Edición 584
13/04/2008

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Al paso de la luz

Por: Esegé |

Las gentes de la ciudad, señoritos de cutis lavado, de cabeza bien peinada –y, si se ofrece, con brillantina de la buena–, muy poco saben de una vida en los aires del campo.

En tierra allá, a la caída de aquella loma, una familia acomodó su choza. Sobre un muro de piedras y con manojos de zacate pudieron armar una bien armada techumbre.

Así quedó una recámara, un comedor, una sala, todo bien dispuesto dentro de los espacios interiores que el jefe de aquella familia supo distribuir en un reducido sitio...

Faltaba la cocina... Y ésta ¿cómo y dónde? La cosa es sencilla: a mitad del patio, el molino para moler el nixtamal; más allá un soporte para colocar cántaros y ollas.

Espérese, oiga... Ese artilugio ¿es el molino? Y la respuesta: viene de allá, de tiempos viejos y de sitios lejanos, donde la habilidad del hombre resuelve todas las carencias.

El redondel arriba recibe la masa. Dos pesadas piedras en dirección encontrada hacen la función. Falta atar una de estas piedras al que escandalice a un niño... Dijo Jesús.

Una persona amable es aquella que escucha con una sonrisa lo que ya sabe, de labios de alguien que no lo sabe.
Alfred Capus

La amistad no se agradece, se corresponde.
Roberto Barrios Paniagua

El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.
Gabriel García Márquez

La capacidad de concentrarse en las cosas importantes es una de las características determinantes de la inteligencia.
Robert Shiller

Hermilio Hernández López
Falleció el organista de la Catedral
• José de Jesús Parada Tovar


Pocos organistas mexicanos han sido concertistas de talla mundial.
Entre ellos, el Maestro Hermilio. Foto: Especial

Es de esas vidas que se van muy en silencio, acordes con su discreta tonalidad, pero en medio de una sinfonía de gratitudes y con las manos llenas de obras; de obras sencillas o imponentes, que a todos ayudaron a elevar su espíritu.
Era relativamente común verlo deambular por el centro de la ciudad. Paso lento; modestamente erguido, aparentemente huyendo del bullicio pero sin regatear el saludo, con sencilla cortesía, quedita y breve, a quien lo descubría antes de abordar su proletario camión urbano o dirigiéndose a la Catedral Metropolitana para sacarle lustre a uno de sus más preciados tesoros mobiliarios: el órgano tubular, de fabricación francesa y con una calidad tímbrica inigualable entre los instrumentos similares que hay en la República. Así lo han consignado diversos concertistas de fama mundial que ahí han ofrecido audiciones.
Discípulo o sucesor de grandes músicos que fueron «maestros de capilla» en la Catedral tapatía, como el Canónigo José Ruiz Medrano o los Pbros. José Santos Valadez, Manuel de Jesús Aréchiga Fernández o José de Jesús Muñoz Díaz, don Hermilio Hernández fue el indiscutible y aclamado organista titular de la sede arzobispal-cardenalicia por más de treinta años. Profundamente respetuoso de sus propios y vastos conocimientos, así como del culto y de la liturgia, del recinto y su asamblea, del enorme potencial sonoro del órgano catedralicio, el Maestro Hermilio, con todo y su modestia y recato, se constituyó en una autoridad inobjetable en materia de docencia, composición y ejecución.
Nacido en Autlán el 2 de febrero de 1931, sus padres fueron Eufrosino Hernández Campos (organista y cantor de la parroquia, de quien aprendió las primeras lecciones) y María de Jesús López Cueva. Fue destacado alumno del Mtro. Domingo Lobato Bañales, entre otros renombrados catedráticos, en la Escuela Superior Diocesana de Música Sagrada que, con el auspicio del Arzobispado de Guadalajara, lo becó para realizar estudios de perfeccionamiento de composición en el Instituto Pontificio de Roma, y de órgano en la Academia Musical de Siena, además de especializarse en canto gregoriano.
Regresó de Italia en 1961, pero ya antes, a sus 22 años apenas, el Gobierno del Estado lo laureó con el Premio Jalisco, primera vez concedido por una obra musical. De su autoría, en su catálogo figuran más de 200 obras diversas, desde sinfónico-corales hasta piezas para piano y órgano o música de cámara. De ahí que su alma mater, la Escuela de Música Sacra, lo tuvo siempre entre sus brillantes docentes, y otro tanto la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, de la que fue Director (1976-1979).
Como ejecutante de dimensión sobresaliente y excepcional, baste aludir el testimonio de uno de sus avanzados alumnos: «El Maestro Hermilio Hernández era el único organista capaz de interpretar toda la obra de Johan Sebastian Bach escrita para órgano... ¡y podía hacerlo con o sin partitura de por medio!»
El Colegio Capitular o Cabildo de Canónigos concelebró su Misa Conventual del sábado 5 de abril en sufragio del alma de tan apreciado artista, fallecido en la víspera. En su último día, estuvo en la Catedral, de cuerpo presente. ¡Descanse en paz don Hermilio Hernández López!




El Buen Pastor

Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
Tú, que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguir te empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres;

espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero, ¿cómo te digo que me esperes,
si estás, para esperar, los pies clavados?

Lope de Vega y Carpio
(España, 1562-1635).



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