Edición 282
30/06/2002

Palabra del Pastor

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Pedro: “Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”

El día 29 de junio, es una Fiesta grande en la Iglesia Católica: se celebra a San Pedro y San Pablo Apóstoles, quienes fundaron la Iglesia de Roma durante su apostolado. La fundaron con su predicación, pero también con su sangre, pues fueron sacrificados durante la persecución de Nerón contra el naciente cristianismo, entre los años 64 y 67.

San Pedro fue crucificado cabeza abajo en El Vaticano, una de las colinas de Roma, donde ahora se alza la gran Basílica en honor al apóstol a quien confió Nuestro Señor la dirección de su Iglesia. San Pablo, por su parte, fue decapitado fuera de los muros de Roma, en el lugar donde fue erigida la Basílica de San Pablo Extramuros.

Fueron dos personalidades sumamente distintas. San Pedro era un pescador en el Lago de Tiberíades, un hombre inculto; aldeano, sencillo e impetuoso; humanamente hablando, de una mentalidad sumamente «provinciana», estrecha; cien por ciento judío. A él lo escogió el Señor como príncipe en el Colegio Apostólico y como roca y fundamento de su Iglesia.

San Pablo nació en Tarso, en el Imperio Romano Oriental; de hecho, era ciudadano romano de nacimiento. Poseía la cultura grecorromana y también la cultura religiosa de su raza judía; fue educado en la mejor escuela del judaísmo, a los pies de Gamaliel.

Personalidades distintas para funciones distintas. San Pedro predicó más a los judíos y San Pablo a los ciudadanos del Imperio, pero coincidían en su amor apasionado por Nuestro Señor Jesucristo.

A Pedro, lo llamó el Señor cuando estaba pescando; le dijo: «Ven y te haré pescador de hombres»; a Pablo, lo derribó cuando iba camino de Damasco a perseguir cristianos. De ahí en adelante, su vida fue totalmente dedicada al servicio del Evangelio.

Es muy importante esta fiesta para la Iglesia Católica, por el hecho de que estos dos grandes apóstoles fundaron la Iglesia de Roma y son fundamento del Primado, es decir, del actual Obispo de Roma, que es jefe de la cristiandad.

Nuestro Señor Jesucristo fundó una Iglesia para toda la gente y para todos los siglos, que debe permanecer hasta el fin del mundo, y la fundó sobre Pedro, aquel pobre pescador de Galilea a quien le cambió el nombre: lo llamó «Pedro», que significa «piedra», para fundar sobre él la Iglesia.

Al morir San Pedro en Roma, la Iglesia entendió que él, quien era cabeza de la Iglesia Universal, heredaba, a quien fuera Obispo de Roma, también el Primado sobre la Iglesia Universal. Entonces, desde la muerte de San Pedro, en los años 60 del primer siglo, el Obispo de Roma es Vicario de Cristo Nuestro Señor, y sucesor del Apóstol Pedro.

Roma es el centro de la unidad católica, según la promesa de Nuestro Señor Jesucristo. La unidad de la fe se debe a la gracia especial que tienen él y sus sucesores, al primero de los cuales le dijo: «Yo he velado para que tu fe no desfallezca; tú, confirma a tus hermanos en la fe».

Estamos muy contentos con la próxima visita del Papa Juan Pablo II. Debemos agradecerle mucho a Dios y sentirnos muy motivados, porque es el Sucesor de Pedro, es el jefe de la Iglesia Universal que viene a visitarnos por quinta ocasión. Pedimos a Dios por su salud, pero al mismo tiempo ofrecemos nuestra plena adhesión a su Ministerio, que es ser el centro de la unidad y de confirmación a todos en la fe.

Nosotros, los que creemos, vemos más allá de las personas humanas, lo que representan y lo que significan. El Vicario de Cristo, siendo un hombre como nosotros, limitado, es sin embargo el «lugarteniente» de Cristo en la Iglesia Universal.

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