Edición 282
30/06/2002

Nuevos Obispos

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Mons. Ramón Godínez y Mons. Rafael Martínez
Amigos de siempre, ahora compartirán
el servicio de ser obispos

• Jesús Carlos Chavira Cárdenas

Su amistad nació en la adolescencia y su vida tiene experiencias comunes, de la imposición de sotana a la Ordenación Sacerdotal en Roma. Ahora, será con la Mitra, y su nombre se escribirá en el elenco histórico de obispos auxiliares que el Seminario Mayor de Guadalajara ha dado a su Arquidiócesis.

Desde su sede episcopal en Aguascalientes, Mons. Ramón Godínez Flores se une a la alegría del nombramiento para Mons. Rafael Martínez Sáinz, a quien admira por su calidad sacerdotal, fraternidad y dedicación pastoral.

Mons. Godínez Flores, quien fuera Auxiliar de esta Arquidiócesis de 1980 a 1998, considera que la capacidad de Mons. Martínez Sáinz para trabajar en equipo y su experiencia pastoral serán claves en su nueva misión.

Al comentarle el temor que su amigo experimenta a equivocarse en su nueva encomienda, advierte con conocimiento de causa: «Ese temor es saludable, es garantía de que tratará de ser más humilde para escuchar la voz de Dios, y es que ésta no es obra nuestra. Debemos confiar en Aquél que nos llama; no somos infalibles».

Recuerdos fraternos

Al recordar su época como seminaristas, Mons. Martínez comenta que se apoyaba en Mons. Godínez cuando de estudios se trataba, pues siempre ha admirado su inteligencia y su capacidad de síntesis.

Por su parte, su amigo comenta: «Rafael no era buen deportista, pero sí buen estudiante; siempre fue destacado».

Añade que el Obispo Electo sabe ser amigo. «Es sencillo, fraterno. En las reuniones de compañeros siempre procura estar presente. Es estimado por todos, y somos más de 20 compañeros. Siempre ha estado dispuesto y disponible para ir hasta Uruapan, Michoacán, a visitar a un compañero nuestro que se encuentra incapacitado, enfermo de embolia, el Padre Manuel Gutiérrez».

Hombre creativo y sensible

Al subrayar que Mons. Rafael Martínez es «muy activo y sensible al sufrimiento humano», el obispo de Aguascalientes perpetúa en la memoria el testimonio de su amigo, quien fundó el hogar de ancianos El Señor de la Misericordia y el orfanatorio-guardería Pascual Núñez, en Ocotlán, Jalisco.

Testigo de ésta y otras obras emprendidas por el entonces párroco de Ocotlán, Mons. Godínez menciona: «Siempre me invitaba a las fiestas del Señor de la Misericordia. Ahí, él incorporó una escuela parroquial y una escuela de música».

En su tiempo, Mons. Martínez Sáinz consiguió las casas y el mobiliario para la escuela Hogar de Vida. Él la dejó como primaria y secundaria; ahora ya incluye la preparatoria.

Auténtico

«Es un hombre de fe –añade–. Buen hijo, de familia creyente. Lo he admirado por ser un hombre auténtico; ha sabido mantener su ser sacerdotal. Trata por igual a personas de cualquier nivel económico y nunca ha sido un hombre servil».

Mons. Godínez acompaña a su amigo en la alegría y la oración. Tras 43 años de Sacerdocio, ahora compartirán el Ministerio Episcopal. Por ello, el Obispo de Aguascalientes sabe que Mons. Rafael Martínez Sáinz será un buen obispo.

Formador y amigo accesible

En el periodo 1965-1966, el ahora Obispo Electo Rafael Martínez Sáinz fue formador externo en la secundaria del Seminario Diocesano, donde impartía la clase de Contabilidad. Uno de sus alumnos, el actual Párroco de San Vicente de Paúl, el Padre Alberto Ávila, comenta a Semanario que a pesar de la aridez de la materia, Mons. Martínez le imprimía agilidad y amenidad, instando a sus alumnos a estudiar.

«Como maestro era muy metódico, expresivo y claro para enseñar. Tenía mucha calma, así como una conversación amena y amable para los seminaristas, tanto en clase como en el recreo. Convivía con los alumnos sin diferencias ni distingos. Nos inspiraba confianza».

Ya como cura, el Padre Ávila acudió en más de una ocasión a la oficina de Mons. Rafael Martínez Sáinz para solicitar su orientación en la realización de los libros parroquiales de gobierno. Al respecto, añade: «Es muy exacto para orientar, siempre tiene disposición para explicar; es prudente y muy comprensivo. Tiene una gran diplomacia y respeto en su trato con las personas».

Monseñor José María de la Torre
Un pastor y un amigo, señalan sus compañeros

• Arnold Omar Jiménez Ramírez

La Arquidiócesis de Guadalajara se alegra en recibir a un sacerdote del Presbiterio de la Diócesis de San Juan de los Lagos, Monseñor José María de la Torre, quien ha sido nombrado Obispo Auxiliar electo de Guadalajara y titular de Panatoria.

Monseñor de la Torre se formó por muchos años en el Seminario Diocesano de Guadalajara y completó su formación en la Ciudad Eterna, Roma. Dos de sus amigos y compañeros hablaron para Semanario sobre el nuevo obispo.

Testimonio del señor Cura José de Jesús Melano

«Conozco al Padre “Chema” desde que éramos pequeños, desde que él era cantor en el Templo de San Francisco, en Tepatitlán. Fuimos compañeros en la primaria, y como lo conocí, conozco también a su familia. Don “Chema”, su padre, y doña “Mariquita”, su madre, eran personas muy piadosas, que a pesar de las limitaciones supieron educar cristianamente a sus hijos. En el ahora nuevo obispo influyó mucho el testimonio de sus padres, sobre todo el de su mamá, quien ha permanecido a su lado, siempre en silencio, permitiendo que su hijo desempeñara todo lo que se le encomendaba.

Es un hombre sencillo, muy humano y muy sacerdote. Y al decir “muy humano“, me refiero a las cualidades que lo distinguen, claro, con su limitaciones; pero es un líder que sabe motivar a quienes trabajan con él; es además una persona fiel que defiende a capa y espada sus convicciones, muy tolerante y que vive una profunda vida sacerdotal.

Al Padre “Chema” lo ha distinguido siempre su trabajo en su diócesis; primero, porque en los lugares que ha atendido se ha sabido dar a querer, porque sin dejar de ser un hombre recio, ha sido conciliador y abierto al diálogo. Sin temor a equivocarme, puedo decir que ha sido un hombre de una profunda visión pastoral, con una visión amplia de Iglesia, y por eso fue la mano derecha del Obispo emérito Trinidad Sepúlveda, al organizar la inolvidable visita del Santo Padre a aquella diócesis. Por eso mismo se le han confiado los cargos que ha desempeñado, como Vicario de Pastoral, como encargado de la Acción Pastoral de la Iglesia Catedral, formador del Seminario y miembro permanente del Consejo Presbiteral. En todos estos cargos ha sido generoso y exigente, y los ha sacado adelante porque es organizado y exige organización.

Por otra parte, el ahora Obispo electo de Guadalajara ha resaltado por la claridad de sus ideas y sentido conciliador; en San Juan de los Lagos ha llevado la batuta en las relaciones con las instancias gubernamentales

Mucho se puede decir de una persona que ha sido buen pastor y buen amigo. Pero lo que más resalta en su persona es su vida de oración. Entre los sacerdotes ha sido promotor de la vida espiritual, mediante retiros y capacitación para el Ministerio divino. Es su vida de oración, sin duda, la que lo ha hecho un hombre sencillo, humilde y conciliador.

Don José María de la Torre sabrá ser sin duda el Obispo Auxiliar que Guadalajara exige; él tiene la oración y el apoyo de la gente que lo estimamos, y tendrá la oración y el apoyo de la feligresía de Guadalajara».

Testimonio del Padre Alberto Ávila

El Padre Alberto Ávila, párroco de San Vicente de Paúl, fue compañero de Monseñor José María de la Torre durante su estancia en el Seminario. En ese tiempo lo conoció y entabló una amistad que perdura hasta hoy.

Éste es su testimonio:

«Al tener en el Padre “Chema” un nuevo Obispo para la Diócesis de Guadalajara, hoy nos comprometemos a ayudarlo a llevar su carga con nuestras oraciones. No podía suceder cosa mejor a esta comunidad, que en ciertos aspectos y ante el crecimiento insospechado de los problemas, necesita sangre nueva, sangre joven. Creemos, por toda su historia personal, que el Padre “Chema” seguirá siendo un hombre cercano, amigo, de claridad mental indiscutible; un hombre estudioso que se esforzará en sintetizar las corrientes del pensamiento cristiano para dialogar con el entorno vital, con el suceder de cada ser humano que se vea interpelado por la Palabra de Dios, en un mundo cada vez más agresivo.

Debemos orar para que la mitra episcopal no sea una carga demasiado onerosa sobre sus hombros, que han resistido desde hace mucho tiempo grandes responsabilidades, sino que sea una carga ligera que le anime a ayudar a muchos que necesitan su cercanía personal, su entrega y trabajo. Podría alargarme, desearle felicidades, eso sería decir lo menos; lo mejor que se puede hacer es confiar en que la voluntad de Dios lo siga llevando de su mano».

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