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Nuevos Obispos |
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Mons. Ramón Godínez y Mons. Rafael Martínez
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Monseñor de la Torre se formó por muchos años en el Seminario Diocesano de Guadalajara y completó su formación en la Ciudad Eterna, Roma. Dos de sus amigos y compañeros hablaron para Semanario sobre el nuevo obispo.
Testimonio del señor Cura José de Jesús Melano
«Conozco al Padre Chema desde que éramos pequeños, desde que él era cantor en el Templo de San Francisco, en Tepatitlán. Fuimos compañeros en la primaria, y como lo conocí, conozco también a su familia. Don Chema, su padre, y doña Mariquita, su madre, eran personas muy piadosas, que a pesar de las limitaciones supieron educar cristianamente a sus hijos. En el ahora nuevo obispo influyó mucho el testimonio de sus padres, sobre todo el de su mamá, quien ha permanecido a su lado, siempre en silencio, permitiendo que su hijo desempeñara todo lo que se le encomendaba.
Es un hombre sencillo, muy humano y muy sacerdote. Y al decir muy humano, me refiero a las cualidades que lo distinguen, claro, con su limitaciones; pero es un líder que sabe motivar a quienes trabajan con él; es además una persona fiel que defiende a capa y espada sus convicciones, muy tolerante y que vive una profunda vida sacerdotal.
Al Padre Chema lo ha distinguido siempre su trabajo en su diócesis; primero, porque en los lugares que ha atendido se ha sabido dar a querer, porque sin dejar de ser un hombre recio, ha sido conciliador y abierto al diálogo. Sin temor a equivocarme, puedo decir que ha sido un hombre de una profunda visión pastoral, con una visión amplia de Iglesia, y por eso fue la mano derecha del Obispo emérito Trinidad Sepúlveda, al organizar la inolvidable visita del Santo Padre a aquella diócesis. Por eso mismo se le han confiado los cargos que ha desempeñado, como Vicario de Pastoral, como encargado de la Acción Pastoral de la Iglesia Catedral, formador del Seminario y miembro permanente del Consejo Presbiteral. En todos estos cargos ha sido generoso y exigente, y los ha sacado adelante porque es organizado y exige organización.
Por otra parte, el ahora Obispo electo de Guadalajara ha resaltado por la claridad de sus ideas y sentido conciliador; en San Juan de los Lagos ha llevado la batuta en las relaciones con las instancias gubernamentales
Mucho se puede decir de una persona que ha sido buen pastor y buen amigo. Pero lo que más resalta en su persona es su vida de oración. Entre los sacerdotes ha sido promotor de la vida espiritual, mediante retiros y capacitación para el Ministerio divino. Es su vida de oración, sin duda, la que lo ha hecho un hombre sencillo, humilde y conciliador.
Don José María de la Torre sabrá ser sin duda el Obispo Auxiliar que Guadalajara exige; él tiene la oración y el apoyo de la gente que lo estimamos, y tendrá la oración y el apoyo de la feligresía de Guadalajara».
Testimonio del Padre Alberto Ávila
El Padre Alberto Ávila, párroco de San Vicente de Paúl, fue compañero de Monseñor José María de la Torre durante su estancia en el Seminario. En ese tiempo lo conoció y entabló una amistad que perdura hasta hoy.
Éste es su testimonio:
«Al tener en el Padre Chema un nuevo Obispo para la Diócesis de Guadalajara, hoy nos comprometemos a ayudarlo a llevar su carga con nuestras oraciones. No podía suceder cosa mejor a esta comunidad, que en ciertos aspectos y ante el crecimiento insospechado de los problemas, necesita sangre nueva, sangre joven. Creemos, por toda su historia personal, que el Padre Chema seguirá siendo un hombre cercano, amigo, de claridad mental indiscutible; un hombre estudioso que se esforzará en sintetizar las corrientes del pensamiento cristiano para dialogar con el entorno vital, con el suceder de cada ser humano que se vea interpelado por la Palabra de Dios, en un mundo cada vez más agresivo.
Debemos orar para que la mitra episcopal no sea una carga demasiado onerosa sobre sus hombros, que han resistido desde hace mucho tiempo grandes responsabilidades, sino que sea una carga ligera que le anime a ayudar a muchos que necesitan su cercanía personal, su entrega y trabajo. Podría alargarme, desearle felicidades, eso sería decir lo menos; lo mejor que se puede hacer es confiar en que la voluntad de Dios lo siga llevando de su mano».
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