El Papa ayuda a refugiados afganos
y a víctimas del 11 de septiembre
Paga la beca de estudio de uno de los huérfanos de los ataques
Ciudad del Vaticano.- Juan Pablo II ha destinado en los últimos meses, ayudas financieras a los refugiados afganos, así como contribuciones simbólicas a las víctimas de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, reveló la Santa Sede.
El Pontífice ha destinado 950 mil dólares (994 mil 556 euros) en favor de los refugiados afganos, de las víctimas de la guerra en Oriente Medio y de los refugiados iraquíes, así como una contribución de 50 mil dólares (52 mil 345 euros) a un hospital de Nueva York para los cuidados médicos de las víctimas de los ataques terroristas del 11 de septiembre.
Asimismo, el Papa financia una beca de estudio para un huérfano de los ataques contra diferentes blancos en Estados Unidos, de quien la Santa Sede se niega a revelar la identidad.
Estas cantidades de dinero forman parte del fondo que el Santo Padre creó al convocar la Jornada de Ayuno y Oración por la Paz, celebrada el pasado 14 de diciembre tras los ataques contra Nueva York, Washington y Pennsylvania, así como la posterior reacción militar en Afganistán (Zenit).
Es necesario superar la brecha digital
para humanizar la globalización
Nueva York.- La Santa Sede solicitó ante la ONU superar la brecha digital que separa a los ricos de los pobres en información y tecnología, con el fin de humanizar la globalización.
El Arzobispo John P. Foley, presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, fue el portavoz de esta preocupación de Juan Pablo II, en su intervención ante la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicada a las tecnologías de la información y la comunicación para el desarrollo, celebrada en Nueva York el 17 y 18 de junio.
Citando la primera encíclica del Papa Juan Pablo II, Redemptor hominis, el representante del Santo Padre para las comunicaciones afirmó que el objetivo del progreso tecnológico, la cuestión «esencial», es si, como resultado de esta tecnología, cada persona puede ser «verdaderamente mejor»; es decir, si ayuda a ser «más madura espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierta a los demás, especialmente a los más necesitados y los más débiles, y más preparada para ayudar a todos».
Al expresar su preocupación por hacer la información y la tecnología de la comunicación accesibles al mayor número de personas posible, el representante de la Santa Sede recordó tres principios básicos de la comunicación: «La predominante importancia de la verdad, la dignidad de la persona humana y la promoción del bien común» (Zenit).
El Corazón de Jesús es fuente de reconciliación
El mes de junio está dedicado a esta devoción, recordó Juan Pablo II en el Angelus
Ciudad del Vaticano.- Juan Pablo II recordó que el mes de junio está marcado de modo particular por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, proponiéndola como fuente de reconciliación para el mundo ensangrentado.
«¡Cuánto necesita la Humanidad contemporánea el mensaje que surge de la contemplación del Corazón de Cristo afirmó el Papa, única fuente de la que puede extraer las reservas de humildad y perdón que necesita para sanar los ásperos conflictos que la ensangrentan!».
Al dirigirse a varios miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro de El Vaticano para rezar el Angelus, el Santo Padre explicó que esta celebración «significa dirigirse hacia el centro íntimo de la persona del Salvador, sede del amor que ha redimido al mundo».
«Si el corazón humano representa un insondable misterio que sólo Dios conoce continuó el Obispo de Roma, cuánto más insondable será el de Jesús, en el que se mueve la misma vida del Verbo, y residen todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, y toda la plenitud de la divinidad».
«Para salvar al hombre agregó, Dios ha querido donarle un corazón nuevo, el Corazón de Cristo, obra maestra del Espíritu Santo, que comenzó a latir en el seno virginal de María y fue traspasado por la lanza en la Cruz, transformándose así en fuente inagotable de Vida Eterna» (Zenit).
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