Edición 313
02/02/2003

Bitácora de esta América Nuestra

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“Amigos” de Venezuela
en tiempos de foro económico mundial

• Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso

El 2 de febrero debió haberse vencido el plazo impuesto por la oposición radicalizada, para la realización del referéndum que dictaminaría si Hugo Chávez seguiría en el poder. Los antecedentes previos a ese día pueden darnos suficientes elementos de juicio sobre lo viable que sería esa estrategia. Hay dos factores externos que entorpecen sobremanera, en estos días, la solución de la crisis sociopolítica de Venezuela. Analicemos dichos factores junto con las visiones de las partes en conflicto. Los dos hechos externos son, primero, la celebración casi simultánea del Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, durante esta última semana. Allí, el tema de Venezuela fue insoslayable; el segundo factor lo representa el recién Grupo de «Amigos» (entre comillas) de Venezuela, complejo y ambiguo, conformado en Quito, Ecuador, por iniciativa del presidente brasileño Luiz Inácio “Lula” da Silva, en su empeño por ser protagonista en Sudamérica y con su vecino Venezuela. Este factor merece un análisis más amplio.

Los “Amigos” de Venezuela

Serán esos países (en orden alfabético inofensivo): Brasil, Chile, España, EE.UU., México y Portugal, los exponentes más válidos para, en cuanto «Amigos», puedan coadyuvar con los esfuerzos de la Organización de Estados Americanos (OEA), y su Secretario General, César Gaviria, en la búsqueda de una solución institucional, constitucional y certera a la vez? ¿No habrá, en cada uno de ellos, intereses más particulares que la noble labor de servir de negociadores inteligentes y desinteresados? ¿Su actuación no estará coloreada por sus posturas internacionales, por ejemplo, con respecto a la producción petrolera? ¿Por qué no admitir a otros, capaz que igualmente parciales o imparciales? México, a juicio de una perspicaz analista, Lucía Luna Elek, está «vinculado ineludiblemente con su poderoso socio comercial, EE.UU., y ha mantenido una posición (válida a nuestro juicio), de apego institucional, sí, a Venezuela, pero sin entusiasmo por Chávez». Jimmy Carter, hoy Premio Nobel de la Paz, presentó una doble propuesta formal: poner fin al paro nacional, adelantar el referéndum revocatorio y plantear una enmienda a la Constitución. Estas apreciaciones podrían ser base de negociación. El paro está «quebrando» al país. Hugo Chávez, por su parte, expresó su voto de confianza a esos «Amigos»; pero por otro lado, con ese lenguaje duro que lo caracteriza, les advirtió los «límites» que les pondría como presidente: límites obvios en su argumentación: no dar a la oposición la misma legitimidad que la que ostenta el Gobierno. «Dejar claro que Venezuela no va a ser un país tutelado internacionalmente». De esta manera lo planteó. Más aún, subrayó: «Con el golpismo no se dialoga, se le derrota», pues «es necesario vencer porque se trata de la vida de un pueblo». Las frases y los límites son claros. ¿Reflejarán la realidad? ¿Es golpista, en sentido exacto, el pueblo en paro nacional?

La visión de la oposición radicalizada

Las frases que usan son claridosas y contestatarias, a más de ofensivas. He aquí algunas de las consignadas: «Chávez es un terrorista» (hoy, término considerado lo peor de lo peor). «Si es necesario, vamos a radicalizar el conflicto» ¿Todavía más? «Vamos a seguir presionando con el paro hasta que el Tribunal Supremo y las autoridades electorales entiendan» ¿A costa de quebrar el país? Y siguen en ese tenor: «Nosotros no estamos jugando a la guerra civil, pero lo que tenemos no es una democracia; estamos yendo a una dictadura», aseguraron. Sin embargo, conceden: «Estamos de acuerdo en que la salida a la crisis debe darse por la vía democrática. No hay –afirmaron–, posibilidad de un golpe de Estado; el único golpe podría ser el auto golpe del propio Chávez», sentenciaron. Y cuestionados sobre el Grupo de «Amigos», contestaron: «Si es para continuar con la situación, y que Chávez permanezca en el poder, no. Pero si sirve para hacerle entender que se tiene que ir, sí, adelante. Su postura no abre ningún puente de negociación. Los disturbios ya rebasaron todo límite.

Un posible juicio explicativo

Nos atrevemos a expresar un juicio: no puede atacarse frontalmente ni la institucionalidad de un Estado, ni la legitimidad democrática de un gobierno. El problema puede desviarse debido a la postura populista, fanfarrona y dura del presidente Chávez. Pero, capaz que el conflicto está reflejando una realidad quebrada y enfrentada en dolorosa lucha de intereses y reivindicaciones de justicia ya añejas. Eso sí es más dramático, y tiene más fondo, y exigirá una solución, no paliativa, sino en verdad patriótica y sacrificada, cristiana en una palabra, de ambos bandos. Sin embargo, esta luz nos parece lejana y utópica mientras pesen otros intereses egoístas. Dios salve a Venezuela y a su pueblo de los cabecillas de ambos bandos exaltados, y de unos «Amigos» por intereses convenencieros. Se trata, ahora sí, de la vida de todo un pueblo. Entiéndase ya.


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