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Ex procuradores en fuga
Cinco exprocuradores de la República, Humberto Benítez, Antonio Lozano, Jorge Carpizo, Jorge Madrazo y Diego Valadés, dieron a conocer a la opinión pública, el pasado 19 de junio, su intención de que se fortalezca así lo dicen el estado de derecho y de elementos probatorios respecto al Caso Posadas. Calificaron de frustrante que pesen más los dichos de los delincuentes y de asesinos; y en esto tienen razón, porque ellos, los exfiscales están libres, y hasta el momento han pesado más sus sofismas, las falsedades de estos exfuncionarios de la Nación que los testimonios ciertos que se han presentado de otras fuentes. Cualquier declaración que no iba en el sentido que ellos querían, la descalificaban por falta de validez jurídica decían ellos.
Señalan en su escrito, que los testigos presentados por los que sostienen la tesis del complot recibieron dinero. El león piensa que todos son de su condición. El dinero (lo tienen) y el poder (lo tuvieron) han estado de su parte, no del gobierno del Estado de Jalisco ni de la Arquidiócesis de Guadalajara.
Les pasó lo mismo que a los árbitros del Mundial de Futbol Corea-Japón: fueron el peor equipo de todos. Los jueces de las competencias, los supuestamente imparciales, han sido los más manipuladores protagonistas de las acciones, con sus respectivas consecuencias negativas que marcan a los contendientes para toda la vida.
Han entrenado para eso, aprobaron sus exámenes precisamente para saber engañar. Se convirtieron en expertos manejadores de las acciones; dirigieron la contienda como mejor les parecía. Su única virtud fue saberse colocar en la cancha para tener todo bajo su control. La objetividad no estuvo en las leyes, sino en la interpretación personal de ellas. Encontramos tanto parecido con cada uno de los hombres de negro, como se les llama a los árbitros de futbol, que vemos que los exfiscales no se han querido quedar atrás: también han sido hombres de negro. Ningún otro color (si es que al negro se le pude llamar color; será más bien ausencia de luz, con sus diversas acepciones) les sienta bien.
Se han tenido que poner de acuerdo para salir de su gallinero como en la película de la que tomaron idea, y junto con ellos algunos medios de comunicación, pocos, que pertenecen a un mismo grupo, el mismo que le dio espacio a uno de los exprocuradores en su revista semanal de la pasada edición, y que en su periódico local les hace falta espacio para destilar amargura, haciendo de su libertad de expresión, una lastimosa exposición de una vida fracasada. Seguirán, seguirán; esto fortalece la realidad del complot en el asesinato del Cardenal Posadas Ocampo. Forman parte de él.
Si hubieran actuado bien, los exprocuradores no tuvieran por qué dar explicaciones. A explicación no pedida se le otorga una acusación manifiesta. Si no hubiera sido complot el asesinato del Cardenal Posadas, no habría necesidad de que los exfuncionarios se confabularan para explicar su verdad, que ha sido más bien la exposición de sus sinrazones. No les dio vergüenza decir que a una semana del asesinato del Arzobispo de Guadalajara ya se conocía la verdad. ¿Pues de qué se trata? ¿Ellos piensan que no pensamos?
Si hubieran actuado bien, no estarían intentando impedir que se sigan llevando a cabo las investigaciones. ¿Por qué todo mundo se tiene que dar cuenta de cómo van éstas? La presión indirecta a través de notas periodísticas incompletas, como Lima Malvido, fuera del caso Posadas, o de intimidaciones a través de atentados contra la hija de la subprocuradora de la PGR, e intimidaciones de otro tipo, no cambiarán el rumbo de las cosas. Si de verdad la cesaran en este momento de su cargo, el Gobierno Federal mostraría sus intenciones. Ni la autoridad tiene por qué manejar, como antes se hacía, a casi toda la prensa, como tampoco el Gobierno Federal se debe sentir presionado por la misma prensa para tomar decisiones. Así no funcionan las cosas; así no deben funcionar, y esto sin alegar razones democráticas, de las que todavía estamos lejos.
Los exprocuradores tuvieron necesidad de juntarse para responder. Ahora que han aparecido nuevas evidencias, y ellos lo saben, se ponen en fuga, a su modo, sin literalidad, pero con este sentido de huida: dar explicaciones para que nadie los acuse.
Tendrán que aclarar las bitácoras desaparecidas de la PGR el día del atentado, las órdenes dadas desde esta instancia federal que involucra a gente poderosa, por lo menos en aquel tiempo, con la respectiva colaboración de la gente de casa, la de nuestro Estado, la que permitió que se cometiera el asesinato en su propio territorio. Nadie va a venir a matar a alguien en mi casa si yo no le abro la puerta y le doy facilidades para que lo haga.
La cosas no han terminado, los ataques tampoco. Seguimos en la lucha por la verdad.
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