Edición 282
30/06/2002

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Una comunidad entregada al trabajo
Nuestra Señora de Lourdes

• Arnold Omar Jiménez Ramírez

Una historia, una comunidad

El 15 de mayo de 1938, en un terreno donado por «doña María Guadalupe», se colocó la primera piedra del Templo de Nuestra Señora de Lourdes. Desde entonces, piedra sobre piedra, esfuerzo sobre esfuerzo, se ha construido esta comunidad, que en días pasados celebró 50 años de haber sido erigida como parroquia.

Fue el primer Cardenal mexicano, José Garibi Rivera, quien colocó y bendijo la primera piedra del Templo de Nuestra Señora de Lourdes, en la Colonia del Fresno, con la presencia del señor Cura Gregorio Rodríguez, el Padre José Cruz Aguilar y cientos de fieles, la mayoría de la Acción Católica Mexicana. Así comenzó a escribirse la historia de esta comunidad, que iniciaba la construcción material aunque ya llevaba algunos años de edificación espiritual.

El templo, de estilo modernista, aunque conservando la atmósfera piadosa, fue trazado por el Canónigo José Ruiz Medrano, y planeado por don Luis Amezcua. Los vecinos de la Colonia pronto respondieron a las necesidades de la construcción, y aunque hubo momentos difíciles, la rama femenina de la Acción Católica de México, bajo la presidencia de la señora Carmen B. de Robles, supo mantener vivo el entusiasmo entre los miembros de la comunidad.

El 11 de febrero de 1940 se realizó la primera Celebración Eucarística, en un altar que se levantó a medio templo, y el 24 de junio de este mismo año, la Virgen de Zapopan hizo su primera de las 69 visitas que hasta la fecha ha hecho a la comunidad.

Fueron muchas las dificultades que se tuvieron que sortear para la consolidación de esta parroquia, aunque, también han sido muchos los logros; todo, gracias al esfuerzo de cientos de laicos y de los sacerdotes; pero sobre todo, al empeño, testimonio y amor del Padre José Cruz Aguilar, el «Padre Crucito», quien logró que la comunidad saliera avante. Durante muchos años, el Padre Aguilar fue párroco y benefactor de la comunidad, donde se distinguió por su carisma, amabilidad, y fidelidad a la Iglesia. Entregó su vida entera a la Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, y ahí descansan sus restos.

• Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Sr. Cura Bonifacio Yáñez Rodríguez

El señor Cura Bonifacio Yáñez Rodríguez tiene 38 años de haber recibido el Orden Sacerdotal. El «Padre Boni», como lo llama la comunidad, volvió a Nuestra Señora de Lourdes hace tres años; «el 2 de agosto los cumplo, pero ya había estado como vicario, con el señor Cura José Cruz Aguilar, durante cinco años, de 1985 a 1990».

La voz de la experiencia

La parroquia presentó cambios durante los nueve años que estuvo ausente: «Ahora se emplea el SINE y en otro tiempo el trabajo era un poco diferente», pero esto es bueno, afirmó, ya que «ahora contamos con mayor cantidad de agentes que han promovido la evangelización y que colaboran en la parroquia. Están, por ejemplo, el grupo de neocatecúmenos, la catequesis; jóvenes, adolescentes; las catequesis presacramentales y, claro, la evangelización, que tratamos de llevarhasta las personas más alejadas de la parroquia, no sólo física, sino –sobre todo– espiritualmente».

Cuando sólo dos hombres sirven a 11 mil

El «Padre Boni» reconoció que él, como cura, y un solo vicario, no son suficientes «para atender todas las necesidades que tienen las personas de esta comunidad. Tenemos muchos enfermos y personas mayores que requieren cuidado especial, y aunque tenemos un buen equipo de ministros que nos ayudan a llevar la Comunión, no somos suficientes; pero hacemos lo que mejor podemos en esta tarea que el arzobispo nos ha encomendado».

El sentido humano de la parroquia

«La comunidad es muy amable, nos acepta a pesar de nuestras deficiencias y nuestra forma de ser; a pesar de que a veces no somos lo suficientemente amables cuando lo requiere, pero nos acepta muy bien. Son personas que saben apreciar al sacerdote como es, no sólo como persona sino por quien representa. Nos tratan con respeto, y por esa parte estamos muy contentos».

Los presbíteros coincidieron en que una de las áreas prioritarias en la Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes es la catequesis infantil, por lo que cuentan con un equipo de 30 a 50 catequistas que atienden a los niños en dos turnos, por las mañanas y las tardes. Asimismo, se cuenta con dos colegios parroquiales, que son una primaria y una secundaria, y también son atendidas por ellos.

Pbro. Juan Javier Padilla Cervantes, Vicario Parroquial

El Padre Juan Javier Padilla tiene apenas 29 años de edad y uno de ordenado sacerdote. Desde hace poco más de un año sirve en la Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes y está contento con su labor: «La comunidad me recibió con mucha alegría, porque es una comunidad muy piadosa que siempre siente la necesidad de Dios que se satisface con los Sacramentos. El hecho de que llegue un sacerdote, alegra a la gente porque tiene la necesidad de acercarse a Dios por medio de la Reconciliación; de hablar con el sacerdote, de acercarse».

Un primer destino y un gran reto

La comunidad de Lourdes es grande, hay 11 mil habitantes que son atendidos por dos sacerdotes. Pero también «es muy entregada, participa mucho en la Pastoral; la parroquia es también fruto de la comunidad yde muchos sacerdotes que han estado aquí. Nosotros, lo que disfrutamos es ese trabajo de los presbíteros que nos antecedieron».

El trabajo en parroquia

«La parroquia trabaja con el sistema SINE (Sistema Integral de Nueva Evangelización). Hay visitadores que van de casa en casa para invitar a la gente a integrarse en las comunidades; grupos que reflexionan sobre la Palabra de Dios; hay equipos que se dedican a visitar a los enfermos, a la liturgia; a la catequesis de adultos e infantil, así como a la Pastoral Social; ministros de la Comunión, Acción Católica, Pastoral Juvenil, de Adolescentes y Familiar; dos grupos de adoración nocturna, entre otras agrupaciones, y un comedor de Cáritas donde se atiende a personas que no pueden acercar el alimento a su casa».

El trabajo social en la comunidad

«Cáritas tiene varias “ramas”: dispensario médico, despensas y comedor; para atender a este último se organizan varios grupos, de modo que les corresponde ofrecer la comida más o menos una vez al mes. Trabajo Social hace un estudio socioeconómico, determina si las personas en verdad tienen esa necesidad y se les invita a comer». Asisten alrededor de 60 personas, en su mayoría indigentes y ancianos.

Los primeros 50 años

«Este festejo de nuestros 50 años es un momento importante para que como comunidad pensemos en el camino que llevamos recorrido y que todavía no terminamos. Tenemos que trabajar todos juntos, sin divisiones, violencia ni drogadicción, que podrían “minarnos”; por eso tenemos que seguir trabajando, para celebrar los próximos 50 años», exhorta el Padre Juan Javier Padilla.

Respecto a los problemas de drogadicción y pandillerismo que rodean a la comunidad, el presbítero afirmó que en próximas fechas contarán con el apoyo de organismos como Barrios Unidos en Cristo.

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