El espacio amable de Guadalajara
El 14 de febrero se cumplieron 464 años de que nuestra ciudad de Guadalajara fuera fundada; es una ciudad, según mi parecer, querida por la Providencia Divina, puesto que se asentó aquí contra la voluntad y los propósitos de los hombres, ya que fue civilmente creada mediante un decreto real, pero se vio obligada a andar errante antes de encontrar su asiento definitivo como capital de la La Nueva Galicia.
Y esta ciudad ha llegado a convertirse en la segunda ciudad en importancia en el País en cuanto a número de habitantes. Posee características muy propias, muy distintivas, que incluso han servido para enaltecer la imagen que se tiene del País, y como Iglesia ha sido bendecida por Dios con numerosas riquezas espirituales y dones, de tal manera que los aspectos espirituales y religiosos de Guadalajara forman parte importante de su esencia.
Por ello, todos los habitantes debemos celebrar este aniversario, agradeciendo a Dios Nuestro Señor el que nos permita vivir en esta ciudad, por muchas razones: El buen clima que posee, su posición geográfica, las ventajas propias de una metrópoli, la rápida comunicación, el trato humano entre sus habitantes, etcétera; esto, sin pasar por alto los graves problemas que debemos enfrentar a raíz de su crecimiento. Guadalajara, digamos, fue una ciudad pequeña, modesta, sin pretensiones, hasta principios del siglo XX; hoy es una gran urbe, con todos los dilemas que esto acarrea: El hacinamiento de la población, la contaminación, la vida acelerada, etcétera. Empero no todo lo negativo depende en sí de este desmedido crecimiento urbano, sino que es provocado por nosotros, y eso es lo que podemos y tenemos que remediar. Hay, por ejemplo, grandes cantidades de contaminantes en el aire que respiramos, lo que genera muchas enfermedades en niños y adultos; hay también asentamientos irregulares, anchos cinturones de miseria, enormes diferencias económicas y sociales hirientes; hay violencia, crímenes que no son castigados y otras desgracias que no son necesariamente propias e inevitables en una gran ciudad, porque hay ciudades en el mundo también muy grandes, pero que no padecen esos males en tal número e intensidad, puesto que sus habitantes han hecho lo necesario para evitarlos o disminuirlos.
No se trata solamente, pues, del daño al medio ambiente, sino que la ecología humana está muy dañada; se ha dado paso a la inmoralidad, al permisivismo, a la violencia, que corrompen a la juventud, disuelven los matrimonios y esto deviene, en algunos casos, en el incremento de niños de la calle y otros fenómenos que dañan la vida de la ciudad.
Al celebrar este aniversario, exhorto a todos los que vivimos en esta gran comunidad tapatía, a remediar todo aquello que esté al alcance de nosotros, y hacer de nuestra ciudad un espacio amable, sano, donde nuestra vida pueda desarrollarse y realizarse plenamente. Hay que recordar que podemos recurrir a Nuestra Señora de Zapopan, Patrona de Guadalajara, cuya imagen, providencialmente, está entre nosotros desde poco antes del nacimiento de esta urbe. Si la ciudad fue fundada por decreto real en febrero de 1542, la Virgen ya estaba en Zapopan desde un mes antes, como en espera de la fundación de nuestra ciudad para hacerse cargo, con su amor maternal, como lo ha hecho a lo largo de todo este tiempo, de los habitantes de esta hermosa Perla de Occidente, a la que debemos cuidar, amar, sanear.
|
|