras que se gastaba, ubicar la muerte, la suya, ya octagenario, dentro del sentido de la vida. Puesto que todo es incierto, sólo la muerte es cierta.

Porque Juan José Arreola nos ha parecido muchas veces un filósofo nato que supo verter sus reflexiones, gracias a sus estudios de Filología y Lingüística para repensar la vida y la muerte con la conciencia de nuestra propia flaqueza, con la experiencia de su condición advenediza y peregrina de la propia existencia.

No hay tiempo ni es lugar, para intentar una relectura de sus escritos: cuentos, poesías, novelas, ensayos, cátedras, charlas, a la luz de la idea de la muerte como límite y parte integrante de cada vida personal. De la muerte como posibilidad soberana de la existencia personal. De la muerte como «tarea de la vida» ¡qué idea más profunda y más cierta! Nunca, para Juan J. Arreola, así lo esperamos, la muerte se le presentó, en ninguna obra teatral que tanto conoció, actuó, y releyó él como un mero hecho ni como terrible final, sino como nacimiento y como decisión íntegra. En Jalisco, en su medio y en sus lecturas, Arreola abrevó su sentido cristiano de la vida y de la muerte. Así lo auguramos.

Porque la muerte hay que vivirla como opción definitiva y hay que vivir la esperanza con el existencialismo de sus tiempos en París, el cristiano de Gabriel Marcel y no el nihilista a lo Sartre, quien nunca pudo descifrar el misterio de la muerte. ¡Tendría el maestro Arreola algún presagio de la muerte como una experiencia poética en su espíritu literario, o como el final feliz aunque inesperado, de un cuento dramático!.

Pasemos pues a puntualizar algunos hitos en el peregrinar de Juan J. Arreola:

Nace, lo sabemos allá en Zapotlán el Grande en 1918, años carrancistas. Y nos narra que aprendió a leer de oídas, ¡cómo sería aquel aprendizaje! Creemos que más bien aprendió a escribir así, pues quien bien escribe, dice, es porque redacta lo que sus labios pronuncian. Aunque en él era tal el borbotón de sus palabras que tendría que escribir rapidísimamente. Lo que sí es cierto, es que como él dice «adquirí el vicio de la lectura» con la avidez y atención de un discípulo ¡y cómo le fructificó ese vicio celoso de la lectura!
Coqueteó varias veces con el teatro y con la actuación; era un histrión exagerado, de manteo y toda la cosa; ¡cómo lo observábamos y cómo lo prendía a uno! ¿Sería exageración teatral? Se quedó con el gusanito de actuar y eso como con maestros como don Rodolfo Usigli y su fuerza dramática y hondura como en «El gesticulador» de recia crítica política.

Arreola fue, llanamente, profesor de Historia y por supuesto de Literatura. Para ello había cursado sus estudios de Filología que perfeccionó, casi nada, en el Colegio de México, y por ello recibió el Premio Nacional de Lingüística y Literatura, entre otros muchos reconocimientos.

Fue a través de los años colaborador de varias publicaciones, revistas y periódicos, y aún fundador y director de algunas. Se desempeñó con el peso de la tarea ardua y cotidiana, como corrector en el Fondo de Cultura Económica y como traductor acertado, máxime del francés que dominaba a la perfección.

• Tal vez su línea más notable sea la de cuentista, desde «Varia Invención» de 1949 y el «Confabulario» del Premio Jalisco en 1952. Pero también fue un vivaz y ágil conferencista. Además ocupó puestos administrativos muy relevantes. Entre otros, el de Director de la Casa del Lago, con todo el prestigio cultural que ha alcanzado esa Institución. Y como Coordinador de ediciones de la Presidencia de la República por los años sesenta.

• Fue Catedrático en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Cátedras de Narración, Novelística, de Ensayo, que él mismo modelaba para sus alumnos, e incursionó en programas culturales de la televisión como participante fuera de molde.

• Entre los premios que queremos destacar, está la Condecoración del Gobierno de Francia como Oficial de Artes y Letras Francesas, presea muy distinguida, cuando a sus ochenta años recibió un cúmulo de homenajes. Ya con el Premio Internacional Alfonso Reyes, se quedó en Jalisco como Director de la Biblioteca del Estado.

Su sapiencia original es un legado para todos nosotros. Descanse en paz el inquietísimo Maestro Arreola.

150 Nacimientos del mundo en exposición

• Gabriela Álvarez, IMIS,
Desde la tierra de misión en Ciudad Altamirano, Gro., para Semanario

Cristo ha nacido para dar vida a todos los hombres

«Al llegar la plenitud de los tiempos Dios envió a su Hijo nacido de una Mujer, nacido bajo la ley», es así como San Pablo nos narra el momento y la forma como Dios se hace hombre y viene a poner su casa entre nosotros, una casa no como cualquier otra, porque siendo un frío establo puede acoger en ella a los pastores y a los Reyes Magos, a los pobres y a los sabios, a los que buscan la verdad y se alegran con ella. Imaginar ese pesebre nos ayuda a contemplar la grandeza y la humildad del que ha venido para darnos vida y dárnosla en abundancia.

Un niño nos ha nacido y proclamamos su nombre

En este tiempo de Adviento y sobre todo en el de la Navidad, tenemos siempre la oportunidad de contemplar este Misterio, no sólo en el momento de colocar nuestro Nacimiento familiar sino cada noche, comenzando por observar las luces de colores que lo adornan, mientras participamos del Rosario con el que se abre la Posada, hasta fijarnos en las siluetas de los personajes representados; así llegamos poco a poco a gustar internamente del conocimiento de Jesús que por ti y por mí se ha hecho hombre, para más amarle y seguirle. De este sencillo encuentro con Jesús, nace el deseo de proclamarlo, porque para el que se ha encontrado con Cristo le es imposible amarlo y no anunciarlo. Cada año, es la preciosa oportunidad de introducirnos en el Misterio del Nacimiento de Jesús y de recordar que este Nacimiento debemos anunciarlo hasta los últimos rincones de la Tierra.

La tradición de los Nacimientos

La hermosa costumbre de representar el Nacimiento de Cristo con imágenes, tuvo su origen en Italia, en el siglo XIII. En 1223, previo permiso del Papa Honorio III, San Francisco de Asís recordando su visita a Belén, anhelaba representar en vivo y con toda expresividad la pobreza y la gloria de aquella gruta en una cueva natural cerca de la ciudad de Greccio. Para ello formó esa Navidad el «segundo Nacimiento» (porque el primero lo proyectó Dios Padre), con la imagen del «Niñito Dios» sobre unas pajas, al lado de San José y de la Virgen María, y con un buey y un asno vivos.

Los Nacimientos en el mundo

Pronto se adoptaron costumbres similares en otros países europeos: Austria, Alemania y España. Fue en la Península Ibérica donde se bautizó a estas representaciones con el nombre de «Belenes». En América Latina recibieron el nombre de «Nacimientos». Esta tradición sigue llegando a todos los rincones de la Tierra a través de la predicación y el testimonio de los misioneros, que van formando en las comunidades la sana tradición de la «Novena de Navidad» o «Posadas» alrededor de un Nacimiento elaborado con los materiales y los dotes artísticos del lugar.

Invitación

Porque cada pueblo en el mundo tiene una forma particular de celebrar y representar el Misterio de la Navidad, a través de una exposición artística de 150 Nacimientos de diferentes partes del mundo, el Instituto de Misioneros Seglares, Estrella de la Evangelización, quiere invitarle a contemplar este Misterio de la Encarnación. El evento se llevará a cabo en el Museo de Artes Populares (San Felipe No. 211, esquina con Pino Suárez), los días 14 -a partir de las 5 de la tarde-, 15, 16 y 17 de diciembre, de 11:00 a.m. a 8:00 p.m.
Más información en Libertad No. 1615, Col. Americana, o al tel. 38-27-07-75.

Una “biblia de a mentiras”

• Pbro. Raúl Armando Ureña Ávila

«Están regalando Biblias chiquitas a la salida de mi escuela». Hace pocos días le platicaba esto un adolescente a su señor cura en la puerta del templo. Para conocer tal regalo, el señor párroco pidió que le trajeran una Biblia de las que estaban obsequiando. No para tenerla guardada en su librero, sino que, consciente de lo que la Iglesia siempre ha recalcado que toda Biblia debe ser una buena traducción, «aprobada por la Sede Apostólica o publicada con notas tomadas de los Santos Padres de la Iglesia o de varones doctos y católicos» como lo dijo el Papa Gregorio XVI en su Encíclica «Inter Praecipuas» (Cfr. Denzinger 1632).

Nuestro santo señor Cura se encontró que el mentado regalo era un pequeño Nuevo Testamento, que traía además el libro de los Salmos y el de los Proverbios; que no tenía aprobación eclesiástica y que lo estaban regalando a la salida de las escuelas secundarias y preparatorias, algunos de los que nosotros llamamos «hermanos separados».

Quienes la editan se autonombran «Los Gedeones Internacionales» y se dicen cristianos, pero hay que tener bien claro que pertenecen a grupos sectarios, y que no pertenecen a la Iglesia, fundada por Cristo hace más de 2 mil años; incluso muchas veces se presentan como enemigos abiertos de la Iglesia de Cristo.

Nuestro párroco nos quiere recalcar con esto que toda Biblia o Nuevo Testamento, tiene que ser una traducción fiel a los libros originales que están escritos en hebreo y griego. Y aunque al parecer no encontró en este «mini Nuevo Testamento» diferencias notorias, sí tuvo en cuenta que no estaba editado por la Iglesia Católica y además tomó en cuenta lo que apunta el Concilio Vaticano II en su Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, que en el caso de que se editara una Biblia en comunión con los “hermanos separados”: «Estas versiones, si dada la oportunidad y con aprobación de la Iglesia, se llevaren a cabo en esfuerzo mancomunado con los hermanos separados, podrían ser usadas por todos los cristianos» (n. 22). Pero no era este el caso, ya que este «Nuevo Testamento» fue impreso sólo por protestantes y aunque el texto no estuviese alterado, quienes lo distribuyen, lo hacen con afán de hacer proselitismo para alejar a los fieles de la Iglesia Católica... ¡Cuidado!.

Por último, con esta noticia nuestro señor Cura nos advierte claramente que la Iglesia quiere que todos leamos la Palabra de Dios, que la Biblia es de todos, de los niños y adultos, eruditos e ignorantes, pero nos recomienda que tengamos y leamos una buena Biblia, bien explicada y aprobada por la Iglesia.

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