Edición 313
02/02/2003

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Exitoso rescate de su sentido religioso
Fiesta de la Candelaria en Santa Anita

• Lizette Yolanda Campechano Moreno

    La religiosidad popular es una manifestación de fe auténtica; en ella se descubren las expresiones particulares de cada pueblo en su búsqueda de Dios y de la fe. Prueba de ello es la celebración que en Santa Anita se vive cada 2 de febrero: las fiestas en honor de Nuestra Señora de la Candelaria, Patrona y Protectora del pueblo, a la que llaman cariñosamente: Nuestra Señora de Santa Anita.

Una Imagen con historia

En el siglo XVI, la evangelización de Santa Anita fue llevada a cabo por religiosos franciscanos. Según la tradición: «Después de mudarse a ese pueblo, un ermitaño con licencia real, realizó una colecta para hacer una ‘imagencita’ de la Virgen. Tiempo después, una rara enfermedad lo sorprendió en la casa de una india del pueblo llamada Justina, y murió. La india ocultó la Imagen que el ermitaño guardaba, mas una serie de milagros reveló la presencia de María Santísima en aquella población. Justina, que acostumbraba visitar enfermos cuando éstos la llamaban, imploraba la intercesión de la Virgen y antes de recetar algún medicamento regresaba a su casa; encendía una candela a la bendita Imagen y observaba fijamente su rostro: si éste se ennegrecía, era clara señal de que el enfermo iba a morir, pero si por el contrario, se veía el rostro encarnado, resplandeciente y hermoso, volvía con el enfermo y le anunciaba que sanaría. Dichos acontecimientos despertaron la inquietud y curiosidad en los pobladores, hasta que se percataron que Justina tenía en su casa a la Intercesora, y Justina entonces comentó públicamente los cambios milagrosos que presentaba el rostro de la Virgen. Cuando falleció Justina, los indios colocaron la Imagen de la Virgen en una capilla, guardándola celosamente según encargo de los religiosos». Como realizaba muchos milagros, poco a poco fue extendiéndose la noticia de su existencia y bondades, y su fama creció tanto que se le dedicó un santuario y la nombraron Patrona del pueblo.

“Abogada de los Enfermos”

«Es una Imagen que ha hecho muchos milagros; y como tiene el título de ‘Abogada de los Enfermos’, acuden precisamente ellos a agradecerle que les haya devuelto la salud», mencionó Fray Ramón en entrevista para Semanario. Pero el fraile no sólo ha escuchado versiones sobre cientos de milagros, sino que él mismo fue testigo de uno de ellos: «Un joven originario de aquí, de Jalisco, se fue a Estados Unidos. Ya estando allá, noventa por ciento de su cuerpo sufrió quemaduras cuando se incendió su casa. Su madre le pidió con mucho fervor a la Virgen por la salud de su hijo. El joven se recuperó de manera impresionante. Todavía se pueden ver las huellas del accidente en su rostro, pero por lo demás está muy bien». Este suceso ocurrió hace poco más de seis años, mas en el haber milagroso de la Virgen se cuentan numerosos favores concedidos según testimonian los retablos que guarda el templo.

Preparándose para la fiesta

«A partir de la primera semana de enero, las Misas en los barrios constituyen la preparación para las fiestas. Se reúnen los vecinos de diferentes barrios y colonias; se peregrina por las calles del pueblo con una réplica de la Imagen de la Virgen, se celebra la Eucaristía, se visita a los enfermos con la Imagen y se les lleva la Comunión. También hay una celebración para matrimonios colectivos, especialmente para personas que han vivido en unión libre. En el día dedicado a los hijos ausentes, asisten a la parroquia aproximadamente, dieciséis mil personas devotas de la Santísima Virgen; se tiene por costumbre organizarles un festivo recibimiento el domingo anterior al 2 de febrero», informó para Semanario, María Isabel Moya, colaboradora en las actividades parroquiales.

El novenario comenzó el 24 de enero. Cada jornada del novenario se inicia con las «mañanitas» a la Virgen de la Candelaria a las cinco de la mañana, enseguida se celebra la Eucaristía. Después, la réplica de la milagrosa Imagen recorre calles y colonias del pueblo, acompañada por una banda musical que alterna con momentos de oración; por la tarde se realiza otra peregrinación encabezada por diferentes grupos parroquiales y fieles de poblados aledaños, como por ejemplo: La Calerilla, San Sebastián, San Agustín, Santa María Tequepexpan, entre otrOs. Durante los nueve días precedentes a la fiesta, una familia «toma el día», es decir, paga la música por la mañana y por la tarde. Por las noches en la plaza, hay verbena popular y fuegos pirotécnicos durante todo el novenario.

A estas fiestas patronales acude no sólo la feligresía local, sino gente de Etzatlán o Sayula, de Estados del Norte, como Tamaulipas y Nuevo León; e inclusive de diferentes colonias de Guadalajara llegan peregrinos y devotos. «Definitivamente esta fiesta es una explosión de devoción popular; la gente se desborda en alabanzas y oraciones a la Virgen, durante los nueve días del novenario el templo se llena a ‘reventar’, especialmente en las celebraciones de la Eucaristía», atestigua Fray Ramón Villalpando, aunque reconoce que lamentablemente, se une lo profano con lo religioso, «pero predomina el fervor y la devoción... ¡Se ve que aman a la Santísima Virgen!... ¡Venir desde tan lejos!».

El “mero” día

La noche anterior al día 2, al que comúnmente le llaman «el mero día», diversos grupos musicales, de las diferentes familias del pueblo, se dan cita en la plaza principal para deleitar a los pobladores; en la madrugada se entonan «las Mañanitas», enseguida se celebra la Eucaristía y se reza el Santo Rosario. A las doce del mediodía, tiene lugar la Misa solemne, y por la tarde se reza nuevamente el Rosario y la Imagen original de la Virgen pasea por el pueblo: «Durante todo el año, este día es la única ocasión que sale de su santuario en un carro alegórico para que recorra la población y prodigue sus bendiciones. Más tarde, como la Imagen de la Virgen renueva cada año su vestuario regalado por una familia del pueblo, se forman los fieles y mientras se acercan orando se les impone en la cabeza, como si fuera un manto, un vestido usado el año anterior. ¡Se hacen unas filas larguísimas! Durante casi seis horas, cuatro frailes, imponemos el manto», comparte, con entusiasmo, Fray Ramón Villalpando.

Retos y logros de una comunidad

«Un reto que nos hemos planteado es que María sea el camino para llegar a Cristo. En esta cuestión se ha logrado mucho porque, anteriormente, las fiestas patronales constituían una celebración totalmente mundana: se contrataban bandas famosas que atraían a los jóvenes, de tal manera que las fiestas poco tenían que ver con el espíritu religioso. Afortunadamente, mediante el diálogo, hemos logrado evitar estos excesos que demeritaban el sentido de las fiestas patronales. También se logró retirar puestos donde se expendían bebidas alcohólicas. Hemos pugnado por rescatar el sentido original mariano. Antes, los habitantes decían: «Las familias ya no pueden acudir a las fiestas porque se suscitan peleas, discusiones y borracheras». Hoy hay sana alegría, que es parte de las fiestas, pero ordenadamente: la banda, toca mientras los jóvenes en la plaza dan vueltas alrededor del kiosco, los muchachos por un lado, y las muchachas, por otro», relata el propio Fray Ramón Villalpando Estrella, quien lleva ya siete años en Santa Anita. Su mayor anhelo es que las fiestas patronales que celebran los habitantes de Santa Anita, se prolonguen durante todo el año, viviendo a diario el amor y el encuentro con Dios.


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