Edición 561
04/11/2007

Serial • México tierra de Cristos

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Un gran Señor

Víctor Manuel Pazarín

El 9 de marzo de 1679 –refiere la historia–, llegó a la Parroquia de Santiago Apóstol de Ameca, el Obispo de Guadalajara, Juan Santiago de León y Garabito, en visita pastoral; y en acta, que en sus últimas hojas del libro de bautismo número 1, está escrito este hecho –como refiere Mons. Ramón Godínez en una nota–: El señor Obispo afirma que en el altar mayor del templo, entre seis lienzos de pincel de pinturas de santo, se encuentra en una urna un santo Cristo Grande muy devoto.
En ese tiempo, el templo era humilde, pero después se edificó un recinto de tres naves que, por ser insuficiente, fue demolido para dejar lugar a la iglesia actual, edificada entre los años de 1723 a 1770.
«En el año de 1755, siendo párroco de Ameca el sacerdote Juan Antonio Dávalos, el Obispo Fray Francisco de San Buenaventura Martínez y Tejeda visitó el pueblo de Ameca, y reconoció la gran devoción de los vecinos al Santo Cristo»; concedió especiales indulgencias a los que hicieran oración ante la imagen.
El 25 de octubre de 1798, el sacerdote Dávalos falleció, y en testamento escrito –que se guarda en el archivo parroquial–, dejó estipulado que, con sus bienes, se cubrieran los gastos de celebración de la Santa Misa todos los viernes en honor del Santo Cristo del altar mayor de la Parroquia de Ameca, y que se nombrara un sacerdote capellán que se encargara especialmente de cuidar y promover el culto al Señor crucificado.

Los pobladores y su Señor

El 16 de marzo de 1835 se reunieron algunos vecinos del pueblo, los llamados «Indios del Pueblo de Ameca», y eligieron a los oficiales del Señor Grande, anotándolos en listas, y ellos mismos, acta de por medio, se obligaron, con muy fina voluntad, a hacer un altar de piedra al Señor Grande.
Pero no fue sino hasta el 8 de marzo de 1870 cuando el párroco Miguel Ignacio Izquierdo autorizó el Reglamento de los Oficiales del Señor Crucificado, cuya fiesta anual data, según la tradición, desde la comparecencia de la bendita imagen en esta parroquia.
Todas las generaciones amequenses han tributado especial homenaje al Señor Grande, y también han aportado sus ofrendas para el mantenimiento y decoración del templo.
Por cierto, en el año de 1932, angustiados por un fuerte temblor que se sintió en la región, el párroco Donaciano Ruvalcaba, junto con numerosos feligreses, solemnemente juraron al Señor Grande como protector especialísimo en las calamidades públicas y prometieron no abandonar jamás la religión católica.

Fuente: Texto escrito por Mons. Ramón Godínez Flores (+), que fuera Obispo Auxiliar de Guadalajara y Obispo de Aguascalientes.


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