Edición 579
09/03/2008

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Día Internacional de la Mujer
‘Eva’ significa ‘vida’

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Como cada 8 de marzo, éste puso de manifiesto el ahínco con el que, desde hace un siglo, las féminas han luchado por conseguir condiciones iguales en un mundo que, en aquel entonces, parecía diseñado para los varones


No sólo en la estadística sino en su fina contribución, la mujer ha equilibrado
la aportación humana en todos los campos
Foto: Archivo

La fecha nos invita a reflexionar, a nosotras las mujeres, sobre nuestra identidad femenina, y a los hombres, sobre la natural compañía que Dios les regaló.
«No es bueno que el hombre esté solo, necesita una ayuda adecuada»... Fue así que Dios creó a la mujer: un ser con el que el hombre pudiera hablar, llorar, expresarse, vivir su sexualidad. El hombre necesitaba un complemento que, a la vez, fuese un ser pleno por sí mismo, comenta la Mtra. Patricia Rábling, teóloga y psicóloga, quien desde hace diez años se desempeña en la Pastoral Bíblica Diocesana.

Más que feromonas

«Te llamarás Hawa –es decir, Eva–, que significa ‘vida’; porque tú significas vida: la que gesta la vida». Éstas son más o menos las palabras con las que Adán designó a la mujer que Dios creó para que no estuviera solo. «Ésa es la clave de lo femenino: gestar vida. No sólo gestar un hijo, sino dar vida para alimentar al otro, cuidarlo, escucharlo, servirlo; para trabajar, para construir una familia y una sociedad», apunta la Mtra. Rábling.

Iguales en dignidad

Parece increíble que, en pleno siglo xxi, las mujeres sigamos siendo víctimas de infidelidad, violación, golpes, depresión. Esto se debe en gran parte a que, en el afán de buscar la «igualdad» con el hombre, las mujeres perdemos «identidad»: «Cuando las mujeres tomemos conciencia de que somos seres únicos, indivisibles, sexuados, con ideales humanos, religiosos y políticos, entonces tendremos una apertura más humanística a lo que es ser mujer, y comenzaremos a responder esa pregunta ontológica de “quién soy”, “para qué estoy aquí”, “de qué estoy hecha”, “qué sentido tiene la vida”, “qué sentido tiene el dolor”».
Pocas mujeres sabemos que somos imagen y semejanza de Dios, «porque desgraciadamente hay muy poco conocimiento de la Biblia. Somos católicos de palabra, de Misa de domingo, pero no conocemos la Palabra de Dios, no conocemos el Catecismo de la Iglesia; somos muy pobres en ese sentido».

Detrás de un gran hombre...

Débora fue una judía que era una "psicóloga natural" del Antiguo Testamento. Fue capaz de iniciar una guerra para liberar a su pueblo de la opresión de los cananitas. Sin embargo Baraq, su esposo, le dijo que no eran capaces de librar esa batalla si ella no iba al frente con él. «Aquí se muestra la debilidad de lo masculino y la fortaleza de la mujer. Sin embargo, ella le dice: “Si yo te acompaño, los méritos serían para mí y yo quiero darte tu lugar”. Es una mujer que guarda el equilibrio y que con eso motiva al hombre. Se van a la guerra y gana Baraq, y por tanto Débora; entonces se da en la Biblia, en el capítulo cuarto del Libro de los Jueces, el Canto de Débora, que es uno de los poemas más antiguos que conoce la civilización y llama a la mujer a despertar; es decir, a crecer en nuestros niveles de conocimiento y modificar la situación en la que vivimos».
Ese despertar nos ayudará a romper el cliché de que «detrás de un gran hombre hay una gran mujer», y nos enseñará a caminar juntos, hombro con hombro.

Al rescate de lo femenino

Jesús devolvió la dignidad a las mujeres mediante el amor y la sanación, cuidándolas, sin importar que lo tocaran aun cuando estuvieran «impuras» por la menstruación y dejándose acompañar por ellas; motivo que sirvió como uno de los argumentos para que lo crucificaran. «Para Jesús, antes que la ley de la Torá, estaba la persona», afirma Patricia Rábling.

De un extremo a otro

El ideal de crear un día dedicado a las mujeres, era para pugnar por derechos igualitarios sin diferencia de raza, religión, cultura, situación económica, social o política. Empero, miles de mujeres viven todavía en el maltrato y el menosprecio, y del otro lado de la moneda se encuentran las mujeres que consideran a quienes se oponen a la despenalización del aborto, les niegan la posibilidad de contraer matrimonio con alguien de su mismo sexo, o usar métodos anticonceptivos, enemigos de la dignidad femenina.

Mujeres en la Iglesia

Es evidente que en los últimos cien años las mujeres nos hemos abierto campo en casi todas las áreas que tradicionalmente estaban reservadas para los varones, desde el plano ejecutivo hasta oficios que exigen fuerza y resistencia física. Sin embargo, existe un terreno que, al menos en jerarquía, parece que no hemos conquistado: la Iglesia. «Hemos avanzado poco. Ya al Concilio Vaticano II asistieron seis mujeres; hablamos de hace casi cincuenta años. En algunos Sínodos de Obispos han invitado a dos o tres. Existe una pequeña luz, pero falta recobrar el proyecto de Dios en el génesis de igualdad. Se necesita la aportación de las dos inteligencias, de las dos espiritualidades, las dos psicologías y las dos corporeidades, porque eso es lo que hace a la humanidad», afirma la teóloga.

En México, en 2005, la población femenina era de 53.01 millones, cifra que representa más del 50 por ciento de los habitantes del País, que para el mismo año sumaban un total de 103.26 millones.
En el ámbito educativo, las estadísticas muestran un avance en la incorporación de las mujeres a la escuela: mientras hace treinta años el porcentaje de las mujeres sin instrucción era de 35 por ciento, para 2000 se redujo a 11.7 por ciento. Respecto a la educación superior, en 1969 las mujeres representaban 17 por ciento de la matrícula; para el año 2000 constituían 50 por ciento.
En cuanto a la participación de las mujeres en el mercado laboral, puede decirse que en el transcurso de los años aumentó de manera significativa el índice de la población femenina económicamente activa. Mientras que en los años setenta la tasa de participación de las mujeres era de 16 por ciento y estaba comprendida sobre todo por mujeres solteras que realizaban labores más relacionadas con el sector terciario (tales como secretarias, enfermeras, maestras, meseras y trabajadoras en servicios personales, como trabajo en hoteles y restaurantes, servicios de reparación y servicio doméstico), para 2004 el porcentaje de mujeres en el mercado representaba 37.5 por ciento y estaba formado por personas entre 25 y 39 años que trabajan en el sector servicios y en el comercio.
La importancia de las mujeres en la economía se aprecia, asimismo, en el aumento de hogares sostenidos económicamente por mujeres: en 1976, 13.5 por ciento de los hogares mexicanos tenía jefatura femenina; para 2006 esta cifra se incrementó a 22 por ciento. Lo anterior significa que más de la quinta parte de los hogares mexicanos es dirigida por una mujer.

La idea de celebrar un Día Internacional de la Mujer

Surgió al final del siglo XIX, que fue, en el mundo industrializado, un período de machismo y turbulencia, crecimiento fulgurante de la población e ideologías radicales.
El Día Internacional de la Mujer se celebra desde hace más de nueve décadas. El Día Internacional de la Mujer se refiere a las mujeres comunes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre.

Nada más contradictorio que ser mujer...

Mujer que piensa con el corazón, actúa por la emoción y vence por el amor.
Que vive un millón de emociones en un solo día, y transmite cada una de ellas con una sola mirada.
Que vive buscando la perfección y vive tratando de buscar disculpas para los errores de aquellos a quienes ama.
Que hospeda en el vientre otras almas, da a luz y después queda ciega, delante de la belleza de los hijos que engendró.
Que da las alas y enseña a volar, pero no quiere ver partir los pájaros, aun sabiendo que no le pertenecen.
Que se arregla toda y perfuma la cama, aunque su amor no perciba más esos detalles.
Que, como una hechicera, transforma en luz y sonrisa los dolores que siente en el alma, sólo para que nadie lo note.
Y aún tiene fuerzas para dar consuelo a quien se acerca a llorar sobre su hombro.
Feliz el hombre que sólo por un día sepa entender el alma de la mujer.



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