Edición 282
30/06/2002

Rumbo a los Altares

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Conocer la vida de «El Águila que Habla»
Juan Diego, el actor humano de Guadalupe

• Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Hemos hablado de Juan Diego Cuautlatoatzin, vidente, testigo y coprotagonista del hecho sin precedentes que se vivió en el Tepeyac del 9 al 12 de diciembre de 1531, cuando la Virgen de Guadalupe pisó tierras aztecas para «inculturar» el nombre de Cristo, es decir, para predicar «a partir de la cultura de los oyentes, adaptándose el predicador a ella y no pretendiendo que ellos adaptasen y adoptasen a la de él».

Existen muchos detalles que aún desconocemos del «indito» Juan Diego (1474-1548), un hombre de bien, de edad madura y honestidad probada que vivió de manera recogida, como buen cristiano, temeroso de Dios Nuestro Señor y de su conciencia. Por ejemplo, según consta en el informe económico para la edificación de la capilla de Juan Diego en Santa María Tultepec, en 1971, y que se encuentra en el Archivo General de la Nación (específicamente en el Archivo Histórico de Hacienda), Juan Diego se crió en el barrio de San José Millán y luego se mudó a Tultepec, conservando la propiedad de su casa natal.

Su compañera en matrimonio fue Malitzin, quien una vez bautizada cambió su nombre a María Lucía y murió dos años antes de las apariciones de Nuestra Señora del Tepeyac.

Juan Diego tuvo hijos

Eso afirma el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, en su carta pastoral con motivo de la canonización de Juan Diego Cuautlatoatzin: «Por fuentes históricas, sabemos que Juan Diego tuvo descendencia. Los descendientes que procreó, parecen haber sido ignorados por el gran Lorenzo Boturini Benalluci, quien pretendía a toda costa defender la “virginidad total” del beato, como una gloria singular de Juan Diego y como defensa contra la pretensión de algunos, que neciamente, quisieran aparecer como sus descendientes y parientes en línea directa. Sin embargo, los misioneros franciscanos dan fe de esta prole, tenida antes de que fuera bautizado».

No era un «pobre» indiecito

El documento del Cardenal Rivera añade: «Juan Diego y Juan Bernardino tenían “casas y tierras” heredadas de sus “padres y abuelos”; es decir, desde tiempos antiguos, lo que puede indicar que no eran miembros de un calpulli, donde la tierra era propiedad comunal, sino que ellos tenían la responsabilidad de la manutención y del bienestar de otras familias de trabajadores».

Su ingreso a la fe cristiana

Hacia 1528, Juan Diego entró en contacto con los misioneros franciscanos. Aceptando la fe católica, solicitó el Bautismo junto con su esposa, María Lucía. Encontró entre los franciscanos la sabia dirección y preparación de Fray Toribio Paredes de Benavente, mejor conocido como «Motolinía», es decir «el pobre» o «el que se automortifica».

De Motolinía, Juan Diego aprendió no sólo la doctrina cristiana, sino las exigencias que conlleva vivir de acuerdo con el Evangelio, como «la excelencia de la virtud de la pureza y castidad, hasta el grado de decidir, junto con su esposa, vivir castamente una vez recibido el Bautismo».

Éstos son pequeños detalles de la vida de Juan Diego, que lo hacen digno del honor de los altares hoy, cinco siglos después de su paso por esta tierra, pero que también le valieron el respeto y admiración de sus contemporáneos.

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