Agradece su primer ejercicio episcopal
Guadalajara, Jal., 4 de marzo del 2008
«Conviene mucho que el favorecido tenga agradecimiento y dé las gracias, aunque el bienhechor no tenga necesidad de ello».
(Teófilo, en Catena Aurea, vol. iv, p. 47)
Queridos hermanos:
No quiero irme a la Diócesis de Aguascalientes, donde seguiré prestando mi servicio episcopal, sin despedirme de ustedes y agradecerles sus atenciones. Recibí sus muestras de aprecio desde el día mismo que se notificó que, junto con don Rafael, había sido designado, por el Santo Padre Juan Pablo II, Obispo Auxiliar de esta tan querida Arquidiócesis de Guadalajara. Del Seminario Diocesano, donde pasé como seminarista los nueve primeros y decisivos años de mi formación sacerdotal, me enviaron cuanto antes un tesoro espiritual que conservaré siempre con gran aprecio.
Ante la imposibilidad de hacerlo personalmente, tengo que servirme de estas letras para dejar patente mi gratitud y mi compromiso de tenerlos siempre presentes en mi plegaria y en mi corazón.
Estos casi seis años que viví entre ustedes, me serán siempre inolvidables, sobre todo cuando me acompañaron en mi Ordenación Episcopal, en el funeral de mi mamá, y los días que pasé en el hospital. Cuenten siempre conmigo, pues seguiré siendo su hermano entrañable y su amigo fiel, en esas tierras aguascalentenses de nuevo fraternizadas, en mi persona y en mi servicio, con la Arquidiócesis de Guadalajara.
De manera especial quiero mostrar mi gratitud al señor Cardenal don Juan Sandoval y a mis hermanos Obispos José Trinidad, Miguel, Rafael y Leopoldo, por su exquisito trato fraternal, consejos y apoyo incondicional en todas las encomiendas que se me asignaron. También quiero dejar constancia de mi reconocimiento a los sacerdotes y laicos que me auxiliaron tan oportuna y eficazmente, tanto en la Vicaría de Pastoral (P. Francisco Ramírez, P. Rafael Hernández, P. Asís, P. Viteri, P. Cándido, P. Nacho, P. Chepe, Paty y Rosy), y en la Comisión de Pastoral Familiar (P. Ismael Bravo, Paty y Memo Brambila, P. Anceno, P. Federico, P. Bernardo y P. Ramón). Mil gracias les doy también a los Vicarios Episcopales y a los Asesores de las distintas Comisiones Pastorales Diocesanas.
Me voy muy agradecido con todos: con tantos fieles que pude saludar personalmente; con los religiosos y religiosas que pude relacionarme; con los seminaristas y sus familiares; con mis parientes, amigos y vecinos. Recibí con creces los amigos, hermanos y hermanas que dejé en San Juan de los Lagos y eso me ayudó a ensanchar más mi corazón y, obligado con sus atenciones, a ser día con día más agradecido.
Parafraseando a San Pablo, quiero terminar esta carta diciéndoles ¡miren con qué letras tan grandes les escribo de mi propio puño!: «Dios bien sabe cuánto los quiero... Los llevaré siempre en mi corazón». Espero y pido seguir teniendo, también en el suyo, siempre un espacio en el que me recuerden y oren siempre por mí y por la fecundidad en mi ministerio.

Su hermano en Cristo que los quiere y sin duda extrañará:
† José María de la Torre Martín
VII Obispo de Aguascalientes
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