Edición 472
19/02/2006

Tema de la Semana

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La Iglesia sí habla de política
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Ser católico y ciudadano

«Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de Derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana»
(CDSI, P. 225)

¿Qué es la política?

La política es la actividad que realiza el hombre para organizar la interrelación entre las personas, de forma en que se procure un respeto y un ambiente apropiado para que éste se desempeñe adecuadamente.
En ese sentido, refirió el Padre Candelario Sánchez Muñoz, Maestro de Sociología en el Seminario Mayor de Guadalajara, «la política tiene que ser una forma de provocar el bien y armonizar el trato de unos para con otros».
En una democracia la actividad política es realizada por individuos a quienes el pueblo delega una autoridad para que organice, ordene y estructure la manera en que se tiene que convivir en una determinada circunstancia social.

¿Cuál es la responsabilidad política del católico?

El ser cristianos nos inserta de manera plena en el mundo, en la sociedad. Un buen católico tendrá que ser también una persona responsable, sensata y cooperadora con la comunidad y, si las normas que establece el Estado son para bien, tiene la obligación de atenderlas.
La Iglesia pide al católico atender sus obligaciones civiles, ya que forma parte de una sociedad en la cual debe participar y buscar el bien común; de esta manera se atiende también el bien particular.
El católico deberá ser responsable de sus decisiones y comprender la importancia que tiene su participación política, la cual abarca también sus principios de fe.
Compaginar sus principios y valores cristianos con la responsabilidad civil y social, lo llevará también a analizar la rectitud de las personas en las que se pretende delegar la acción de gobernar.
Cabe señalar que la responsabilidad de elegir a los gobernantes no está desligada de nuestra fe y principios cristianos, ya que las leyes de una sociedad o de un grupo humano surgen de los valores, tradiciones y costumbres que la gente vive. Es por lo anterior que fe y política, al pertenecer a las esferas del quehacer humano, no pueden ni deben desligarse.
Lo mismo sucede con la democracia, la cual incluye necesariamente tres cualidades básicas: La paz social, la estabilidad económica y la participación ciudadana; valores universales que coinciden plenamente con los principios cristianos; por lo tanto, ésta debe ser un fin anhelado para bien de la colectividad.
La Iglesia se ha pronunciado contra aquellos gobernantes que no han visto por el bien del pueblo, como la doctrina de Cristo y la civil lo refieren.
La Iglesia, hoy más que nunca, no debe ni puede recluirse en la sacristía, ya que abandonaría parte de su acción y responsabilidad social; más bien, debe motivar a los fieles a mostrar talento y madurez para aprovechar el momento histórico que vive México, en su camino de construcción hacia la democracia.


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