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Participar en política es derecho y obligación
Se acaba de publicar un documento de parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmado por el Cardenal Joseph Ratzinger, pero por mandato del Papa, que se refiere a la participación de los fieles laicos en la política. Y quiero hacer un comentario al respecto:
Lo primero que dice este texto es que los fieles laicos no deben abdicar de su derecho y de su obligación de participar en política, puesto que están inmersos en la vida pública valores fundamentales de la sociedad, tales como el orden público, la paz, la justicia, la libertad, el progreso, la fraternidad humana y la dignidad de la persona.
Pero también se refiere el documento al modo de cómo deben participar, haciendo una referencia en base a la situación actual: principio del tercer milenio y época de la posmodernidad, en que impera el relativismo en cuestiones tanto de fe como de moral. Sobre ese relativismo en cuanto a las creencias y a la práctica de la moral, lo dice el documento, y lo afirma la Iglesia, los fieles laicos que participen en política no deben dejarse llevar por él, so pretexto de una laicidad mal entendida; esto es, no deben ser indiferentes a los valores fundamentales de la moral. La laicidad del Estado consiste en que el Estado en sí, no tiene ni promueve ninguna religión, pero sí garantiza la libertad religiosa de sus ciudadanos y colabora con las comunidades religiosas en aquellas empresas que trabajan por el bien común. Sin embargo, el Estado no debe prescindir de la moral, y no me refiero a la moral confesional, a la moral cristiana o a la moral católica, sino de la moral natural, la que se asienta en la misma naturaleza del hombre, que está expresada en la ley natural; una moral que vale no solamente en algún país de determinada religión, sino que vale universalmente, porque insisto, se funda en la misma condición humana que se expresa en mandatos fundamentales como: «no matarás», «no robarás», «no mentirás», que son básicos para que una sociedad se pueda llamar justa y civilizada.
Dice la Santa Sede que el compromiso con la moral, no se negocia; que el político católico que quiera participar debidamente en asuntos públicos, debe tener en cuenta esa moral, tanto para legislar como para conducir a su ciudad o su nación y actuar en consecuencia, por encima de las insidias que le instan a prescindir de los condicionamientos morales en su gestión pública y llevar las cosas según las conveniencias del momento o de acuerdo a los compromisos políticos, que les podrán parecer favorables para sí, pero no para la sociedad. Por ejemplo: legislar en favor del aborto es indebido e inmoral y no solamente en un país católico sino en cualquier país del mundo, porque el ser humano tiene derecho a la vida; legislar asimismo, como se pretende, para regular o dar igualdad de derechos a las así llamadas uniones consensuales o a las uniones entre personas del mismo sexo, es ir en contra de la naturaleza humana y es atentar contra la vida y contra el matrimonio.
Un político católico debe, claro está, practicar su religión en lo particular, pero en la vida pública debe atenerse a la moral natural; debe defender la vida, defender la familia, defender la dignidad de la persona humana y defender la libertad religiosa que también es un derecho natural, de tal manera que pueda, con su conciencia tranquila, presentarse ante la sociedad y afirmar ante ella, que está legislando o gobernando bien y de manera trascendente.
Invito a las personas que ejercen o pretenden ejercer labor política, a que lean este documento; esta ahí al alcance de todos en forma directa o a través de Internet. Léanlo y encontrarán conceptos notables y muy bien formulados acerca de este quehacer tan importante.
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