Edición 549
12/08/2007

Bitácora de esta América Nuestra

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Tensión en Bolivia:
Discuten su capital nacional

Pbro. José Manuel Anceno Rivas, enviado especial

El asunto discutido es palpitante, de gran actualidad y coyuntura políticas para el futuro de Bolivia y su unidad, con sus reivindicaciones sociales de justicia

La agria discusión que se debate en Bolivia sobre si los poderes Ejecutivo y Legislativo, hoy con sede en la ciudad de La Paz, deberían asentarse en Sucre, la capital histórica, donde sólo permanece el Judicial, no es solamente una anacrónica cuestión de historia y «abolengo político», sino que encierra una fuerte dosis de lucha política de fondo entre el régimen «unitario y presidencialista» de la República boliviana, ratificado todavía en 1994, que refrenda la importancia axial de La Paz como capital política nacional, frente a los asambleístas de la oposición, que insisten en que la capital «constitucional» debe albergar a los tres poderes en Sucre. Pero la discusión no es sólo por añoranza histórica bolivariana, sino porque si eso sucediera, los departamentos más ricos (de los nueve del país): del Beni y su gran río; de Pando (irónicamente por el general Pando, que se llevó los poderes a La Paz); Santa Cruz de la Sierra y el de Tarija, podrían pugnar con más fuerza por sus autonomías políticas, que protegerían su hegemonía económica.

La luz de la historia sobre el planteamiento actual

Sucre, capital del Departamento de «Chuquisaca», nombre que dan al reclamo esgrimido por los opositores que pugnan por Sucre como capital única, fue ciudad centro de la Real Audiencia de Charcas hasta 1825. Y en ella, Bolívar, y su brazo derecho J. Antonio Sucre, vencedor insurgente en batallas decisivas como Ayacucho, la nombraron «capital» del Alto Perú, hoy Bolivia, en tiempos de independencia.
Pero en la cruenta guerra civil de 1899, los liberales del general J. Manuel Pando, instalaron los poderes Ejecutivo y Legislativo en La Paz. La ciudad de Sucre declinó. Bolivia transitó entonces por dos siglos tormentosos: XIX y XX. Padeció presidentes liberaloides que la explotaron «patrimonialmente», sin sentido patrio, y establecieron una oligarquía de casi un siglo. Por ellos se perdió la guerra contra Chile y las costas bolivianas del Pacífico (1878). Posteriormente, Bolivia perdería el inmenso territorio de Acre contra Brasil, en 1903. Y entre 1933 y 1935 perdería el Chaco Boreal, en insensata guerra contra los paraguayos.
El sentido de unidad nacional brotó hasta con los movimientos revolucionarios de Paz Estensoro y del general Juan Torres, con una revolución más justa y estructural, allá por 1952. Todo ello con La Paz como capital indiscutible de la república, y a pesar de dictaduras militaristas posteriores.

El punto neurálgico de hoy en el cambio de capital

La Paz y el departamento de El Alto obviamente; el Presidente Evo Morales y su proyecto de Asamblea Constituyente y de Nación Una, junto con el gran apoyo indígena (36 pueblos-etnias y el Movimiento Obrero, de gran beligerancia; y además, el Ejército, rechazan el cambio a Sucre. Ya han realizado recias marchas y un «multitudinario Cabildo», con mucho sabor histórico y político. Por el otro lado están los departamentos opositores que pugnan por «mover» la capital a Sucre, por su ambición de las autonomías regionales hegemónicas. Es momento de coyuntura política de viraje crucial.

El Papa Juan Pablo II abogó por la unidad

Significativamente, el Papa Juan Pablo II, en su histórica visita a ese país sudamericano, abogó por la unidad nacional y Mons. Jesús Juárez recientemente afirmó, enfáticamente, el peligro de una «parcialización». Un caso de pronóstico grave.


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