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Cultural |
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![]() «Cuando estés delante de una mujer, nunca olvides a tu madre»
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El Ayuntamiento de Guadalajara
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Amor a la verdad
Fue Manuel Fernández de Castro el encargado de presentar una semblanza de Loza Márquez, a quien describió como un periodista con sentido ético, con un profundo sentido de la responsabilidad y amigo de la verdad.
Los logros de don Ildefonso, sin lugar a dudas, han sido muchos, y Fernández de Castro hizo un amplio recorrido, enumerando algunos de ellos: «Cuando tenía 17 años, El Informador publicó un fotorreportaje sobre una explosión en la casa de la familia García Bedoy; al verlo, le tomó gusto al periodismo. El 30 de abril de 1950, edita su semanario dominical, La Crónica, primer periódico nacional que publicaba reseñas de eventos deportivos como futbol, beisbol y toros, los domingos». Éstos, fueron logros que se convirtieron posteriormente, en auténtica escuela para muchos periodistas que hoy por hoy se desempeñan en los diversos medios de comunicación del Estado y el ?País.
En vida, hermano...
Durante su intervención, don Ildefonso Loza agradeció al Ayuntamiento de Guadalajara y a los compañeros que, junto con él, han marcado el camino del periodismo radiofónico en México y América entera. Asimismo, el Presidente Municipal de Guadalajara, Ing. Fernando Garza Martínez, reconoció la aportación que el homenajeado ha hecho a la Ciudad de Guadalajara: «Aunque usted no es tapatío, permítame decirle que es más tapatío que muchos que son originarios de aquí».
El homenaje culminó con un entremés servido en el patio de la Presidencia Municipal. Este acto dejó en todos un grato sabor en la boca: el plausible reconocimiento de las autoridades a la labor de quien ha hecho aportaciones valiosas a nuestra sociedad.
¡En vida hermano, en vida!
La televisión es un maravilloso aparato electrónico al que la mayoría de las personas le abrió las puertas de su casa tal como se las abriría a un invitado, sin imaginar que sería uno de esos raros invitados que llegaban para quedarse. Y aun más, terminó por concedérsele el lugar principal de toda la casa, prestándole más atención de la debida ya que nadie quiere que se marche. Es decir, en este País, casi todos sus habitantes se acuestan viendo televisión y se levantan mirando televisión. Sin embargo, este masivo medio de comunicación no funciona como debiera; y es que informar o divertir no significa, por donde se le quiera ver, comunicar; y a aquéllas dos funciones, simplemente, se ha reducido la función primaria de la televisión.
Podemos constatar, en nuestra vida cotidiana, que la televisión ha adquirido una relevancia que sobrepasa sus propios alcances, y aunque sin demeritar sus beneficios, en realidad este aparato electrónico aporta muy pocos a la sociedad en general.
Lo visto y escuchado en la televisión, pero sobre todo lo visto porque este aparato privilegia la imagen, se ha vuelto punto irrefutable en todos los ámbitos. Es decir, cuando se conversa entre amigos, cuando se suscita una sana discusión para clarificar cierta postura, cuando en la mesa de un restaurante pactan acuerdos hombres de negocios, el referente televisivo tiene la última palabra: Lo afirmo porque lo vi en televisión.... Igualmente, la televisión impone formas de vestir: estar a la moda equivale a vestirse como los personajes que aparecen en la pantalla chica; de la misma manera que lo hace con el lenguaje deformado: los modismos utilizados por actores, cantantes, conductores, futbolistas, son acogidos como términos de máxima valía, además de que esas palabras, buenas o malas, son copiadas por los televidentes, en su afán de semejarse y adquirir la personalidad de sus personajes televisivos favoritos.
También la televisión privilegia la imagen sobre la palabra, porque si no muestra lo que quiere vender resulta nulo su cometido. En esa sucesión de imágenes (la mayoría impactantes y nunca antes vistas) radica su seducción mercantilista y manipulada, pues tales imágenes aun cuando pretendan cumplir su cometido de informar nunca cuentan todo lo sucedido, porque simplemente no conviene a sus intereses. Ahí se opera una cuidadosa selección o «edición» encaminada a acrecentar o mantener estable el rating, que es finalmente su fin primario.
Dicho rating se mantiene al más alto nivel gracias a la emisión de programas que no requieran del telespectador un mínimo de juicio, que sean lo más fácil de digerir: programación trivial (telenovelas), películas violentas y caricaturas aptas para auténticos trogloditas, programas pseudoeróticos y de chistes burdos, emisiones en las que predominen los chismes de barrio y se viole el derecho a la intimidad de la persona humana (reality-shows).
Existe también la buena televisión, realmente interactiva, educativa y amena, sólo que requiere hacer una inteligente selección entre la variada oferta televisiva.
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