Edición 313
02/02/2003

Tema de la Semana

Portada
Editorial
Reflexivas
Epigramario
Palabra del Pastor
Voz del Arzobispado
Tema de la Semana
Actualidades
Hacia el 48 Congreso Eucarístico
Página Vaticana
Mundo Católico
Bitácora
Parroquia
Cultural
Iglesia en la Semana
Vida Diocesana
Vida Consagrada
Jóvenes
Institución Altruista
Santidad a tu Alcance
Opinión del Lector
Palabra del Domingo
Cartón Hocio
Cartón Joel
Actividades

Corresponsabilidad en las Elecciones Federales y Estatales de 2003

• Paulo Delponte

    Mensaje de los Obispos de la Región Pastoral de Occidente: Aguascalientes, Autlán, Ciudad Guzmán, Colima, El Nayar, Guadalajara, Tepic, San Juan de los Lagos y Zacatecas.
    Al pueblo católico de la Región Pastoral de Occidente.
    A los hombres y mujeres de buena voluntad.

Introducción

Salud, gracia y paz en el nombre del Señor Jesús, Luz y Vida del nuevo milenio cristiano, recién comenzado.

1. En los inicios del presente año del Señor 2003, los obispos de la Región Pastoral de Occidente, conscientes de la necesaria consolidación de la democracia reclamada cada vez más por los ciudadanos, cumpliendo una vez más nuestra responsabilidad pastoral de orientar a los ciudadanos cristianos y a los hombres y mujeres de buena voluntad, e iluminando con la Doctrina Social Cristiana los acontecimientos de la vida pública, nos dirigimos a ustedes para motivar la corresponsabilidad social en las próximas elecciones federales y estatales.

2. Los pastores de estas nueve diócesis del Occidente del País, advertimos la importancia del momento presente y acompañamos a la sociedad, mayoritariamente católica, para discernir e iluminar, con la luz del Evangelio, las circunstancias que reclaman la participación responsable de los ciudadanos en las próximas elecciones federales y estatales.

I. En el contexto del cambio

3. Tras la fiesta motivada por el cambio en las elecciones de 2000, se han venido acumulando preocupantes desencantos que parecieran haber transformado el triunfo de la democracia, en fracaso de la democracia.

4. La sociedad mexicana ha decidido, con la participación amplia de los ciudadanos, realizar cambios de rumbo en la vida política actual. Esta transformación ha sido pacífica, pero incierta; estable, pero poco efectiva; llena de expectativas, pero con pocos resultados que satisfagan a la sociedad.

5. La incertidumbre, el desánimo y la desilusión por la recién estrenada democracia, pueden convertirse en abulia y desinterés por la vida pública, y derivar en la ausencia de liderazgos efectivos que conduzcan las instituciones por caminos de justicia y progreso para todos los mexicanos.

6. Las circunstancias por nosotros señaladas en nuestra comunicación con motivo de las elecciones de 2000 (Obispos de la Región Pastoral de Occidente, La participación de los ciudadanos en la vida sociopolítica, Mayo 1, 2000) siguen presentes en el momento actual, agudizadas por la dureza del ambiente en los campos del trabajo, el bajo crecimiento económico, los problemas del campo, hoy agravados, y el creciente deterioro de la vida social. Se añadan, a veces, las catástrofes naturales como el reciente sismo que ha afectado nuestra región y reclama la solidaridad de todos.

7. No desconocemos algunos aspectos positivos que la ciudadanía hoy aprecia. Entre otros: ausencia de temor a la autoridad y más transparencia en la administración de los recursos; atención a los problemas de la corrupción; inicio de una división efectiva de poderes no alejada de dificultades y aprendizaje; indicadores económicos estables con inflación controlada y procesos electorales confiables.

II. Las exigencias del presente

8. En este contexto, muchos ciudadanos podrían hacer una lectura pesimista del presente, abandonando la participación personal y delegando en otros las propias responsabilidades, con la idea de que no se gana mucho comprometiéndose porque sienten que no se mejora a la velocidad anhelada, y que muy poco puede hacerse para superar la corrupción, la injusticia, la desigualdad, la inseguridad y la violencia.

9. Aunque las interpretaciones sobre los resultados de la democracia pueden tener diversos puntos de vista según las posturas ideológicas, el papel social desempeñado y los gustos personales, existe un ámbito de responsabilidad y participación que no debería ponerse en duda y que reclama mayor madurez para saber que el camino es más largo y fatigoso de lo que las emociones y anhelos del momento preveían.

10. Por ello, las exigencias del presente, en nuestra opinión, nos invitan a una madurez y responsabilidad aún mayores.

Entre otras exigencias señalamos:

• La sociedad, en general, debe mantener un amor auténtico a México, a las instituciones y a la familia. Las circunstancias cambian, los liderazgos se sustituyen, pero el amor a la Patria ha de permanecer inalterado y en dinamismo creciente.

• Mantener, además, un compromiso generoso por el bien común que haga visible la permanencia de los valores democráticos sobre los intereses personales y de partido en todos los ámbitos y, nos parece fundamental, en el trabajo de las Cámaras de Diputados y Senadores.

• Los políticos simpatizantes de cualquier ideología y tendencia, deben pugnar por ejercer una clara mística de servicio que sacrifique el egoísmo personal y las banalidades de la gloria pasajera en aras del bien común del País.

• Perseverar en una participación madura y permanente en la vida sociopolítica por parte de todos y, en particular, de los gestores de la vida económica, intelectual y política, asumiendo con responsabilidad la tarea que su papel social les demanda.

• Tener clara conciencia de que los rezagos en los servicios de salud, la falta de empleo y de oportunidades para una mejor educación, etcétera... Son exigencias éticas que han de ocupar nuestro interés sobre las frivolidades y las estériles pugnas de poder.

• La necesidad de buscar y proponer rumbos para la sociedad y el País, basados en los valores auténticos del respeto al ser humano, la familia, la vida y nuestras mejores tradiciones cristianas. En este sentido, se han de superar las actitudes cerradas a toda propuesta ajena por ser de algún contrario, y mantener la apertura a cuanto de positivo haya en los diversos sectores y partidos de la sociedad, en particular, el clamor de los pobres y marginados de la cultura, el bienestar y las oportunidades.

• Tomar conciencia de la partipación histórica que lleva a cabo la sociedad mexicana hacia más promisorias realizaciones, y del dolor que añaden las venganzas y pugnas de poder que sacrifican iniciativas, nada más porque no pertenecen al propio grupo.

III. Construir el Reino de Dios en la vida pública

11. Estamos convencidos de que el aprendizaje de la vida democrática será tanto más efectivo, cuanto los cristianos, iluminados por el mensaje del Evangelio, aporten su creatividad y participación responsables.

12. Recordamos que la participación política partidista es una tarea en la que han de involucrarse todos los ciudadanos y, más aún, si se trata de auténticos cristianos comprometidos con el amor a la Patria y con la dignidad humana. En la reciente nota sobre la participación de los laicos católicos en política, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, da claras orientaciones para el desempeño de los cristianos en la vida pública. Recomendamos su atenta lectura y eficaz aplicación (Congregación por la Doctrina de la Fe, Nota sobre la participación de los Laicos Católicos en Política, noviembre 24 de 2002, Fiesta de Cristo Rey).

13. Los religiosos, ministros, consagrados, líderes laicos comprometidos en apostolados, ejercen su amor patrio participando en política en sentido amplio, como búsqueda del bien común (canon 287, Documento de Puebla 521-523). De esta manera, los laicos y los consagrados contribuyen en la construcción del Reino de Dios en la vida pública.

14. El Reino de Dios se identifica con la vida, el amor, la verdad, la justicia y la paz. Participar del Reino es vivir la vida nueva que Jesús, el Salvador, nos comunica con su Misterio Pascual, al vencer la muerte y resurgir victorioso sobre el mal del mundo.

15. Construir el Reino es vivir la fe y la liberación de toda esclavitud del pecado personal y comunitario. Es vivir acorde con las categorías de las bienaventuranzas, requisito ineludible para la participación en el Reino de Dios.

16. Ser partícipe en el Reino es vivir la pobreza solidaria, la mansedumbre, la misericordia, la limpieza de corazón y de intenciones; es compromiso irrenunciable de lucha diaria por la transformación del mundo, haciéndolo más acorde con el proyecto original de Dios. Construir el Reinado de Dios es convivir en fraternidad, compartir la vida con los más pobres y necesitados para darles esperanza.

17. De ahí que cualquier autoridad temporal, bien o mal llevada, o cualquier poder humano, bien o mal ejercido, pone en juego todos estos valores fundamentales del Reinado de Dios. El quehacer político en la vida social comporta los mismos anhelos del Reino de Dios y los hace progresar o los contradice hundiendo a la sociedad en el caos, la crisis y la desesperanza.

18. Por ello, en la Carta Pastoral de los Obispos Mexicanos, de marzo de 2000, enfatizábamos: “Es necesario insistir en que una democracia, sin un entramado institucional y cultural fundado en valores y principios basados en la dignidad humana, fácilmente degenera en demagogia y en fórmulas políticas contrarias a la libertad y a la justicia” (Conferencia del Episcopado Mexicano, Del encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con todos, marzo 21 de 2000, México, D. F., n. 261).

19. El compromiso común del laico cristiano y de todo ciudadano, no debería estar condicionado por las vicisitudes históricas cambiantes, ambiguas o contradictorias. Los valores del Reino no aparecen o desaparecen con el éxito o fracaso de quienes sustentan temporalmente la autoridad, pues son paradigmas que miden y sustentan el quehacer personal y el compromiso público. A su luz sometemos nuestro desempeño y bajo sus criterios juzgamos nuestras acciones.

20. Las consecuencias del establecimiento del Reinado de Dios en la vida social y política nos empujan a valorar y construir la democracia participativa. En ella se mantiene la prioridad de la persona y sus derechos inalienables; la convivencia con otros que pueden pensar diferente; el deber y compromiso de buscar la verdad sin negociarla ante intereses particulares para que dé luces y puedan encontrarse los mejores caminos para la justicia y el progreso.

IV. Participación responsable en las elecciones de 2003

21. Una forma concreta de construir el Reino de Dios en la vida pública es actuar con responsabilidad en las elecciones próximas.

22. La situación de la vida social y el actual proceso de cambio democrático reclaman una presencia de todos para definir los rumbos de la sociedad. No se pueden argüir excusas de ninguna clase para eximirse de la noble tarea de seleccionar a los mejores servidores públicos que lleven al País y a las Entidades locales a mejores condiciones de vida, convivencia y progreso.

23. La participación de los diferentes actores sociales se concretiza de manera particular, según la responsabilidad social ejercida en la comunidad.

24. Quienes organizan los comicios tienen reglamentos claros según los cuales han de guiar su desempeño. Los ciudadanos invitados a participar, acepten de buena gana y realicen con eficacia su trabajo. La sociedad ha reconocido la superación del fraude electoral y tiene confianza en que las autoridades electorales y de gobierno, cumplirán de manera ejemplar sus responsabilidades. A los medios de comunicación, los ciudadanos, solicitamos profesionalismo e imparcialidad.

25. La participación ciudadana se ejerce plenamente con el voto razonado, personal, libre y secreto; es un derecho y una obligación en que se juega el futuro de la región y de la Patria. Ningún desaliento o retraso en el logro de las metas planteadas debería cancelar este derecho y esta responsabilidad.

26. Al hablar de voto razonado, estamos pensando en la consideración informada que el ciudadano hace de la plataforma política de un partido y el perfil de un determinado candidato, con la certeza moral de que su voto cuenta y de que el mayor número de votos definirá de alguna forma el rumbo del gobierno y la sociedad.

27. Los partidos políticos han de dar a conocer su plataforma política y presentar a sus mejores candidatos. Esa es su manera de servir a la sociedad y de encauzar la participación ciudadana en un ambiente democrático. Al ejercer su voto, la ciudadanía debe examinar la trayectoria del candidato; la moralidad de su vida personal y familiar, si ya cuenta con realizaciones; si es honrado y alejado de los vicios. Todo ello es condición para un desempeño eficaz y honesto.

28. Dado que el Evangelio no se agota en una sola opción política y que los cristianos, por derecho, pueden militar en diversos partidos, todos han de conservar su compromiso claro con la fe católica, superando todo relativismo moral y laicismo mal entendido. El pluralismo no es graciosa concesión al relativismo moral, pues hay principios éticos que no son negociables, según enseña la nota de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe: “En tal contexto, hay que añadir que la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral ” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota sobre la participación de los Laicos Católicos en Política, noviembre 24 de 2002, n. 4).

29. La sociedad sigue esperando una actuación responsable en los gastos de campaña y propuestas que manifiesten el compromiso de los candidatos con la sociedad, antes que la descalificación del adversario y la superficialidad de desplantes publicitarios que pueden dar la impresión de que gana quien más gasta.

30. A la lucha electoral sigue el trabajo generoso de colaboración por parte de quienes, proviniendo de diversos partidos y perfiles ideológicos, deberán asumir su papel de autoridad que gobierna para todos.

31. Los electos, en ejercicio del poder, han de mantener su propósito inamovible de servir con eficacia y honradez sin dar gusto a grupos de presión, alianzas o compadrazgos ajenos a la democracia.

32. Quienes no son electos tienen una función importante en el ejercicio del poder y son también corresponsables en la vida pública. La sociedad rechaza una actitud negativa que anula toda buena intención y esteriliza los mejores planes de desarrollo. Los boicots y descalificaciones irracionales son contrarios a la democracia que la comunidad ha ejercido y presentado como su mandato a los servidores públicos.

Exhortación fina
Hermanos cristianos y ciudadanos:

33. La hora que México vive es la de la transición paulatina a la democracia y esto significa corresponsabilidad en la vida pública.

34. El parto doloroso del cambio democrático puede generar desánimo en quienes exigen transformaciones más aceleradas. Esto no ha de disminuir el amor y el compromiso por un México unido y progresista que supera el lamentable espectáculo que dan las facciones que se anulan mutuamente.

35. Por ello, exhortamos a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a seguir comprometiéndose por México y por sus instituciones, a promover la participación responsable; a no cansarse ante los aparentes pequeños logros; a trabajar con empeño y hacer vida los valores del Reino de Dios.

36. Que María Santísima que nos ha unido en la identidad de un mismo pueblo y que es espejo de justicia y misericordia, acompañe a los cristianos de la Región Pastoral de Occidente en su tarea de vivir una mejor democracia.

37. Que el Señor Jesús, luz y vida del nuevo milenio, y a Quien nos preparamos a celebrar en el 48º Congreso Eucarístico Internacional en 2004, nos infunda confianza en nosotros mismos y en las instituciones de la vida pública para que su Reino de amor, justicia y paz se haga cada vez más presente entre nosotros.

Con nuestra bendición de Padres y Pastores.
2 de febrero de 2003, Fiesta de la Candelaria.
Los Obispos de la Región Pastoral de Occidente.

Sr. Card. Juan Sandoval Íñiguez
Arzobispo de Guadalajara

Mons. Javier Navarro Rodríguez
Obispo de San Juan de los Lagos

Mons. Lázaro Pérez Jiménez
Obispo de Autlán

Mons. Gilberto Valbuena Sánchez
Obispo de Colima

Mons. Ramón Godínez Flores
Obispo de Aguascalientes

Mons. Antonio Pérez Sánchez
Obispo de El Nayar

Mons. Alfonso H. Robles Cota
Obispo de Tepic

Mons. Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
Obispo de Zacatecas

Mons. B. Rafael León Villegas
Obispo de Ciudad Guzmán

Mons. J. Trinidad González Rodríguez
Obispo Auxiliar de Guadalajara

Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara

Mons. Benjamín Castillo Plascencia
Obispo Auxiliar de Guadalajara

Mons. Rafael Martínez Sáinz
Obispo Auxiliar de Guadalajara

Mons. José María de la Torre Martín
Obispo Auxiliar de Guadalajara


Portada
Directorio
Ediciones Anteriores
Arquidiocesis de GDL
Pág. Principal