Día del Párroco
• Cristina Elizabeth Díaz Morales
El pasado 3 de agosto se celebró el Día del Párroco, ya que el día 4 la Iglesia conmemora a San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, un sacerdote diocesano francés, plenamente dedicado al servicio pastoral de los fieles, tras la Revolución Francesa. Este santo fue declarado modelo y Patrono de todos los sacerdotes, especialmente de los párrocos.
Con sus virtudes y defectos, los sacerdotes son referentes importantes de la comunidad parroquial. Su labor busca la salvación espiritual y la promoción de la persona.
El párroco debe situarse en medio del mundo, con límites geográficos concretos, pero abierto a los cuatro vientos.
El Código de Derecho Canónico define así al párroco: «Es el pastor propio de la parroquia que se le confía, que le está encomendada bajo la autoridad del Obispo diocesano, en cuyo ministerio de Cristo ha sido llamado a participar, para que en esa comunidad cumpla las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación de otros presbíteros y diáconos, y con la ayuda de los fieles, conforme a la norma del derecho».
El Cura de Ars

Nació el 8 de mayo de 1786, en Dardilly, cercano a Lyon. Fue ordenado sacerdote en 1815; posteriormente fue nombrado párroco de Ars-sur-Formans, en 1818, pequeña aldea francesa donde permaneció por 41 años hasta su muerte, en 1859 y a la que convirtió en lugar de peregrinación.
El 31 de mayo de 1925 fue canonizado por el Papa Pío XI, quien tres años más tarde, en 1928, lo nombró Patrono de los Párrocos.
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