Edición 340
10/08/2003

Panorama Parroquial

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Un “pueblo” dentro
de la mancha urbana
Nuestra Señora del Rosario de Atemajac del Valle

• Miguel Ángel Sánchez de la Torre

Una rica historia

Dividida por la Avenida Federalismo, pero unida por el compromiso cristiano, la comunidad parroquial de Nuestra Señora del Rosario, ubicada en la Colonia Atemajac del Valle, mejor conocida por sus habitantes y en los alrededores como «El pueblo de Atemajac», se encuentra en plena celebración de sus fiestas patronales.

Atemajac, como también se le dice, es una colonia enclavada dentro de la Zona Metropolitana de Guadalajara, y también es uno de los pueblos más antiguos del Occidente del País y tiene, por tanto, un alto contenido histórico. Existen indicios de que fue aquí, donde se establecieron los primeros asentamientos aztecas, que, en el año de 1130, fundaron y habitaron el gran Valle de Atemaxaque, cuya traducción del náhuatl significa: «Lugar donde las piedras se bifurcan o dividen el agua».

La fe cristiana llegó a este pueblo gracias a los esfuerzos y dedicación de los misioneros y apostólicos frailes de la Orden de San Francisco quienes, en 1531, impusieron el Sacramento del Bautismo a los naturales de este poblado. Después, se dieron a la tarea de construir el templo parroquial, al que le imprimieron un estilo colonial y cuyo levantamiento concluyó en 1795. Tras la muerte del párroco Donaciano Murguía en 1888, quien fue sepultado en el mismo templo, se construyó la torre, adquiriendo así la parroquia, la forma que actualmente ostenta.

La erección parroquial de Atemajac fue realizada por el Sr. Cardenal Don José Garibi Rivera, el 21 de septiembre de 1963. Actualmente la parroquia es el centro del decanato, que nombrado de igual manera, abarca nueve parroquias.

Y la historia sigue...

Hoy, es el Sr. Cura Luis Gallo Mercado, originario de Yahualica, Jalisco, quien tiene a su cargo la Parroquia de Atemajac, junto con los sacerdotes Ernesto Velarde Gutiérrez y Enrique Bustos González, los que mediante el trabajo en equipo, han enfrentado los retos que plantea la comunidad.

Asimismo, los agentes laicos de pastoral procuran dedicar el mayor tiempo posible para llevar a buen término su compromiso con Jesús, además de cumplir con las tareas que el Sr. Cura Luis Gallo les encomienda.

Por ejemplo: durante los días de celebración de sus fiestas patronales, los sacerdotes y agentes de pastoral, después de prepararse espiritual y humanamente, visitaron puerta por puerta todas las casas de la comunidad para llevar el mensaje del Evangelio, y así propiciar el encuentro personal con las familias.

La Imagen de Nuestra Señora del Rosario

Circulaban varias hipótesis sobre el origen de la Imagen de Nuestra Señora del Rosario, una escultura que mide poco más de metro y medio de altura, tallada en cedro, donde la Virgen lleva en sus brazos al Niño Jesús y los dos se encuentran coronados, pero no fue sino hasta 1905 cuando, tras la realización de un profundo estudio, se llegó a la conclusión de que dicha imagen procedía de Guatemala, y que fue mandada hacer en el siglo XVIII con la finalidad de colocarla en el Templo de Santa Mónica. Allá por 1861, la imagen de Nuestra Señora del Rosario fue donada a la comunidad de Atemajac, junto con la imagen del Señor San José, esculturas que pueden verse actualmente en el altar del templo.

Cuando la imagen llegó a la parroquia, la comunidad de Atemajac ya celebraba sus fiestas patronales el 15 de agosto, por ese motivo es que no se le honra el 7 de octubre, día que corresponde en el calendario a Nuestra Señora del Rosario. Aunque, cabe indicar que tiempo atrás, algunos sacerdotes que estuvieron en la parroquia pretendieron celebrar las fiestas patronales ese día; mas se impuso el fervor de los habitantes por conservar su añeja tradición.

La campana desterrada

En el arco superior derecho de la torre parroquial, actualmente en desuso, se encuentra una de las reliquias más antiguas de esta comunidad: una campana bautizada como Santa María de Gracia (según indica una inscripción) que fue fundida en España, en el año 1019. Se dice que esta campana fue retirada y enterrada por mandato del Rey Carlos V, debido a que no repicó para celebrar uno de sus triunfos. Tiempo después, durante la realización de unas excavaciones, fue hallada y colocada nuevamente en la torre del templo, como señal de agradecimiento por todos esos años en los que convocó a los actos de culto a los nativos de la comunidad.

45 años de trabajo pastoral

La señora Alde Díaz de Nava tiene un largo caminar en la labor pastoral de la Parroquia de Atemajac. La mayor parte del tiempo, desde su Matrimonio, realizó su apostolado junto su esposo, quien a sus 87 años y por su precaria salud ya no puede seguir con sus actividades. Sin embargo, con gran entusiasmo, la señora Alde comentó para Semanario: «Mi esposo y yo siempre trabajamos en pareja. Coordinamos, durante diez años, la Cruzada de Oración en Familia; por 14 años impartimos pláticas prematrimoniales y prebautismales, participamos en asambleas, en la Acción Católica y ahora yo sola continúo con mi Grupo de Biblia y de Catequesis para adultos. He visto pasar a todos los párrocos y sacerdotes desde que la parroquia fue consagrada».


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