Edición 313
02/02/2003

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En Ameca, su templo principal cerrado
y el Monumento a la Fe, hecho pedazos

• Pbro. José Manuel Anceno Rivas

Ameca, Jal.- El templo en donde se venera al Señor Grande, pasó su primer domingo cerrado, luego del fuerte sismo que se sintió en esta ciudad, agrícola y ganadera, el martes 21 de enero. Mientras que su Monumento a la Fe, de 15 metros de alto, se vino al suelo por tercera vez.

El interior del templo, empezado a construir en 1723 y terminado en 1749, en honor a Santiago Apóstol, a quien se le veneraba en el lugar desde 1529, sufrió daños en su ornamentación mas no en su estructura, señaló a Semanario el actual párroco, Pbro. Lic. Alfredo Dávalos Rodríguez. Las bóvedas están dañadas, pero no de consideración. Se desprendieron algunas canteras de la nervadura, otras están flojas y pudieran caer. Hasta el pasado lunes, el dictamen había sido solamente oral, la valoración fue hecha por los arquitectos Rafael Uribe Pérez y Enrique Martínez González, de la Comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis de Guadalajara, así como por personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Desde el pasado lunes 27 se iniciaron los trabajos para apuntalar la parte más dañada se espera que dentro de un mes pueda ser utilizado de nuevo el sacro recinto.

El Monumento a la Fe, no se rinde

Lo que tardará más tiempo para estar en pie, será el Monumento a la Fe. Éste fue construido a iniciativa del Padre Bernardino Topete e inaugurado el 12 de mayo de 1873; se vino abajo por tercera vez. La primera fue el 3 de junio de 1932, cuando un violento sismo, ocasionado por el Volcán de Colima, hizo estragos en la región. Hace 7 años cayó por segunda vez, también a consecuencia de un temblor. Y fue el pasado 21 de enero, poco después de las ocho de la noche, cuando se desplomó, ocasionando un estruendo que se escuchó en gran parte de la población. Sus canteras ya muy dañadas, hacen imposible que con ese mismo material se vuelva a levantar.

La feligresía, señala el párroco del lugar, ha mostrado enorme interés por cooperar en las obras de reconstrucción, por lo que espera que aunado esto a la ayuda de las dependencias oficiales correspondientes se pueda restaurar todo lo dañado.

Los locatarios del Mercado, ubicado frente al templo parroquial, manifestaron su deseo de que no se vuelva a levantar el histórico y significativo monumento, por el riesgo que les puede representar; ellos velan por sus intereses, pero no piensan más. El que sí ha pensado y expuesto una interesante idea es el profesor Juan José Rojas Aquino, Director del Colegio Niños Héroes. El mentor ha sugerido que se lance una convocatoria entre los arquitectos amequenses, que son por lo menos cinco, para que, utilizando los elementos aprovechables y agregando otros, vuelvan a poner dicho monumento de pie. Por su parte, el párroco Dávalos Rodríguez, quien ha escuchado voces diferentes, considera que de erigirse una vez más el monumento, tiene que hacerse de tal forma que sea capaz de resistir –en lo más posible– los movimientos telúricos.

Ameca, entre volcanes

No se puede olvidar que Ameca, más que otras poblaciones de Jalisco, ha sufrido daños en varias ocasiones a consecuencia de los temblores. Ramón Velasco Medina, en su reciente libro Ameca, apuntes para su historia, señala: «En 1557 se siente en Jalisco un fuerte temblor que sacude Ameca. En 1567, por erupción del volcán El Ceboruco, se produce una enorme y profunda grieta cerca de la misma población. 18 años después, se vuelven a producir violentos y frecuentes temblores». Y fue hasta 1932 cuando de nuevo volvieron a sentirse fuertes movimientos en la tierra.

Mientras tanto, la milagrosa y venerada imagen del Señor Grande, realizada en Pátzcuaro, Michoacán, en 1570, parece estar tranquila, reflexionando y velando por la paz y bienestar del pueblo que la ama intensamente. Tal vez por ello, en esta ocasión, no hubo pérdidas humanas qué lamentar.

“Estar cerca de nuestros hermanos en el dolor”
Entrevista a Mons. Gilberto Valbuena Sánchez, Obispo de Colima

«El terremoto que golpeó México el 21 de enero pasado, a las ocho y diez minutos de la noche, tuvo una intensidad de 7.6 grados en la escala de Richter, y se prolongó durante casi un minuto, sembrando miedo y preocupación», recuerda el Obispo de Colima, Estado donde se registró el epicentro del terremoto. En un coloquio con la Agencia Fides, Mons. Gilberto Valbuena Sánchez describe la situación de la diócesis y las prioridades pastorales.

¿Cuál es la situación de su diócesis?

Hasta el momento ya se han contabilizado, desgraciadamente, veinticinco muertos, numerosas casas destruidas o con graves problemas en su estructura. Por lo que respecta a los bienes de la Iglesia, varios templos resultaron muy dañados, dos o tres tendrán que ser abatidos porque corren el riesgo de desplomarse. Los dos Seminarios, el Mayor y el Menor, están gravemente dañados. Gracias a Dios no debemos llorar la muerte de ningún sacerdote, seminarista o religioso.

¿Cuál es su programa de actividades en este momento, como Pastor de su diócesis?

Estoy recorriendo personalmente mis parroquias para constatar los daños; faltan todavía algunas, pero las visitaré hoy. El programa del trabajo pastoral que nos espera en esta situación de emergencia, tiene, por orden de importancia, la sepultura de los muertos y el acercamiento a nuestros hermanos en el dolor; después, estudiaremos cómo ayudar concretamente a los afectados y, al fin, será necesario pensar en la reconstrucción de tantas casas y lugares de culto destrozados. En este momento particularmente difícil para mi diócesis, he recibido el telegrama de condolencia de Su Santidad, el Papa Juan Pablo II. Agradezco vivamente al Santo Padre por su cercanía y solidaridad expresada a través de Mons. Sandri. Hoy visitaré una parroquia donde ha habido numerosas víctimas, y donde muchos habitantes han perdido todo; allí, celebraré la Santa Misa. Mañana, si Dios quiere, iré a celebrar en otra parroquia que se encuentra, por el momento, aislada.

¿El balance de las víctimas puede ser considerado definitivo?

El balance de veinticinco personas muertas es definitivo; por fortuna, no hay desaparecidos. Gracias a Dios, no ha habido un número elevado de muertos. Aunque hay, de todos modos, muchos heridos que los socorristas encontraron al remover los escombros. Hemos tenido una gran desgracia, pero de corazón agradecemos a Dios, porque no ha sido tan grave como temimos al principio.

¿Cuál es una de sus mayores preocupaciones en este momento?

Para un Obispo, el Seminario es el corazón de su diócesis y hemos tenido –como he dicho antes– graves daños en los dos Seminarios, Mayor y Menor. Tengo setenta seminaristas mayores y sesenta y cinco menores. Decidí mandar todos los seminaristas a casa porque así estamos más tranquilos. En este momento, los peritos están evaluando los daños: ésta es, para mí, una gran preocupación pastoral (Fides).

Diversos templos afectados por el sismo

• Arnold Omar Jiménez Ramírez

El sismo que sacudió el Occidente del País, la semana pasada, dejó a su paso derrumbes, tristezas, muerte y cientos de familias desconsoladas. Las Diócesis de Colima, Autlán, Ciudad Guzmán y Guadalajara quedaron afectadas por los estragos de la fuerza desatada de la naturaleza, principalmente templos y casas habitación. Desgraciadamente, en el Estado de Colima el temblor cobró vidas humanas que lamentar, situación que no se dio en las demás diócesis.

Daños en nuestra arquidiócesis

El Arzobispado de Guadalajara, a través de Moseñor José Trinidad González, Obispo Auxiliar de Guadalajara y del Padre Rafael Uribe, Coordinador de la Comisión Diocesana de Arte Sacro, informó que tras el sismo se han detectado daños considerables en algunas estructuras de diversos templos de la arquidiócesis tapatía, en los que ya se está realizando una valoración técnica y profesional, de tal suerte que se pueda responder adecuadamente a cualquier contingencia. Cada párroco o rector de un templo, debe informar a la Comisión de Arte Sacro sobre anomalías en los templos que custodian, para que ésta, a su vez, informe al Arzobispado.

La Catedral quedó afectada

Según Monseñor José Trinidad González, en la cúpula de la Iglesia Catedral se puede observar una grieta que va de la linternilla a la base del tambor; otra más, abre la juntura de la torre Norte con el peinetón central. En lo que respecta a la torre, el Obispo Auxiliar de Guadalajara, manifestó su preocupación en torno al sostén de la campana mayor de la torre Norte debido a una grieta longitudinal, paralela al eje del túnel vehicular de la Av. Hidalgo.

En la parte interior de la Iglesia Madre, hubo desprendimientos de enjarre en algunos arcos de las naves laterales, uno de ellos cercano a la torre Norte. De la misma manera, en el interior de la cúpula se pueden ver grietas en las perchinas que la soportan, precisamente en los ángulos superiores de los óleos de los evangelistas.

Asimismo, en otras partes de la Catedral también se presentaron afectaciones, por ejemplo, en la Sacristía y en la Oficina de Arte Sacro; en la primera, se agrandó una grieta localizada en el muro testero; mientras que en la Oficina de Arte Sacro se desprendió el mortero y algunas cuñas que presionaban las piedras que cierran el eje de la bóveda del cañón.

Cabe señalar que la Comisión de Arte Sacro recomienda ampliamente la realización de un estudio de plomos y niveles, especialmente en la torre Norte donde se encuentra adosada la casa del campanero, pues presenta diversas grietas externas.

Templos afectados en la zona conurbada de Guadalajara

Mons. Trinidad González también habló de otros templos que resultaron dañados por los temblores de la semana pasada y de los que, hasta el momento, se tiene información, como es el caso de San Miguel de Mezquitán, donde se reportan grietas en el remate de la espadaña, y en el interior, también en la cúpula; en San José de Gracia son perceptibles varias grietas, y en Santa Mónica aparecen, de forma zigzagueante, grietas en las bóvedas, con agravación en el cubo de la torre, donde ya había problemas de estabilidad.

El Templo de San Felipe Neri reportó una grieta vertical al eje central de la puerta principal, y que en el interior del templo se extiende a través de las bóvedas del centro de la nave. Daños similares son perceptibles en San Diego de Alcalá, donde las grietas ocasionaron el desprendimiento del enjarre desde el altar hasta la puerta principal.

Fuera de la zona conurbada, otros templos dañados

Más allá de la zona conurbada también se han detectado daños considerables, de los que sobresale la Parroquia de Santiago Apóstol, Ameca, que presenta daños importantes y que, de hecho, no está funcionando por el momento. En la Parroquia de la Virgen de Guadalupe, ubicada en la misma población jalisciense, se observan algunas grietas en el centro de los arcos y desprendimiento de enjarre en varias partes del templo.

De San Martín Hidalgo, Jalisco, la Comisión de Arte Sacro recibió reportes de grietas en techos y paredes, incluso, en el adoquín del atrio. En lo que respecta a Santa Ana Acatlán, Municipio de Acatlán de Juárez, se tienen noticias de grietas en el interior del templo parroquial, concretamente en la bóveda y en el muro Norte, además se sabe que el enjarre se desprendió en diversas zonas. Daños de consideración, sufrieron los templos de las poblaciones de Estipac y Villa Corona, Jalisco, según se reporta.

En el Templo de San Juan Bautista, de El Teúl de González Ortega, Zacatecas, sobresalen grietas en los arcos de la nave central y de la sacristía, así como se desprendió material, y se abrieron más, otras que ya existían; también hay que sumar los cerramientos de las ventanas de la nave central, del presbiterio, la sacristía y el curato.

Estrecha comunicación

Estos reportes que presentó el Arzobispado de Guadalajara son, los que hasta el cierre de está edición, se habían recibido, aunque no se descartan más de otros templos de la diócesis. Mons. José Trinidad González mencionó que habrá una estrecha comunicación entre la Iglesia y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), institución a la que ya se le puso al tanto de los daños que sufrió la Catedral Metropolitana, San Miguel de Mezquitán y el templo de Ameca.


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