Democracia con vigencia.
Ciudadanos en libertad
Los partidos políticos pueden echar mano de sus argucias para convencer a los electores en su favor, ahora que estamos en plena efervescencia política. Por lo tanto, los electores no debemos ser ingenuos para creer cuanto ofrecen los candidatos abanderados por sus partidos; ellos buscan el convencimiento de la mayoría de las personas, para encauzarlas en su propio beneficio.
Es imprescindible que los electores, más que en otro tiempo, estén muy «avispados» para no ser engañados y caer en lo que podríamos llamar «trampas políticas», que algunos partidos pueden presentar, proclamando otra cosa distinta, para lograr el voto de los ciudadanos.
Los electores, a final de cuentas, seremos los responsables, de manera directa, de elegir a los políticos que ocuparán los puestos públicos en disputa; por ello, necesitamos ser conscientes de la envergadura que entraña esta situación, para que después no nos quejemos ni reneguemos de los resultados que arroje un posible gobierno de funcionarios incapaces y deshonestos.
Aunque esta sentencia parezca repetitiva, no cesaremos de insistir en que los ciudadanos han de estar plenamente convencidos de la capacidad y honestidad de quienes serán favorecidos con su voto.
Nosotros queremos seguir confiando en que los tiempos políticos han cambiado, de modo tal, que el voto ya es respetado. Se acabó el dedazo, el compadrazgo, el amiguismo; ahora sólo ocuparán puestos políticos los que han sido legítimamente elegidos, y esa es la prueba más palpable de que el voto ha sido respetado.
Resulta plenamente satisfactorio estar convencidos de que la democracia, en este nivel de elecciones, tenga ya plena vigencia, por lo que libremente el ciudadano emite su voto, confiado en que no será pasada por alto su decisión, y que así tendrá en el orden gubernativo gente capaz y honesta.
Mas, hay un punto sobre el que quisiéramos insistir una vez más. Queremos referirnos a los ciudadanos que no acuden a las urnas para ejercer un derecho que nos beneficia a todos: votar. Esos ciudadanos son, muchas veces, los primeros en reclamar el mal proceder de funcionarios; podríamos decir que casi no tienen derecho a reclamar ni a quejarse de funcionarios ineptos y corruptos; más bien debieran quejarse como ciudadanos pasivos que no supieron ser ciudadanos responsables por no emitir su voto razonado.
Estamos viviendo ya, en estos momentos, un clima político fuerte porque se avecina el mes de julio, fecha en la que todo ciudadano responsable emitirá su voto para la renovación del Congreso, además de munícipes.
Ésta, se nos presenta, como una ocasión importante para designar a gente auténticamente comprometida y representativa. Legisladores cuya acción sea en beneficio del País, que respetando la dignidad de la persona tengan como meta, alcanzar el bien común.
Se siente en el ánimo ciudadano gran satisfacción al saber que la democracia ya tiene vigencia en el País. Democracia como una vía auténtica para elegir libremente a las personas que merezcan llevar las riendas del poder; una democracia para que el País cuente con funcionarios intachables y altamente preparados; en fin, una democracia que satisfaga las aspiraciones y necesidades, tanto de gobernantes como de gobernados.
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