Edición 579
09/03/2008

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Fronteras, cementerios de esperanzas
Los braceros mexicanos, en espera de justicia social
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Fronteras, cementerios de esperanzas

Alberto Ávila Rodríguez


A veces gratamente, en otras con molestia, nos sorprenden los temas que abordan los precandidatos a la presidencia del vecino país del norte. Somos testigos, en forma mediática, de sus discusiones electoreras y de los planteamientos de sus plataformas políticas con las que pretenden ganar las candidaturas oficiales allá, en la nación más poderosa del hemisferio.
Sin duda, una razón para estar atentos a estas discusiones del «país de Jauja», son los miles de kilómetros de frontera que compartimos y que es cruzada por miles de paisanos que proceden de muchos lugares y que recorren distancias enormes con la esperanza de encontrar a los empleos de la abundancia, pero que también sirve para detener miles de sueños inconclusos que quedan ahí frustrados sembrados para siempre.

Las leyes de allá, las opiniones de acá

Hoy se viven ahí tiempos de endurecimiento, se han multiplicado los candados de seguridad debido a los miedos terroristas; se han sofisticado las tecnologías de revisión. Crece el recelo y la duda, no como razones para el conocimiento sino como metodología de la sinrazón, para dificultar al máximo los cruces de fronteras. En su visita reciente a aquel lado de la frontera, el Presidente mexicano señaló puntualmente: «Los mexicanos no somos los enemigos de esta gran nación», y también acotó: «La elección no es entre la migración y la seguridad o entre la seguridad y la prosperidad; la elección es entre un futuro de integración y éxito para ambos, o un futuro de desconfianza y resentimiento entre ambas partes. La elección nos toca a nosotros y el momento está encima». Por su parte, los obispos estadounidenses han dicho al gobierno que su ley de inmigración «es hipócrita, porque no protege los derechos de los trabajadores».

La migración y los santos

Aquí está una historia más, ocurrida en los tinglados migratorios. Un migrante mexicano todavía, con el recuerdo vivo de la familia, después de nutrirse de la religiosidad, allá añorada y por ratos olvidada, como otros millones, tras haber abrevado su alma en oraciones y ruegos en los entornos pueblerinos de la juventud e infancia, regresaba satisfecho a «la república de la organización y el orden». Y con estoicismo hacía fila ordenada en una garita fronteriza. Este mexicano de corazón partido, mientras pensaba sobre la nación que ama y dejaba, y otra la que admiraba y le ofrecía recursos, fue señalado por el índice de fuego de un «oficial de raya» quien lo sometió a una revisión exhaustiva. Tras comprobar su identidad y presentar cuanta documentación le fue requerida... luego de no encontrarle ninguna cosa prohibida en el equipaje... y cumplido el moroso requisito, preguntó: «¿Y ahora por qué?» «Es que todos los que traen a ese santo, algo cargan, ese santo es el patrono de los ilegales»... El «migra» se refería a Santo Toribio Romo. Su estampa colocada en uno de los cristales de su automovil ya no era para él, en el país del desarraigo, un signo de devoción, sino una prueba de su contubernio con la ilegalidad; un indicio más para mirar con lupa y evitar se cuelen los "ilegales".

Itinerantes y Doctrina Social

El Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante, el 13 de enero pasado, subraya puntos importantes de esta dolorosa herida mundial. «El amplio proceso de globalización del mundo lleva consigo una necesidad de movilidad que impulsa también a muchos jóvenes a emigrar y a vivir lejos de sus familias y de sus propios países... La Iglesia considera con especial atención el mundo de los migrantes y pide a quienes han recibido en sus países de origen una formación cristiana, que hagan fructificar ese patrimonio de fe y valores evangélicos, para que se dé un testimonio coherente en los distintos contextos existenciales». Quiera Dios que nuestras esperanzas nunca vayan a morir en las fronteras; que el mandato bíblico de acoger al forastero nunca se olvide.

Pérdidas y ganancias

El Sr. Valente Esparza, vicepresidente de la asociación Brazos Unidos, estima que México ganó por medio de las remesas, pero perdió por la aculturación de los hombres y el rompimiento de muchas familias. «Quien más ganó fue EEUU, con la mano de obra barata de los mexicanos»



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