Edición 584
13/04/2008

Camino de Santidad

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«Sufrir y orar» fue el ideal de Santa Teresa de Los Andes
En el sufrimiento encuentro mi alegría

Pbro. José Manuel Anceno Rivas

Aquí las aguas son escasas; sin embargo, los árboles y jardines que rodean el Santuario de Santa Teresa de Los Andes, en Auco, Chile, nos hablan de la vida que florece en tierras áridas, así como floreció para los altares Juana Enriqueta Josefina Fernández Solar –nombres con los cuales fue bautizada Teresa de Jesús en 1900, en la Parroquia de Santa Ana, Santiago de Chile–. Y mientras una tímida fuente deja escuchar su música cristalina a quienes pasan por la capilla para visitar los restos mortales de la primera santa chilena, todo lleva al peregrino al recogimiento, a la oración y contemplación de la mujer que fue capaz, en sólo 20 años, de alcanzar la gloria de los altares, 73 años después de su muerte, acontecida el 12 de abril de 1920, en Los Andes, antigua población cercana a la inmensa cordillera andina. Fue canonizada por el Papa Juan Pablo II el 21 de marzo de 1993, en la Ciudad Eterna, ante más de 5 mil chilenos.

El santuario irradia paz y alegría

Hoy, los días de bullicio y grandes multitudes en el santuario, inaugurado el 11 de diciembre de 1988, han terminado. «Ya pasó el auge de verano y todo vuelve a la normalidad», dice a SEMANARIO Élida Aguilar Vera, quien desde hace un cuarto de siglo es Hermana Carmelita Misionera Teresiana y desde hace tres años presta sus servicios aquí, 90 kilómetros al norte de Santiago, capital de la República de Chile. «Para el peregrino, somos la cara visible de las Madres Carmelitas Descalzas. Estamos aquí para escucharlos, acompañarlos y animarlos en la liturgia».
Originaria de Puerto Montt, al sur de ese país, habla emocionada de lo que ha significado para ella estar en el más importante centro de espiritualidad de su patria. «Aquí se respira la paz, la tranquilidad y el deseo de elevar constantemente oraciones de alabanza a Dios por lo que ha hecho a favor de Santa Teresa y a favor de nuestro país. Ahora, en los tres primeros meses de 2008, han sido numerosos los peregrinos que llegan de distintas partes del mundo, principalmente de Chile y Argentina, pero también han venido de Colombia, México y Canadá, por mencionar algunos países. Todos lo hacen movidos por el ejemplo de quien llegó a decir “Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca”: a Dios vienen buscando, pero impulsados por Santa Teresa de Jesús de Los Andes».

Significativo escenario natural

Auco (de la voces indígenas av y co, que significan ‘aguas del extremo’ o también ‘aguas escasas’) es una comuna de Rinconada de los Andes, enclavada al pie del cordón montañoso que los antiguos llamaban Serranías de Auco. La cordillera de Los Andes, junto al monte Aconcagua (‘Centinela de Piedra’, con 6 mil 962 metros de altura), proporciona un bello escenario al complejo de edificios que conforman el santuario: monasterio, casa de retiros, oficinas, colecturía, cafetería, etcétera;pero, sobre todo, el templo-santuario donde descansan los restos mortales de la joven santa. Durante todo el año es centro de peregrinación, aunque el evento más importante se realiza el tercer sábado de octubre, cuando miles de jóvenes, de varias partes del mundo, peregrinan de Chacabuco a El Carmelo. Para este 2008, dice Sor Élida Aguilar, se esperan más de 20 mil asistentes.

En la Cruz se encuentra a Jesús, que es amor

«El sufrimiento no me es desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la Cruz se encuentra Jesús, y Él es amor. Y ¿qué importa sufrir cuando se ama?». Así escribió Juanita Fernández Solar, a quien el Señor habló a los 14 años, diciéndole que quería su corazón sólo para Él y dándole la vocación al Carmelo. Tres años después, expone su ideal carmelita, «sufrir y orar», y con ardor defiende su vida contemplativa, que el mundo «tacha de inútil». Le ilusiona a la joven saber que su sacrificio servirá para mejorar y purificar al mundo. Ingresó con las Carmelitas Descalzas de Los Andes, llevando el nombre de Teresa de Jesús, aunque con ellas no alcanzó a vivir ni un año entero en el convento, porque vino luego su muerte. Las religiosas aseguraban que había entrado ya santa. De modo que en corto tiempo, pudo consumar la carrera a la santidad, que había iniciado muy en serio mucho antes de hacer su Primera Comunión. «Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca», decía. Y su ilusión constante fue asemejarse a Él, configurarse con Cristo. Hoy, 88 años después de su muerte, aquella joven bella, simpática, deportista, alegre, equilibrada, servicial y responsable, sigue arrastrando a la juventud en pos de Cristo y recordándonos que es preciso cumplir el programa evangélico del amor para realizarnos como personas.

Oración

Teresa de Los Andes, que de la mano de María te convertiste en una joven enamorada de Jesucristo, eres modelo de santidad y camino de perfección para la Iglesia.
Tú supiste reír, amar, jugar y servir. Tú fuiste fuerte para asumir el dolor y generosa para amar.
Tú supiste contemplar a Dios en las cosas sencillas de la vida.
Muéstranos el amor del Padre para vivir la amistad con alegría y con ternura en la familia.
Ayuda a los débiles y a los tristes, para que el Espíritu los anime en la esperanza.
Intercede por nosotros y pide para Chile el amor y la paz.
Teresa de Los Andes, hija predilecta de la Iglesia chilena, religiosa del Carmelo, amiga de los jóvenes, servidora de los pobres, ruega por nosotros cada día.
Amén.



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