Edición 549
12/08/2007

Vida Consagrada

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Decididos a tener sueños y luchar para lograrlos
Se buscan jóvenes

Hna. Martha Lorena Peralta Ramírez
Orden de la Visitación de Santa María

Nuestro País tiene fama en el mundo, entre otras cosas, porque sus habitantes son de mayoría católica, por su amor a la familia y apego a los valores morales. Pero hoy cabría preguntarse qué es lo que está pasando con nuestra sociedad, sobre todo con la jalisciense que, por décadas, ha sido cuna de renombrados poetas, músicos, celosos pastores, jóvenes ardientes y mártires que han sido coherentes con sus principios y su fe, hasta el punto de derramar su sangre por defender sus creencias.
Ciertamente, en nuestra arquidiócesis tenemos un Seminario floreciente, colmado de jóvenes en formación, abiertos a la voz de Jesús Buen Pastor que los ha llamado a seguirlo y que han acudido a su invitación buscando crecer y ser felices desde la vida de oración, práctica de Sacramentos, apostolado, en una vida íntegra y llena de sentido.
Pero al mismo tiempo abundan los jóvenes que son fuertemente tentados a vivir inmersos en un ambiente de consumismo, droga, libertinaje, ruido mundanal, que los hace perder sensibilidad, los vacía de sus ilusiones y los incapacita para saber enfrentar los retos que requieren esfuerzo, donación de sí mismos y compromiso.

Atraídos por la oración

Debemos reconocer lo positivo que tienen muchos jóvenes de hoy: una creciente sed espiritual, que los hace sentirse atraídos por la oración, y en cuyo interior se aviva el deseo de ser llamados a la solidaridad, a celebrar juntos y ayudar a los más pobres; sin embargo, no todos acuden a ese llmado, o si lo hacen, no
perseveran.
Entonces, podemos preguntarnos: ¿qué está pasando con los jóvenes, en sus comunidades, en los grupos de adolescentes y jóvenes parroquiales, que evidencie esa aceptación y perseverancia en un camino sólido de intensa y comprometida vida cristiana, en su misión de ser lumbreras por su testimonio en este mundo de tanta oscuridad y confusión, de ser signos de amor y esperanza, de derramar vida en su entorno frente a una agresiva «cultura de la muerte», como bien la llamara el Papa Juan Pablo II?

Las muchachas, ¿qué buscan?, ¿dónde están?

Recientemente, se han celebrado en nuestra arquidiócesis, jornadas vocacionales de Previda Consagrada dedicadas a las jóvenes; la última de ellas fue de Vida Contemplativa, y tuvo lugar del 20 al 22 de julio. En estos espacios se les exhortó a acercarse a Dios y descubrirlo como alguien realmente importante, que las llama a ejercer una vocación única que es la santidad; pero donde es necesario descubrir el estilo de vida por el cual han de llegar a la plenitud de la vocación, que puede ser vida consagrada, Matrimonio o soltería. Estos encuentros fueron sin duda, para muchas jóvenes, la oportunidad de descubrir por dónde habrían de encaminar su vida.
Las jornadas de Previda Contemplativa se realizan cada año, con el equipo de promotoras vocacionales de las hermanas de vida contemplativa, quienes comparten su testimonio de vida de oración y fraternidad; asimismo, a las asistentes se les da a conocer a detalle lo que comporta el estilo de vida contemplativa y sus distintas formas de espiritualidad y carismas. Sin embargo, cabe señalar el dato de que en esta última jornada sólo participaron 22 jóvenes, 70 por ciento menos que el año pasado. ¿No habrá más muchachas que quieran conocer su vocación, asumiendo una actitud permanente de búsqueda y escucha? Por eso nos preguntamos qué está pasando con nuestros jóvenes.

Todos somos promotores

Hoy la Iglesia nos urge a trabajar en la promoción de las vocaciones. A todos los bautizados nos corresponde cuestionar o invitar a los jóvenes de nuestras familias y barrios, comunidades parroquiales, colegios, lugares de trabajo, vecinos, amigos, de manera inteligente pero audaz respecto a su vocación como cristianos, o ayudándoles material y espiritualmente para que se animen a vivir estas experiencias que realmente pueden cambiar sus vidas, y de este modo puedan, si son llamados, llegar a ser profetas en medio de su pueblo, anunciadores de la Buena Nueva del Evangelio de Jesús, y dignos portadores de vida y esperanza, construyendo desde adentro la civilización del amor.
Nuestro apoyo puede ser, primero, a través de la oración constante y el sacrificio por las vocaciones; después, mediante un fiel testimonio de nuestra vida en la vocación a la que Dios nos ha llamado, y siendo también portavoces de Dios para invitar, motivar, inquietar a los jóvenes a dar más y a no tener miedo de seguir a Cristo y enamorarse de Él, entregándose a sus hermanos, para que alcancen la eterna salvación.
Y si a ti, joven, Dios te está llamando, no temas decirle que «sí»; o si un miembro de tu familia es el elegido, dale gracias a Dios, pues es un signo de predilección de parte del Señor.


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