Edición 282
30/06/2002

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Tres situaciones de diagnóstico reservado

• Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso

Este mes de junio 2002, termina con el panorama incierto de tres situaciones irresolutas todavía, en tres diferentes a la vez que similares naciones sudamericanas. Nos referimos, en orden alfabético, a Colombia, Perú y Venezuela.

Circunscribirnos a ellas no implica que dejemos en la sombra los casos agudos de otros países, que son también de «pronóstico reservado», como se dice en medicina cuando el porvenir del paciente no se ve con nitidez. Así, observamos por ejemplo la situación de Guatemala con la reelección, al frente del partido oficialista, del ex dictador Efraín Ríos Montt, de triste memoria; Haití vive también una confusa situación política; en Paraguay, la oposición vencida ataca fuertemente a la presidencia de Luis Ángel González Macchi. En el horizonte brasileño, se divisan discutidos procesos electorales, ya desde ahora efervescentes, pero ciñámonos a las tres naciones primeramente mencionadas.

• A Colombia podríamos dedicarle una extensa bitácora para sí, con sólo describir tres aspectos: los conflictos entre los grupos guerrilleros y las tropas paramilitares radicalizadas; el complejo proceso electoral que terminó con la elección de Álvaro Uribe y su postura ideológica extrema, y el calificativo formal de «grupo terrorista» que el Departamento de Estado estadounidense atribuyó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ya de larga historia insurgente.

Colombia vive este tiempo en la incertidumbre, entre el final de la presidencia de Andrés Pastrana y su lamentable fracaso en el Proceso de Paz, cuyos protagonistas aportaban elementos prometedores dada su convencida vocación pacifista, mucho más entre los hombres de la Iglesia, con gran autoridad moral, quienes todavía hoy confían en la paz y en nuevas negociaciones. Hoy, le queda a Colombia el reto de aprovechar estos meses intermedios hasta la toma de posesión del presidente electo, Álvaro Uribe, quien ha realizado toda una gira internacional en busca del respaldo de Washington, Ottawa, Madrid, París y Londres, sedes de gobiernos que tienen interés en el proceso de paz. Uribe recurrió a la misma ONU para dialogar con Kofi Annan, su sensato Secretario General. Ojalá que las expectativas abiertas sean prometedoras; así lo augura la Conferencia del Episcopado Colombiano.

• En Perú, la situación tiene otros tintes que empezaron a dar color cuando, hace unos meses, George W. Bush, presidente de Estados Unidos, visitó en Lima a su homólogo Alejandro Toledo, quien apenas hace un año tomó posesión, con sinceras esperanzas de conciliación y justicia social, después de su tenaz oposición y lucha contra la corrupción de Fujimori y su omnipotente superministro, Vladimiro Montesinos. El pueblo aclamó al presidente Toledo y lo identificó con sus reivindicaciones. Pero al pretender Toledo el apoyo estadounidense, da la impresión de que se lo han condicionado con políticas comprometidas con el neocapitalismo y sus exigencias. La aceptación hasta admirativa del pueblo peruano para con Alejandro Toledo, «el presidente cholo», por ser de ellos, y por su lucha reivindicativa y contra la corrupción, ha derivado últimamente en manifestaciones de repulsa. «El vaso se derramó» en la tercera semana de junio, al decidir el gobierno peruano la privatización y venta de dos grandes empresas eléctricas estatales, Egasa y Egesur. Toledo hizo declaraciones claridosas ante la Cámara del Comercio Americano de Perú, y manifestó textualmente: «No voy a caer en el populismo, voy a ser perseverante y firme en la defensa de la democracia. Continuaré con las privatizaciones a pesar de aquéllos que pretenden “alborotar el gallinero”». El «gallinero» está en la segunda ciudad de Perú, Arequipa, y su provincia, y ahora otras tres provincias convocaron a grandes manifestaciones y marchas contra esas privatizaciones, concedidas a la firma belga Tractebel por una cantidad enorme de dinero. Los departamentos del Altiplano andino, de Cuzco a Puno, a orillas del Lago Titicaca, rechazaron el «negocio», y sus alcaldes no se han dejado comprar por los millones destinados a sus departamentos, situación seria que motivó se detuvieran los trámites de privatización.

• En Venezuela, la tempestad del pseudogolpe contra Hugo Chávez y la reintegración de éste al poder, todavía no se calma y tiene su resaca. La oposición ha sido hasta terca en demostrar su fuerza y repudio ante Hugo Chávez, quien, es cierto, tomó decisiones para aminorar la tensión. La visita de Jimmy Carter pareció atemperar las contradictorias posturas y posiciones de poder. A dos meses escasos del golpe, una misión de enviados de Carter ha pretendido estudiar un proceso de diálogo. El Plan Económico para la Unidad, también llamado «Paquete Chávez», no fue remedio eficaz, pues el gobierno tuvo que admitir haber desviado dinero del Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica, y ahora lo acusan de malversación de fondos públicos, desde una posición terca y frontal. Chávez se atrevió a ponerse en manos de la Contraloría General de la República. Pero en las manifestaciones contrarias no se entiende que, al parecer, ese dinero se reservó «para pagar compromisos con los trabajadores»... La situación también se agudiza.

A nuestro juicio, las tres situaciones de «pronóstico reservado» pueden ser aleccionadoras para casos similares o parecidos, en México y otros países americanos, cuando instrumentan políticas de envergadura o toman decisiones de riesgo.

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