Edición 282
30/06/2002

Deportes

Portada
Editorial
Reflexiones
Palabra del Pastor
Voz del Arzobispado
Nuevos Obispos
Tema de la Semana
Tensión en el mundo
Página Vaticana
Mundo Católico
Parroquia
Epigramario
Bitácora
Opinión
Cultural
Iglesia en la Semana
Deportes
Escuela para Papás
Jóvenesv
Rumbo a los Altares
Opinión del Lector
Palabra del Domingo
Cartón Hocio
Cartón Joel
Actividades

Termina el Mundial de la duda

• Antonio Gutiérrez Montaño

Por desgracia, este Campeonato Mundial de Futbol Corea-Japón dejó muchas dudas en los aficionados. Hubo el equipo sorpresa, el «caballo negro» de la competencia, como sucedió con Bulgaria en Estados Unidos 94; con Croacia en Francia 98, y ahora con Turquía, cuya selección se distinguió por un sorprendente nivel competitivo que nadie lo esperaba, pero lo que sucedió con Corea, estuvo fuera de serie.

Éste también fue un equipo sorpresa, pero más por el beneficio que recibió del arbitraje que por su buen futbol. En la cancha no fue superior a Italia ni a España, equipos a los que enfrentó y eliminó en octavos y cuartos de final respectivamente, antes de ser eliminado por la fría y calculadora escuadra alemana, en semifinales. Hubiéramos querido incluso que Corea llegara más lejos, pero por sus propias fuerzas. No fueron sus jugadores los culpables, pero sí fueron perjudicados injustamente sus rivales, ibéricos ambos. La verdad es que Corea se distinguió por la velocidad, pero no por la precisión o la técnica, a pesar de que contó con uno de los mejores entrenadores, el holandés Guss Hiddink (pero no hace milagros). El historial coreano ha sido tan pobre, que incluso México venció a esa selección en la pasada competencia mundialista de Francia 98, por 3 a 1.

Desde antes del silbatazo inicial que inauguraba esta fiesta de cada cuatro años, con el partido Senegal-Francia, entre la gente de pantalón largo –los dirigentes de la Federación Internacional del Futbol Asociado (FIFA) y demás presidentes de la federaciones nacionales–, las cosas estaban turbias. La misma reelección de Joseph Blatter como presidente de la FIFA estuvo marcada por la manipulación. Se puso como competidor del suizo a un candidato comparsa, un africano que sabía de antemano que perdería, y que, sobre todo, el triunfo del reelecto lo beneficiaría, ya que luego del próximo Mundial, en Alemania 2006, tiene la promesa de que el siguiente certamen se organizará, por primera vez, en un país del «Continente Negro». La elección, por ejemplo, de un miembro de la UEFA, enemiga de Blatter, pondría en duda esta decisión. El triunfo de Blatter, a la postre, fue abrumador, pero dejando serias dudas.

México mismo se vio beneficiado al otorgar su voto al suizo, ya que éste le recompensó el beneficio descontándole un partido de castigo a «El Cabrito» Arellano, para que pudiera jugar contra Ecuador y no tuviera que esperar otro partido en «la congeladora».

De nazarenos a verdugos

El arbitraje hizo crecer la duda respecto a cómo se manejan las cosas fuera de la cancha. Simultáneamente, en la primera ronda, la escuadra verde-amarella de Brasil, se vio beneficiada por el árbitro coreano Young Joo Kim, quien le otorgó un penalti en los últimos minutos de juego contra Turquía. La falta existió, pero fuera del área, lo que no impidió al silbante decretar la pena máxima. Con ésta, el cuadro sudamericano derrotó a los turcos.

Un equipo que sufrió dos pésimos arbitrajes fue el de Italia. Primero, contra Croacia, el nazareno –posteriormente verdugo–, el inglés Graham Poll, anuló dos goles a los azurri. Al final, los futbolistas de la ex Yugoslavia vencieron 2 por 1 a los italianos. Posteriormente, como ya indicábamos, en cuartos de final frente a Corea, el silbante ecuatoriano Byron Moreno también anuló dos goles a los europeos, dejando la victoria con «gol de oro» a los anfitriones, los coreanos. Los discípulos de Trappatoni tuvieron que hacer maletas y regresar a Roma por Fiumicino.

En esta etapa de la competencia, la de octavos de final, también los mexicanos se vieron perjudicados por un mal arbitraje. En su encuentro contra Estados Unidos, el brasileño Vitor Melo Pereira no marcó una «mano», clara causa de penal, cometida por un vecino del Norte. Al final, los estadounidenses vencieron, como ya todos lo sufrimos, a los mexicanos. Esto no significa que de haber omitido el error se hubiera evitado la derrota del representativo azteca, porque jugó pésimo, pero sí deja otra enorme duda. Las casas de apuestas de Las Vegas habían «inflado» a México; los apostadores estaban a su favor. Entonces, perdió México, y junto con él sus apostadores. «La casa» ganó una vez más.

Pero el elemento arbitral que protagonizó el mayor escándalo fue el del egipcio Gamal Ghandour, junto con sus jueces de línea Ali Tomusange, de Uganda, y Michael Ragoonath, de Trinidad y Tobago (un país en el que ni siquiera existe una liga de futbol profesional). Entre el africano y el trinitario se encargaron de anular dos goles legítimos a «la armada española» en su duelo contra los coreanos, los anfitriones (otra vez ellos). De esta forma, Corea se instaló en semifinales. Pero ahí perdió contra los teutones, pues afortunadamente sí hubo un buen arbitraje, el del suizo Urs Meier, diferente al del danés Nielsen, el juez del partido entre Brasil y Turquía. El de la ocarina perdonó dos penales a los brasileños y se vio su preferencia por los amazónicos, quienes finalmente vencieron a los turcos 1-0.

Terminó el Mundial de la duda, con un arbitraje nefasto, una Comisión de Arbitraje pésima, desilusionante, y con una final bendecida y necesitada por la FIFA: Brasil-Alemania.

Un Papa que habló de futbol

El Papa Pío XII (1939-1958) se interesó por el futbol, y de éste sacó interesantes comparaciones con la vida. Transcribimos párrafos de su mensaje al respecto:

«El futbol supone mucha asiduidad, sacrificio, abnegación en el perseverar en los momentos difíciles, y mucha lealtad».

«En el futbol se debe saber ocupar el puesto que se ha asignado en el equipo, se debe seguir la táctica en el momento en que se ha de aplicar, sacrificando el lucimiento personal, facilitando la labor de conjunto, siendo una pieza exacta en el engranaje que requiere la táctica».

«Porque bien cierto es que también en la práctica cotidiana, y para no perder el partido, muchas veces habrá que defender la propia área con seguridad y energía, si no se quiere ser desbordado por las pasiones desencadenadas. Muchas veces habrá que saber manejarse en ese difícil terreno del medio campo, para encontrar el momento de pasar al ataque sin perder de vista los movimientos del adversario y los posibles peligros de la propia meta; muchas veces habrá que arrancar hacia delante con inteligencia, resolución y agilidad, para no desaprovechar el momento favorable y no dejar perder un tanto (gol) que acaso sea definitivo en la vida» (discurso del 6 de julio de 1956).

Portada
Directorio
Ediciones Anteriores
Arquidiocesis de GDL
Pág. Principal