Argentina: marco para dimensionar su problema agropecuario
• Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso

Plantío de frutillas en El Bolsón, Argentina.
Se nos sugirió que, al consignar el agudo problema agropecuario que vive Argentina en estas semanas, se estableciera un marco para dimensionar la magnitud de las tierras laborables y los hatos ganaderos en el país de las pampas y los «churrascos». Argentina, con 2 millones 780 mil kilómetros cuadrados, es un gigante en parcelas agrarias y zonas de cultivo, y un gigante en su producción pecuaria ovina y bovina: carne, leche, lana y cueros en increíbles cantidades. Y, obviamente, en terrenos ricos en pasto y forraje.
Hablamos de Argentina como «país de inmensidades»; ponderamos sus cauces fluviales y la feracidad de sus suelos: el mar de pastizal en la mítica Patagonia; la riqueza de sus praderas con toda su variedad. De estos elementos brota su producción agropecuaria, en variedades muy peculiares. Argentina produce, y exporta, claro que maíz (¡hasta México le ha comprado!); pero específicamente trigo, cebada forrajera y cervecera; avena, arroz, centeno, mijo muy singularmente, y alpiste en toneladas. Y añadimos su riqueza frutícola: las mejores uvas de sus viñedos, y todos los cítricos: naranja, limón, mandarina; manzana y plátano (banana, allá), y frutos típicos, como la toronja y la ciruela.
El renglón específicamente pecuario (pezuña), se muestra en las razas de sus hatos: la raza Holanda-Argentina, de excelente cruzamiento; la shorthorn, famosa mundialmente, y la merino (argentina-australiana), en sus ovejas proverbiales. La carne, los cueros, la leche y derivados, son la base de una industria de primera. Basta recorrer las instalaciones portuarias y frigoríficas, corrales y terminales ferroviarias del «señor puerto» de Buenos Aires. Ganados engordados con los célebres pastos: el manso, el colchón, el ciento, el mío-mío. ¡Vaya exportación forrajera!... Marco, a vuelo de cóndor, a carrera de guanacos, para dimensionar el problema del enfrentamiento entre gobierno y productores agropecuarios.
Raíces y manifestaciones del «paro» rural
Laboralmente, no se trata de una huelga de trabajadores, como se ha publicitado, sino de un «paro» de productores, dueños grandes y pequeños, que lo decidieron ante la medida de la administración que encabeza la señora Cristina Fernández, de incrementar los impuestos de exportación de 35 a 44 por ciento), nada menos que a los productos agropecuarios. En moldes de un neocapitalismo mercantilista, es obvio que los productores lucran, y bien, y no han soportado el arancel, y contraatacaron al gobierno con su paro nacional: bloqueo de carreteras, suspensión del abasto en productos de primera necesidad a la inmensa megápolis de Buenos Aires.
Dimensionemos: Argentina es el mayor productor mundial de harina y aceite de soya, por poner un ejemplo. Sus exportaciones de origen pecuario equivalen a 52 por ciento del total de ventas al exterior. Las ventas de 2007 superaron los miles de millones de dólares estadunidenses (13,500’000,000).
Los intentos de diálogo entre el gobierno (secretarios de Agricultura, Economía y Comercio) y los llamados «ruralistas» (productores y campesinos combativos), han mostrado ojalá «bases de reencuentro» para superar las medidas de fuerza. Ya existe una Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias para el convencimiento de ese diálogo, que movilice las fundamentales rutas carreteras ante los bloqueos. Ya hay pronunciamientos de las organizaciones en conflicto. Pero siguen las tensiones, por lo complejo del problema en ese país netamente agropecuario. Existen productores muy ricos y poderosos, y granjeros con poco capital a quienes el gravamen daña más. Ya entrado el mes de abril, las negociaciones siguen, y ahora sí ha habido declaraciones largas y emotivas de la señora presidenta ante multitudes congregadas.
El análisis del caso sirve de paralelo para otras situaciones semejantes en nuestra América. Podríamos pensar en la discutida reforma energética mexicana, ante la firmeza o debilidad de nuestra industria petrolera y los pronósticos futuros.
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