Edición 264
24/02/2002

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Colores que nos representan

• Claudia Ortiz Aguilar

Un buen mexicano debe “ponerse” la bandera y dirigir sus acciones en la contribución del forjamiento de una gran Nación: la nuestra.

Tal vez no les tocó morir por ella, pero en los últimos años, cientos de niños han asumido con gran responsabilidad la distinción de portar la bandera mexicana, para que sus compañeros de escuela puedan rendirle los honores correspondientes.

Cuidar su vestuario impecable, afinar su marcha y guardar la compostura ante el Lábaro Patrio, son algunas de las actitudes que asumen para que sus compañeros, otros miles de pequeños en cada escuela, honren esta insignia.

Estos niños, los afortunados miembros de una escolta, en muchos casos han buscado pulir sus calificaciones hasta el último momento con tal de aumentar las décimas y ser los mejores de su clase para lograr el abanderamiento.

Y ni qué decir de los militares, los integrantes de nuestro Ejército Mexicano, que tienen bajo su cargo y responsabilidad salvaguardar el honor de la Patria.

Ojalá que todos los mexicanos asumiéramos una actitud similar, la de honrar los valores patrios, para ser buenos mexicanos, y aunque no perteneciéramos a una escolta, ni fuésemos soldados, tradujéramos nuestro patriotismo en la vida diaria.

No se trata de aprovechar los días festivos, que en varias ocasiones son de asueto, para asistir a una plaza y lanzar vivas a la Bandera o a México, sino de realizar todas nuestras acciones cotidianas con mucho amor a la Nación, mismo que puede traducirse en nuestro trabajo, dedicando cada minuto realmente a nuestras labores, produciendo lo que debemos producir para contribuir, con nuestro grano de arena, al crecimiento del País.

Ser un auténtico mexicano no implica solamente portar la Bandera tricolor en nuestro automóvil, sino que debe traducirse en el respeto a las instituciones, en el acatamiento a las leyes, las que si cada uno de los mexicanos cumpliéramos, no habría basura en las calles, no habría accidentes viales, todos pagaríamos impuestos, no habría inseguridad pública...

En la presentación de la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, la Secretaría de Gobernación en julio de 2001 expresó que los emblemas de nuestra Patria constituyen la expresión auténtica de nuestros orígenes. Ellos representan el espíritu que unió y fortaleció a los mexicanos en sus momentos históricos de lucha por legitimar anhelos de independencia, soberanía, libertad, democracia y justicia social.

Honrar a los Símbolos –se expuso- es una manera de recordar y revivir las aspiraciones de aquellos que entregaron sus vidas en la construcción de una Nación más libre y más justa.

    * El Escudo Nacional está constituido por un águila mexicana, con el perfil izquierdo expuesto, la parte superior de las alas en un nivel más alto que el penacho y ligeramente desplegadas en actitud de combate; con el plumaje de sustentación hacia abajo tocando la cola y las plumas de ésta en abanico natural. Posada su garra izquierda sobre un nopal al frente del águila y otra de laurel al lado opuesto, forman entre ambas un semicírculo inferior y se unen por medio de un listón dividido en tres franjas que, cuando se representa el Escudo Nacional en colores naturales, corresponden a los de la Bandera Nacional.

“Hacer Patria es conocer
lo que nos constituye como México”
Don Guillermo Martínez Mora, Secretario de Educación Jalisco

En entrevista con Semanario

¿Qué hace la Secretaría de Educación por inculcar y fomentar los valores patrios y la educación cívica?

Los valores no pueden enseñarse como contenidos temáticos aislados dentro de la «currícula» escolar; en la educación los valores deben practicarse, deben estar presentes diariamente, inmersos en el proceso enseñanza-aprendizaje y en cada una de las actividades curriculares y cocurriculares, deben ser eje de todas las actividades escolares y extraescolares. Por ello, no sólo debe perseguirse la formación del alumno, sino también la formación del maestro para que su preparación científica se fundamente en los valores necesarios para crear un ambiente escolar de cordialidad, confianza y certidumbre en los que cotidianamente se concreten los grandes principios que concibe nuestra tesis educativa: democracia, libertad, convivencia, tolerancia y solidaridad.

La preocupación de la Secretaría de Educación por inculcar y fomentar los valores patrios y la educación cívica, no se concreta en acciones aisladas, sino en un conjunto de líneas que considera prioritarias para propiciar, desde diversas esferas y niveles, la formación integral en la escuela pública.

¿La educación cívica debería inculcarse también en casa?, ¿Desde que edad conviene inculcar estos valores a una persona?

La transmisión y formación de valores en la familia se da a través de un proceso complejo de interacción cotidiana, donde tanto el discurso como el ejemplo constituyen las bases conductuales que definirán el actuar del individuo dentro y fuera del contexto familiar. La identificación clara de los principios éticos y morales que constituyen el acervo valoral de la familia es el primer paso para que el niño posea una visión clara sobre lo que es bueno para él y las personas con las que convive; por otra parte, la acción congruente con el discurso es el reforzamiento necesario para la apropiación del valor.

Podemos afirmar que desde el nacimiento de los hijos es necesario que los padres de familia sean conscientes de la trascendencia y necesidad de la formación cívica, ya que el solo hecho de aprender a respetar reglas a través del establecimiento de límites en la conducta infantil es garantía para el logro de una convivencia sana y equilibrada que permita un desarrollo integral de sus pequeños.

¿Considera que los mexicanos estamos faltos de valores cívicos? ¿Cómo se ve reflejado esto?

El reconocimiento de la dignidad humana propia y la de los demás, la aceptación de la diversidad, la tolerancia, la igualdad, la honestidad, la responsabilidad, la participación, son valores producto del aprendizaje social que al entenderlos, aceptarlos y tomarlos para sí se convierten en pautas de conducta que propician una mayor práctica y demanda de democracia.

La finalidad de la educación es el desarrollo del ser humano en su dimensión personal y social, sin embargo, no siempre se logra esta finalidad, lo que se hace evidente en la dinámica de la misma sociedad en donde se han generado situaciones problemáticas como la violencia, los conflictos bélicos, la discriminación, el consumismo, la degradación del medio ambiente, por mencionar algunas situaciones que reclaman una atención prioritaria desde distintos ámbitos de intervención social. Desafortunadamente, hace falta insistir en aprender a trabajar, a comunicarse con otros individuos en un marco de tolerancia, de responsabilidad y solidaridad.

La importancia de la Educación Cívica, en tanto que es instrumento para el desarrollo del individuo como ser integral, se pone de manifiesto en la investigación realizada por el Centro de Estudios Latinoamericanos , que tuvo como propósito destacar aquellos factores que influían positiva y negativamente en el desarrollo de las actividades escolares. Se encontró que el factor que más influye en un desempeño eficiente, es el clima del aula; en la medida en que éste es percibido como adecuado para el alumno, su rendimiento escolar es mayor.

Aunque no se dispone a nivel local de una evaluación sistemática que pueda proporcionar información confiable sobre este aspecto, con base en la experiencia, se pueden reconocer algunos indicadores que ilustran, de alguna manera, cuál es el estado actual de la Educación Cívica en nuestra entidad:

• El proceso de formación del individuo en las últimas décadas denota pérdida de identidad nacional.
• Débil cultura cívica en los ciudadanos que no les permite identificar de manera congruente, tanto sus deberes como sus obligaciones.
• Escaso fomento de los valores universales en la esfera familiar y social.
• Planteamientos metodológicos llevados a la práctica en el aula que privilegian la memorización de conceptos, en detrimento de aprendizajes significativos en los estudiantes.
• Falta de congruencia entre los valores que el docente promueve en la escuela y los valores de la realidad social en la que el niño vive.
Ante esta panorámica, se destaca la importancia del considerable desafío que tiene la educación en este momento y la necesidad de ajustarse al modelo educativo actual que promueve un pensamiento reflexivo, crítico, de respeto y de solidaridad.

¿Cómo deberíamos traducir los mexicanos, en nuestra vida diaria el amor a la patria?, ¿Qué deberíamos hacer los mexicanos para manifestar nuestro patriotismo cada día?.

La conciencia cívica de los individuos tiende a debilitarse en la medida que observan y, en algunos casos, son víctimas incluso, del desfase ocurrido entre el discurso ético y moral y las prácticas comunes de una sociedad con tendencia a no respetar la ley y las normas, a consentir la corrupción, a renunciar a sus derechos ciudadanos y en muchas ocasiones a optar por un despego total de los valores al momento de establecer sus decisiones y valorar las conductas de otros.

Es necesario alcanzar la congruencia entre lo que consideramos valores universales de convivencia y de respeto individual y social, para que éstos no operen sólo en el ámbito del discurso político y teórico. Cada individuo puede y debe, desde su plano particular, cumplimentar y llevar a la práctica cotidiana acciones que se sustenten no necesariamente en complejos tratados filosóficos de la naturaleza humana, sino recurriendo sencillamente al principio elemental de respeto al otro en términos de la búsqueda del bien común.

¿Qué opinión le merece el que algunas personas no quieran celebrar a la Patria porque las autoridades las han defraudado?

Es entendible que algunas personas ante lo que consideran una falta de respuesta de sus autoridades, recurran a actitudes apáticas para mostrar su inconformidad o enojo, sin embargo, esto conlleva también un vacío en la formación del ciudadano, que soslaya su propia responsabilidad al no involucrarse en la transformación de lo que considera que está mal a través de su participación activa en y desde los ámbitos de su competencia, es decir, la Patria no son sólo las autoridades, sino el conjunto de elementos humanos, físicos, políticos e históricos que nos configuran como una Nación específica.

Para usted, ¿qué es hacer Patria?

La Patria es la tierra natal a la que se pertenece por vínculos históricos o jurídicos, por lo tanto, hacer Patria, significa conocer lo que nos constituye como México y como mexicanos, identificar nuestras fortalezas y debilidades para actuar en congruencia y contribuir en la medida de nuestro campo de influencia a fortalecer el ser y la misión que nos hemos planteado ya no como individuos sino como miembros de un colectivo social con un pasado y un presente común, pero sobre todo, con miras a compartir un futuro mejor.

Dios y la Patria

“Que los ciudadanos fomenten fiel y generosamente el patriotismo, pero sin estrecheces mentales, es decir, que tengan siempre orientado su espíritu hacia el bien de la entera familia humana que está unida por toda clase de vehículos entre las razas, pueblos y naciones.

Los cristianos deben tener conciencia del papel particular y propio que les toca en suerte, en la comunidad política en la que están obligados a dar ejemplo, desarrollando en sí mismos el sentido de responsabilidad y de consagración al bien común; así mostrarán con los mismos hechos cómo pueden armonizarse autoridad y libertad, iniciativa personal y solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad y las de la diversidad. En la administración de lo temporal sepan reconocer la existencia de opiniones diversas, y a veces contradictorias, pero legítimas, y respeten por consiguiente, a los ciudadanos que, aun como grupo, defienden lealmente su manera de ver.

Es menester procurar celosamente la educación cívica y política que en nuestros días es particularmente necesaria, ya para el conjunto del pueblo, ya, ante todo, para los jóvenes, a fin de que todos los ciudadanos puedan desempeñar su papel en la vida de la comunidad política”. Así lo establece la Constitución Dogmática Gaudium et Spes (n. 75).

Y es que el patriotismo no está separado de la Iglesia, pues la Iglesia no invita a los fieles a olvidarse de su Nación, sino por el contrario, los llama a que en su paso por este mundo, busquen siempre el bien del prójimo y cumplan de manera efectiva su misión en esta vida.

En su documento, “Cristianos en la vida política”, el autor Manuel Useros, resume que el cristiano no debe ver al mundo sólo como “un lugar de tránsito para la Patria Celestial, que es necesario tolerar resignadamente, sino como el espacio inalienable y providencial para cumplir la misión y la tarea de su transformación por la ciencia y por la técnica, en solidaridad con todos los hombres; misión y tarea para las que ha sido vocacionado y capacitado por Dios. Por esto, en la perspectiva cristiana de valores, habrá de integrar el de la calidad técnica de su trabajo”.

Establece que el hombre, en su paso por el mundo, deberá realizarse como “hombre, sociable, culto, justo y solidario, leal y sincero; hombre sano y alimentado, artesano o técnico, trabajador y eficaz para los demás, hombre competente y responsable, hombre digno de sí mismo”.

Por su parte, Javier Hervada, en su libro, “El ciudadano y la comunidad política”, indica que el ciudadano es corresponsable del bien común, por lo que tiene un conjunto de deberes cívicos o políticos.

“El deber más básico es el cumplimiento de las leyes, que constituye la obligación primordial de justicia legal o de derecho de la sociedad respecto de sus miembros.

Es el deber de justicia primaria de los ciudadanos, porque las leyes marcan el orden en las relaciones sociales y la parte que a cada uno le corresponde en la obtención de los bienes de la sociedad o bien común.

Por otro lado, entre las prestaciones personales, menciona que el ciudadano tiene el deber de contribuir a los gastos del Estado mediante el pago de los impuestos; el fraude fiscal es contrario a la ley natural y, por tanto, pecado.

“Los ciudadanos -indica en su documento- deben obediencia, respeto y honor a las autoridades depositarias del poder estatal. También en un régimen democrático, la legítima oposición no deroga estos deberes, porque la autoridad, aunque la elección provenga del pueblo, como depositario inmediato de la soberanía nacional es un derecho natural y, en último término, procede de Dios”.

    * La Bandera Nacional consiste en un rectángulo dividido en tres franjas verticales de medidas idénticas, con los colores en el siguiente orden a partir del asta: verde, blanco y rojo. En la franja blanca y el centro, tiene el Escudo Nacional, con un diámetro de tres cuartas partes del ancho de dicha franja. La proporción entre anchura y longitud de la Bandera, es de cuatro a siete. Podrá llevar un lazo o corbata de los mismos colores, al pie de la moharra.

Una sola Bandera para el futuro de la Nación

El origen del Escudo proviene del periodo prehispánico. El pueblo azteca, raza guerrera que llegó a gobernar gran parte del territorio mesoamericano, utilizó emblemas con fines de organización militar. Fue el águila sobre el nopal desgarrando a una serpiente, sobre todo por su vinculación con la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlan, el símbolo que identificó y cohesionó a los habitantes del reino mexica.

Esta es la bandera más antigua, de las 27 que figuran en el Museo del Ejército, y data del año 320.

Por ser la nación azteca el origen histórico del México contemporáneo, no podían ser enterrados mecánicamente sus tradiciones, usos, formas de vida, principios de gobierno y convivencia, símbolos de integración y emblemas de identificación, por lo que a la llegada de los representantes de la corona española y con la edificación del virreinato de la Nueva España, la fortaleza y profundidad de las costumbres y caracteres precolombinos traspasaron los límites de la dominación colonial y llegaron a ser utilizados por los primeros hombres preocupados por construir un Estado independiente y autónomo.

Hernán Cortés utilizó, como estandarte de su empresa, una imagen de la Virgen María y las armas reales de León y de Castilla. En esa época, la celebración de la Conquista se realizaba mediante el conocido Paseo del Pendón, que por acuerdo del Ayuntamiento se efectuó por primera vez el 13 de agosto de 1528.

En 1540 el Cabildo de la ciudad de México ordenó la elaboración de un pendón en el que los colores verde y rojo ocupaban el mayor espacio, este último con la intención de simbolizar el color morado del pendón de Castilla.

En 1810, durante el movimiento armado en busca de independencia y libertad para el pueblo mexicano, se adoptó en principio el estandarte tomado por el Cura Miguel Hidalgo y Costilla, que consistía en un lienzo con la figura de la Virgen de Guadalupe.

A la muerte de los primeros caudillos independentistas, Morelos representó una nueva expectativa para alcanzar la independencia y dotó a su ejército, el 19 de agosto de 1812, de una nueva bandera en la que utilizó los elementos del escudo de armas de la ciudad de México. Esta insignia tenía al centro un águila coronada, posando en un nopal sobre un puente de tres arcos y las iniciales “VVM” (Viva la Virgen María).

Tras el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, en 1814, en julio de 1815 Morelos estableció el Decreto de Apatzingán, en el que se acordó que la Bandera Nacional sería un “tablero a cuadros, blanco y azul celeste, en el centro las armas del gran sello de la Nación y una orla encarnada de seis pulgadas de ancho”. El Escudo llevaba como figura central un águila mexicana de frente, con las alas extendidas, mirando hacia su derecha, con una serpiente en el pico, parada sobre un nopal que nacía de un lago.

Evolución hacia la actual Bandera

La necesidad de construir al País en términos políticos, hacía indispensable la adopción de símbolos propios que reflejaran las características culturales y sociales de los mexicanos y que fueran un motivo central para su unidad y cohesión social, por lo que la tradición fue permitiendo que, principalmente, las raíces indígenas se utilizaran para conformar un elemento que permitiría la construcción de las bases de la nacionalidad mexicana: la Bandera Nacional.

En esa época, la Nueva España empezaba a ser México, y México requería su símbolo originario e intrínseco. Su bandera ya casi estaba conformada; todos sus elementos subsistían dispersos, sólo faltaba unirlos. El nombre y el escudo remitían, en última instancia, a las raíces territoriales y a los grupos indígenas asentados en el valle de Anáhuac.

La formación del Ejército Trigarante, que finalmente logró la firma de los Tratados de Córdoba mediante los cuales se aceptó la independencia nacional en el año 1821, promovió una nueva bandera de tres barras diagonales en blanco, verde y rojo, con una estrella dorada en el centro de cada barra. El blanco simbolizaba la pureza de la Religión Católica, principio activo de unidad nacional; el verde el ideal de independencia política de México, no sólo con relación a España, sino también de cualquier otra nación, y el rojo, la unión entre los indios, mestizos, criollos y españoles residentes en México y, en general, entre cuantos constituían la población mexicana. Las estrellas representaban las tres garantías y la voluntad de cumplirlas.

El 2 de noviembre de 1821 se dio a conocer por la Junta Provisional Gubernativa, un decreto en el que se estableció que las armas del Imperio para toda clase de sellos, serían solamente un nopal naciendo de una peña que sale de la laguna, y sobre él parada sobre la garra izquierda, un águila con corona imperial, y que el pabellón nacional y banderas del ejército deberían ser tricolores, adoptándose perpetuamente los colores verde, blanco y encarnado en franjas verticales y dibujándose en la blanca un águila coronada.

El 14 de abril de 1823 el Congreso Constituyente mexicano emitió el siguiente decreto:

1. Que el escudo sea el águila mexicana parada en la garra izquierda sobre un nopal que nazca de una peña entre las aguas de la laguna y agarrando en la derecha una culebra en actitud de despedazarla con el pico; y que orlen este blasón dos ramas, la una de laurel y la otra de encina, conforme al diseño que usaba el gobierno de los primeros defensores de la Independencia.

2. Que en cuanto al pabellón nacional se esté el adaptado hasta aquí, con la única diferencia de colocar el águila sin corona, lo mismo que debe hacerse en el escudo.

Durante el gobierno del general Porfirio Díaz se decretó que el Pabellón Nacional adoptara, de manera general, las bandas en posición vertical y el águila de frente con las alas extendidas, con el estilo afrancesado característico de la época.

El 20 de septiembre de 1916, Venustiano Carranza, encargado del Poder Ejecutivo, decretó que seguía en vigor el decreto del 14 de abril de 1823, pero dispuso que ese modelo se imprimiera, publicara y circulara para que no se deformara por las diferentes interpretaciones de expresión gráfica. No obstante, la situación de inestabilidad del País impidió que de manera inmediata se unificara el diseño de la Bandera y el Escudo nacionales. Obtenida la unificación de su Bandera, la nación mexicana la vio ondear por primera vez en el Palacio Nacional el 15 de septiembre de 1917.

En el año 1934 se creó el Día de la Bandera Mexicana, a iniciativa del general Rafael E. Melgar. Esta festividad fue reconocida oficialmente en 1940, por el decreto del Presidente Lázaro Cárdenas del Río.

Durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz se estableció la primera Ley sobre las características y el uso del Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, aprobada el 23 de diciembre de 1967. En términos generales, la Ley de 1967 definió los elementos constitutivos de los emblemas nacionales y reguló la forma y oportunidad del uso de los mismos, señalando los mecanismos necesarios para protegerlos de un uso indebido originado por la carencia de una adecuada normatividad jurídica.

En este documento por primera vez se reglamentaron las características y el uso de la Banda Presidencial, que desde entonces sólo puede portar el Primer Mandatario de la Nación, además de señalarse las ocasiones en que su uso sea obligatorio, como en el caso de la transmisión constitucional del Poder Ejecutivo; en segundo lugar, quedó establecido que sería la Secretaría de Gobernación la encargada de vigilar el cumplimiento de la Ley, con el auxilio de todas las autoridades del País. A la Secretaría de Educación Pública se le asignó la vigilancia de su cumplimiento en los planteles educativos.

El ordenamiento jurídico de 1967 tuvo vigencia hasta 1984, cuando entró en vigor la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, cuya iniciativa fue presentada por el Primer Mandatario Miguel de la Madrid Hurtado. Con el nuevo ordenamiento jurídico que entró en vigor el 24 de febrero de 1984, se inició una etapa de importantes acciones para fomentar el culto y respeto a los Símbolos Nacionales, además de actualizar las disposiciones generales sobre las características de los símbolos patrios, el uso y difusión del Escudo Nacional, el uso, difusión y honores que se le deben rendir a la Bandera Nacional; la ejecución y difusión del Himno Nacional, y un conjunto de disposiciones de carácter general.

Uso y abuso de los Signos patrios
Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales

(Extracto de algunos artículos)

Art. 6. ...El Escudo Nacional sólo podrá figurar en los vehículos que use el Presidente de la República, en el papel de las dependencias de los Poderes Federales y Estatales, así como de las municipalidades, pero queda prohibido utilizarlo para documentos particulares. El Escudo Nacional sólo podrá imprimirse y usarse en la papelería oficial, por acuerdo de la autoridad correspondiente.

Art. 10. El día 24 de febrero se establece solemnemente como Día de la Bandera. En este día se deberán transmitir programas especiales de radio y televisión, destinados a difundir la historia y significación de la Bandera Nacional.

Art. 12. Los honores a la Bandera Nacional se harán siempre con antelación a los que deban rendirse a personas.

Art. 13. La Bandera Nacional saludará, mediante ligera inclinación, sin tocar el suelo, solamente a otra Bandera, nacional o extranjera; en ceremonia especial, a los restos o símbolos de los héroes de la Patria; y para corresponder el saludo del Presidente de la República o de un Jefe de Estado extranjero en caso de reciprocidad internacional. Fuera de estos casos, no saludará a personas o símbolo alguno.

Art. 14. El saludo civil a la Bandera Nacional se hará en posición de firme, colocando la mano derecha extendida sobre el pecho, con la palma hacia abajo, a la altura del corazón. Los varones saludarán, además con la cabeza descubierta. El Presidente de la República, como Jefe Supremo de las fuerzas armadas, la saludará militarmente.

Art. 22. Cuando una Bandera Nacional sea condecorada, la insignia respectiva se le prenderá en la corbata.

Art. 24. Cuando a una ceremonia concurran la Bandera Nacional y una o más banderas de países extranjeros, se harán primero los honores a la Nacional y, en seguida, a las demás, en el orden que corresponda.

Art. 32. Los particulares podrán usar la Bandera Nacional en sus vehículos, exhibirla en sus lugares de residencia o de trabajo. En estos casos, la Bandera podrá ser de cualquier dimensión y con el escudo impreso en blanco y negro. El particular observará el respeto que corresponde al símbolo nacional y tendrá cuidado en su manejo y pulcritud.

Art. 45. La demostración civil de respeto al Himno Nacional se hará en posición de firme. Los varones, con la cabeza descubierta.

Art. 54 Bis. Cuando se requiera destruir alguna réplica de la Bandera Nacional, se hará mediante la incineración, en acto respetuoso y solemne, de conformidad con las especificaciones que el reglamento correspondiente determine.

Banderas monumentales que iluminan la Nación

En el Cerro de la Reyna, en Tonalá, se encuentra la bandera mexicana más grande de Jalisco. El asta mide 42 metros de altura de la base a la punta y la bandera cuenta con una dimensión de 20 metros de largo por 11.55 de ancho. Por su tamaño, para izar o bajar esta bandera se requiere la participación de alrededor de 20 elementos.

Fue izada por primera vez por el entonces Presidente de la República, Ernesto Zedillo Ponce de León el 18 de febrero de 1999, durante la gestión del alcalde de Tonalá Jorge Arana Arana.

Por su tamaño, las banderas cuya asta mide de 50 a 100 metros se catalogan como monumentales, y fueron creadas por el Gobierno Mexicano para enaltecer los Símbolos patrios.

Las banderas monumentales, de acuerdo a un decreto presidencial del 1o de julio de 1999, quedan bajo la responsabilidad de Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), institución que otorga la autorización de la materialización de estas obras. El decreto además establece que la SEDENA será responsable de la construcción, establecimiento y custodia de las astas monumentales incluyendo los honores.

Por el tamaño de que se trata, estas banderas que deben medir de largo la mitad de la dimensión del asta, deben ser más resistentes, por lo que su confección se lleva a cabo también en las fábricas, vestuario y equipo de la SEDENA.

En información proporcionada a Semanario, la SEDENA dio a conocer que en la construcción de las astas monumentales que ha participado, tienen registradas 1 asta de 110 metros de altura, localizada en Iguala, Guerrero, la cuna de la bandera; 9 astas más de 100 metros de altura, de las cuales 3 se encuentran en la ciudad de México (1 en el Heroico Colegio Militar, otra en el Campo Militar Marte y la última en la Glorieta de San Jerónimo), y se tienen autorizadas 25 astas más de 50 metros de altura.
Las banderas de las astas de 100 m. de altura tienen un peso aproximado de 200 kilos.

Testimonios

Desde los 18 meses de edad honran a su bandera
Psic. Rosa María González Jaime,
Directora de la Guardería No. 092 del IMSS

Cada lunes, todos los niños que asisten a este centro, a partir del año y medio de edad, son llamados a acudir vestidos de blanco para que participen en los honores a la Bandera: “Se trata de forjarles desde esta etapa el valor de lo que son los honores, las fiestas patrias y el significado que tiene para nosotros como mexicanos el hacer honores a la Bandera”.

Ellos entienden perfectamente que van a saludar a su Bandera, y lo saben desde el momento en que sus papás los visten de blanco.

El Ejército mexicano resume así la historia de la Bandera Mexicana:

La peregrinación mexica que salió Aztlán, buscaba el águila en el nopal devorando una serpiente; desde entonces esta visión representa el símbolo nacional y es el componente principal de nuestra Bandera. Nació con el imperio azteca, resistió la influencia de los emblemas europeos y desde entonces es la guía que señala el rumbo de la Nación.

Actualmente la Bandera es el emblema oficial de la Patria, simboliza su Independencia, su honor, las instituciones y la integridad del territorio nacional.

Nuestra Bandera ha sido transformada por las diferentes etapas de nuestro País, su significado de identidad nacional y de unidad de los mexicanos, ha permanecido.

“Fincar una mejor Nación”
Lic. Miguel García Flores, Director de Coordinación Interinstitucional y Fomento Cívico
Secretaría de Gobernación

Es la Bandera Mexicana, junto con el Escudo que la integra y el Himno Nacional, los símbolos que dan identidad a nuestra Patria, que representan el esfuerzo de muchos mexicanos:

* Algunos ofrendaron su vida.
* Otros, su capacidad intelectual y obra.
* Muchos más, cotidianidad y responsabilidad en su trabajo, educación y labor social.

Pero todos, ayer, hoy y siempre, unidos con el propósito de fincar una mejor Nación representada por este glorioso pendón”.

“La Bandera es la Patria toda, en sus sueños, en sus realizaciones. En su origen y concepción se mezclan el mito, la leyenda, la fábula, que sumadas dan el concepto de Patria, de nacionalidad, de identidad colectiva”.
Andrés Henestrosa

Reafirmar el compromiso de defender nuestra Nación
Lic. Guillermo Martínez Mora
Secretario de Educación Jalisco

Un símbolo es la representación de un valor. Los valores que los mexicanos colocamos en la base de nuestra identidad son aquellos que expresan con mayor fuerza lo que nos constituye como Nación.

Los Símbolos Patrios: la Bandera, el Escudo y el Himno Nacional, integran cada uno y en su conjunto, valores cívicos, éticos y sociales que todos los mexicanos compartimos. Conmemorar este 24 de febrero a la Bandera Nacional, es un acto de aceptación y conocimiento de lo que somos, pero además reafirma el compromiso de defender y luchar de diversas maneras y desde diferentes campos por lo que hemos considerado insoslayable y nos integra como una Nación independiente y vigorosa.

    * El Himno Nacional

    Después de obtener su Independencia y lograr el establecimiento del régimen republicano, México requería un canto patriótico que unificara las conciencias de los ciudadanos. Se realizaron numerosos intentos durante más de tres décadas para encontrar un himno de aceptación nacional, sin obtener el éxito deseado.

    El 12 de noviembre del año de 1853, el Gobierno de la República, a través del Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio, cuya titularidad ocupaba Joaquín Velázquez de León, convocó a un concurso dividido en dos partes consecutivas; la primera se refería al certamen literario para seleccionar el texto de la letra para un Himno Nacional, y la segunda trataba de la musicalización del poema triunfador.

    El día 3 de febrero de 1854 el jurado envió su fallo a las autoridades, declarando vencedor al joven poeta potosino Francisco González Bocanegra, cuyo texto ganó de entre 25 que participaron. Posteriormente, el 12 de agosto, se dio a conocer a Jaime Nunó como ganador para musicalizar el poema.

    La noche del 15 de septiembre de 1854 se estrenó el Himno Nacional en el teatro Santa Anna.

    El Himno fue bien recibido por el público, pero debido a los conflictos del País, durante los años siguientes pasó casi al olvido, tocándose poco, al parecer porque no se volvieron a editar las partituras preparadas por el señor Nunó, aunado a la conclusión del régimen del presidente Santa Anna, a causa del triunfo de la Revolución de Ayutla, y posteriormente por la Guerra de Reforma y la Intervención.

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