Edición 388
11/07/2004

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Sobrepoblación: Engaño mundial

• Xóchitl Zepeda León

La campaña de desinformación más grande de la historia humana.

En cuántas ocasiones, a lo largo de nuestra vida, hemos escuchado que el mundo está sobrepoblado, que dentro de poco tiempo escasearán los alimentos, que no habrán los insumos suficientes para cubrir las necesidades de una población que crece alarmantemente cada día; que es mejor pensar en «pocos hijos, para darles mucho», y que de no detenerse esta tendencia de miles de nacimientos por día, el planeta sucumbirá ante una catástrofe social, alimentaria y ecológica.

Pese a esta visión fatalista y antinatalista, cabe preguntarse por qué entonces, y según diversos estudios, entre ellos uno del Banco Mundial (World Development Report), la tasa de crecimiento poblacional anual mundial ha tendido a disminuir.

La evidencia de los números

Dicho estudio, que especifica que durante la década comprendida entre 1970 y 1980, ésta fue de 2.2 por ciento; en tanto que en el periodo que va 1980 a 1992, disminuyó a 2 por ciento; y en el lapso de 1992 al año 2000, fue apenas de 1.7 por ciento. Asimismo se desglosa del mismo estudio, que entre los años 2000 y 2050, todos los países del mundo alcanzarán una tasa de reproducción neta de 1 por ciento, de lo que se deduce que las mujeres tendrán, en promedio, hijas apenas suficientes para que se reemplacen a sí mismas en la población.

Algunos sociólogos, economistas, pero sobre todo políticos, de los países ricos, e incluso, de los mismos países en vías de desarrollo, alegan que es precisamente en estos últimos donde se localiza el problema de la sobrepoblación; sin embargo, los números no mienten –y sí desmienten–, ya que en los países pobres la tasa ascendió a 2.2 por ciento entre los años 1970 y 1980; se redujo a 2 por ciento de 1980 a 1992, y a 1.7 por ciento, entre 1992 y el año 2002.

Distribución caótica

La población mundial actual se estima en seis mil millones de personas; y se calcula que esta cifra seguirá aumentando hasta el año 2050, cuando alcance su punto máximo en nueve mil millones; aunque otras predicciones fijan este punto en sólo 7.5 mil millones para 2040. Por consiguiente, no existe actualmente una «explosión demográfica», sino que se tiende a una situación de estabilidad demográfica; cuestión que parece no la quieren ver algunos que cuentan sólo lo alto de los índices de natalidad en el tercer mundo, y olvidan lo bajos que son en el primer mundo. Por si fuera poco, no consideran que no es que el planeta esté sobrepoblado, sino que los millones de habitantes estamos mal distribuidos.

Campaña de desinformación

Se dice que podríamos vivir todos en una gran ciudad del tamaño del estado norteamericano de Texas, dejando el resto del mundo vacío, ya que ocupamos sólo el 1 por ciento de la superficie de la Tierra.

Ante esta situación, Semanario ofrece una perspectiva diferente de todas las que hasta ahora se han divulgado, alejada de aquellos esquemas de investigación alarmantes que refieren que de no detenerse el crecimiento poblacional, el mundo, «sobrecargado», sucumbirá en unas cuantas décadas más y explica por qué se cree que el mencionado problema responde sólo a un sonado mito: el de la sobrepoblación, el cual ha sido calificado, por el investigador y también analista internacional de la revista WorldNetDaily, Anthony C. Lobaido, como «la campaña de desinformación más grande de la historia humana», que responde al supuesto de que «el planeta está totalmente sobrepoblado, y si no se hace algo para limitar el crecimiento poblacional, el desastre será inevitable».

El origen del mito

La histeria contemporánea en torno a la «sobrepoblación» comenzó en 1968 con la publicación de una obra, titulada: The Population Bomb (La bomba de la población). Su autor, Paul Ehrlich, quien fue mentor de Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos, compartió ideas similares con los propagandistas del control demográfico.

En su ya mencionado libro, Ehrlich, quien no tenía la profesión de demógrafo, predijo que «nos reproduciremos hasta caer en el olvido», es decir, hasta la extinción. Basados en esta suposición, los contribuyentes comunes en Estados Unidos gastan, hasta la fecha, miles de millones de dólares en programas de control demográfico a través del mundo. La mayoría se llevan a cabo en países subdesarrollados; así lo reseña en su libro Anthony C. Lobaido. Sin embargo, no se debe soslayar que el texto The Population Bomb, constituyó como una respuesta a un periodo coyuntural determinante, es decir, las advertencias de Ehrlich marcaron el rumbo del momento. Sus inquietudes se justificaban en el contexto de la época. En la década de los años sesenta, la población mundial crecía al ritmo más acelerado de la historia.

Por ejemplo, en los países en vías de desarrollo, la población aumentaba a razón de 2.5 por ciento anual y representaba más del 70 por ciento de la población total del mundo. A ese ritmo, su número se doblaría cada 27 años. Esa situación infundía temor si se tomaba en cuenta que a la Humanidad le tomó 1800 años alcanzar los primeros mil millones, y tan sólo 130, contar con el segundo millar de millones (1930).

En la década de los años sesenta, las mujeres de los países en vías de desarrollo tenían un promedio de seis hijos, y la esperanza de vida al nacer aumentaba a un ritmo nunca antes experimentado. Es precisamente debido a la preocupación por la rápida evolución demográfica que los países comenzaron a adoptar las normas de una política nacional que atendía el rápido crecimiento demográfico.

Es cierto, las apreciaciones de Ehrlich no eran del todo erradas. Sólo que ahora, en pleno siglo XXI, las necesidades y realidades del mundo son otras, y, por ende, los mecanismos y estrategias para sufragarlas también deben serlo.

Población numerosa no es sinónimo de pobreza

Durante décadas se ha postulado la idea de que el crecimiento desmedido de la población, el cual ya se demostró que no existe, al menos no en las dimensiones en que se maneja, es la causa directa de la pobreza de las naciones.

Según el estudio del Population Research Institute, cuando se habla de la mentira de la sobrepoblación, España sirve como ejemplo ideal. Durante la generación pasada, este país transitó pacíficamente de la dictadura a la democracia, pero en el camino se sumergió en el fondo del informe mundial de nacimientos y tasas de reposición de Naciones Unidas.

«España se encuentra en el último lugar», especifica el Instituto de Estadística de las Naciones Unidas. «Las mujeres españolas tienen en promedio 1.07 hijos, lejos de los 2.1 necesarios para asegurar la reposición generacional. España tiene actualmente 39.4 millones de personas, un panorama que comenzará a descender en las próximas décadas».

Algunos pretenden encontrar en esta caída de la tasa poblacional la razón del bienestar económico español, pero el desmentido de esta falacia proviene de las ciudades más grandes de Asia, a saber: Bangkok, Seúl, Singapur, Tokio y Hong Kong, todas están sobrepobladas, pero gozan de prosperidad. La «sobrepoblación», evidentemente no conduce a la pobreza, ya que las naciones donde se encuentran estas ciudades no sólo son las más ricas del continente asiático, sino que se sitúan entre las potencias económicas del mundo. Por lo tanto, la causa de la pobreza no es el exceso de población, como siempre se ha manejado. De hecho, se necesita un cierto nivel elevado de ésta a fin de que la economía pueda funcionar con eficiencia. Obreros y agricultores, por ejemplo, tiene que haber en número abundante y colaborar unos con otros para poder fabricar máquinas, trazar y construir carreteras o cultivar la tierra con eficiencia.

Por la destrucción del mundo

El actual movimiento en pro del control demográfico tiene sus raíces en las ideas de Thomas Malthus, economista inglés, quien en su obra An Essay on the Principle of Population... (Un ensayo sobre el principio de la población...), publicado por primera vez en 1798, propuso la tesis de que la sobrepoblación destruiría el mundo, a no ser que la guerra y las enfermedades controlaran el crecimiento de la población humana; empero, se ha demostrado que dicha tesis estaba completamente equivocada. Malthus pensaba que como la población aumenta exponencialmente, en tanto que la producción de alimentos lo hace aritméticamente, esta última no podría, de ningún modo, mantenerse al mismo nivel que el creciente número de estómagos vacíos. Irónicamente, Malthus predijo una inanición a gran escala en vísperas de una de las mayores expansiones agrícolas que la Humanidad ha conocido. En los países desarrollados, en efecto, el hambre ha sido prácticamente eliminada.

Las consecuencias de la mentira

En lugar de aumentar, como podría esperarse, el número de la población con la llegada del desarrollo económico, industrial y científico de los países más desarrollados del mundo, trajo consigo una realidad que ahora es innegable: La población de este conjunto de naciones está envejeciendo y, por consiguiente, disminuyendo.

Continuando con la caída de las tasas de fertilidad y el aumento del aborto, la contracepción y el incremento del rango de vida, el mundo pronto ingresará en un nuevo paradigma, en el que el número de adultos y ancianos será mayor que el número de gente joven. En 1975, el promedio de la edad global era de 22 años; para 2050, será de 38. Europa, Corea del Sur y Japón se verán particularmente golpeados por este fenómeno.

Mas la problemática no acaba aquí, ya que se calcula que para el año 2007, los ciudadanos europeos activos, es decir, en edad de trabajar, con el aporte de sus impuestos solventarán las pensiones de casi la tercera parte de la población de ese continente. Esta es sólo una de las de las predicciones desoladoras que tienen su raíz en los postulados y acciones del exacerbado control demográfico.

Ante esta realidad, que conlleva una baja real en las tasas de fertilidad, Naciones Unidas publicó recientemente un estudio en el que se asienta que dicho continente necesitará una migración masiva procedente de los países del tercer mundo para mantenerse no sólo poblado, sino funcionando en sus diversos ámbitos. El informe, redactado por la División de Población de ese organismo, señala que Corea del Sur, Japón, Europa y Rusia están enfrentando verdaderas «quiebras» poblacionales.

En 2050, la población de Rusia descenderá hasta 150 millones de personas. En la década de los años setenta del siglo pasado, la población de este país de Europa del Este competía con la población de Estados Unidos, en un nivel de más de 225 millones de habitantes.

En 1950, el 32 por ciento de la población mundial residía en países de Occidente, tales como Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Hoy, esa figura se ha reducido a 12 por ciento. Europa tenía 25 por ciento de la población mundial en 1900. Para 2050, Europa tendrá sólo el 7 por ciento. En 1900, Europa tenía tres veces la población de África; y este continente, a su vez, tendrá tres veces la población de Europa para mediados de este siglo.

Las verdaderas causas de la pobreza

Las causas de la pobreza radican en la mala administración de los recursos a la mano, en la corrupción gubernamental, en la centralización estatal de la economía, en la injusticia social, en el capitalismo sin regulación por parte del Estado, en las guerras y en las catástrofes naturales; de ninguna manera en la situación poblacional.

El óptimo poblacional deja ya de ser un problema de exceso de población, para convertirse en una estrategia de potenciación de los recursos humanos, porque, en definitiva, los insumos de una comunidad consisten en la suma de los recursos naturales, de la capacidad de su población para cuidarlos y explotarlos y del nivel tecnológico alcanzado para su buen manejo.

México en perspectiva


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en la sección del Mapa Parroquial

Para nuestro País el panorama no es diferente. Los incesantes cambios demográficos que experimenta México nos obligan a revisar las políticas públicas referentes a la población; los retos incluyen una atención creciente a los adultos mayores.

El País experimenta ahora el efecto de un profundo cambio demográfico iniciado en la década de los años setenta, con la divulgación y práctica indiscriminada de métodos anticonceptivos, lo cual ha implicado movimientos en la estructura de edad de la población. Mientras que en esos años más de la mitad de la mexicanos tenían menos de 15 años, ahora tenemos una población en edad laboral que irá envejeciendo. Es decir, la base de la pirámide de edades ha comenzado a reducirse sensiblemente.

México es el undécimo País más poblado del planeta, y el tercero en América (después de Estados Unidos y Brasil). De acuerdo con el censo del año 2000, en ese año habitaban nuestro territorio 98.9 millones de personas. Somos la Nación que se ubica en el duodécimo lugar por su contribución al crecimiento de la población del planeta. La tasa de crecimiento poblacional natural se encuentra en 1.68 por ciento, por arriba del promedio internacional que es de 1.2, y ligeramente superior al promedio para América Latina y El Caribe, que se sitúa en 1.56 por ciento.

Nuestro País ha seguido los derroteros de la población mundial. Las máximas tasas de crecimiento por arriba del 3 por ciento anual, se registraron entre 1960 y 1970. Si bien el número de mexicanos no ha dejado de crecer, la velocidad con la que lo hace se ha reducido sustancialmente desde entonces.

La causa fundamental de este cambio ha sido la reducción en la natalidad; de otra manera la población del País sería un 52 por ciento superior a su número actual.

Además, la esperanza de vida de los mexicanos se ha incrementado, para alcanzar hoy un promedio de 75 años. En otras palabras, México ha entrado en un proceso de transición demográfica, y se espera que hacia 2040 la población alcance su máximo histórico, para después comenzar a declinar.

El acecho de la urbanización


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Puebla, Tlaxcala, León y Toluca son las otras ciudades que rebasan el millón de personas. El conjunto de estas seis ciudades aglomera el 47 por ciento de la población urbana total de la República Mexicana.

Esto es producto de los fenómenos de urbanización de las ciudades. Mientras que en 1900 las cuatro quintas partes de la población del País habitaban en el medio rural, cien años después, en 2000, el patrón se revirtió por completo: 74.6 por ciento de los mexicanos residía en zonas urbanas.

Por otro lado, el crecimiento de la población rural no ha rebasado nunca el 2 por ciento anual, mientras que en las ciudades se han observado tasas superiores al 5 por ciento. Uno de los resultados de este proceso es la inmensa concentración de la población en muy pocas ciudades.

Quienes vivimos en alguna de estas grandes metrópolis, suponemos y damos por sentado que la cantidad de habitantes es, hasta cierto punto, alarmante y que en el resto del País se da esta tendencia, y, por qué no, en el mundo. Lo cierto es que no somos todos los que estamos, ni estamos todos los que somos. Sencillamente existe una mala distribución de los habitantes, relacionada directamente con las políticas públicas, que tienden a centralizar las principales actividades económicas en las grandes ciudades.

Por ello, en la actualidad, casi la mitad de todos los que habitamos el mundo, radicamos en ciudades, en comparación con un tercio, en 1960. En todo el planeta, las ciudades siguen creciendo a razón de 60 millones de personas cada año, y hacia 2030, según se pronostica, más del 60 por ciento de la población, cinco mil millones de personas residirán en zonas urbanas, muchas de ellas «megaciudades», que aglomerarán diez millones o más de personas. Actualmente existen 17 «megaciudades» –en comparación con sólo dos en 1960– y, según las proyecciones, hacia 2015 habrá 26; 22 de ellas en las regiones menos desarrolladas, y 18 solamente en Asia.


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A manera de reflexión

Se podría especular mucho sobre cuáles son los motivos de quienes promueven el control demográfico mundial. Nos parece que el discernimiento espiritual cristiano tiene la respuesta. Durante mucho tiempo la reflexión cristiana ha llegado a la conclusión de que los tres grandes enemigos de la persona, en su dimensión ética, son: El amor al dinero, al placer y al poder.

No cabe duda de que los recursos económicos, o mejor dicho, la seguridad de continuar detentando este poder, es uno de los motivos por los cuales las naciones poderosas controlan las poblaciones de los países en desarrollo. Nos limitamos a decir que, a principios de la década de los años setenta, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió un documento, denominado: El Informe Kissinger, en el cual se afirmaba que los intereses económicos de ese país exigían el control demográfico de los países menos desarrollados. El temor a un agotamiento de las materias primas en esos países, a causa de un crecimiento demográfico «descontrolado», era una de las razones aducidas.

En cuanto al placer, tampoco cabe duda de que tanto el aborto como la anticoncepción prometen, a costa de la integridad física y moral de los jóvenes, especialmente, una vida de promiscuidad o de libertinaje sexual sin límites.

¿Y el poder? ¿Dónde entra el ansia de poder en todo esto? El Informe Kissinger, ya mencionado, señalaba también que un crecimiento demográfico «desmedido» de la población, en los países en desarrollo, podría constituir una tentación a la rebeldía contra los países ricos.

La realidad total sobre este respecto la desconocemos; sin embargo, en lo concerniente a la existencia e instrumentación de múltiples y amorales mecanismos para abatir la natalidad, podemos establecer que su existencia atenta definitivamente contra la evolución y permanencia de la especie humana sobre el planeta.

Fuentes consultadas

• Anthony C. Lobaido, The Overpopulation Lie. Mass Abortion, ‘Gendercide’, Junk Science Leading to Under-Population Crisis, WorldNetDaily.com, Inc., 2000 www.worldnetdaily.com, 2 de mayo de 2000.
• Austin Ruse. El sistema de pensiones europeo se colapsa y La fertilidad amenazada. Instituto Católico para la Familia y los Derechos Humanos, una entidad no lucrativa que se dedica a observar e informar sobre las actividades de la ONU en los asuntos que tienen que ver con la vida humana, la familia y el control demográfico.
• Adolfo J. Castañeda. ¡Vale la pena vivir! Artículo: «La mentira de la ‘sobrepoblación’».
• ACI Digital. ACI Digital, 9 de febrero de 1999, citado en «Bill Gates hace donación histórica al control demográfico y al aborto», Escoge la Vida (marzo-junio de 1999): pág. 7.



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