Hermilio Hernández López
Falleció el organista de la Catedral
• José de Jesús Parada Tovar

Pocos organistas mexicanos han sido concertistas de talla mundial.
Entre ellos, el Maestro Hermilio. Foto: Especial
Es de esas vidas que se van muy en silencio, acordes con su discreta tonalidad, pero en medio de una sinfonía de gratitudes y con las manos llenas de obras; de obras sencillas o imponentes, que a todos ayudaron a elevar su espíritu.
Era relativamente común verlo deambular por el centro de la ciudad. Paso lento; modestamente erguido, aparentemente huyendo del bullicio pero sin regatear el saludo, con sencilla cortesía, quedita y breve, a quien lo descubría antes de abordar su proletario camión urbano o dirigiéndose a la Catedral Metropolitana para sacarle lustre a uno de sus más preciados tesoros mobiliarios: el órgano tubular, de fabricación francesa y con una calidad tímbrica inigualable entre los instrumentos similares que hay en la República. Así lo han consignado diversos concertistas de fama mundial que ahí han ofrecido audiciones.
Discípulo o sucesor de grandes músicos que fueron «maestros de capilla» en la Catedral tapatía, como el Canónigo José Ruiz Medrano o los Pbros. José Santos Valadez, Manuel de Jesús Aréchiga Fernández o José de Jesús Muñoz Díaz, don Hermilio Hernández fue el indiscutible y aclamado organista titular de la sede arzobispal-cardenalicia por más de treinta años. Profundamente respetuoso de sus propios y vastos conocimientos, así como del culto y de la liturgia, del recinto y su asamblea, del enorme potencial sonoro del órgano catedralicio, el Maestro Hermilio, con todo y su modestia y recato, se constituyó en una autoridad inobjetable en materia de docencia, composición y ejecución.
Nacido en Autlán el 2 de febrero de 1931, sus padres fueron Eufrosino Hernández Campos (organista y cantor de la parroquia, de quien aprendió las primeras lecciones) y María de Jesús López Cueva. Fue destacado alumno del Mtro. Domingo Lobato Bañales, entre otros renombrados catedráticos, en la Escuela Superior Diocesana de Música Sagrada que, con el auspicio del Arzobispado de Guadalajara, lo becó para realizar estudios de perfeccionamiento de composición en el Instituto Pontificio de Roma, y de órgano en la Academia Musical de Siena, además de especializarse en canto gregoriano.
Regresó de Italia en 1961, pero ya antes, a sus 22 años apenas, el Gobierno del Estado lo laureó con el Premio Jalisco, primera vez concedido por una obra musical. De su autoría, en su catálogo figuran más de 200 obras diversas, desde sinfónico-corales hasta piezas para piano y órgano o música de cámara. De ahí que su alma mater, la Escuela de Música Sacra, lo tuvo siempre entre sus brillantes docentes, y otro tanto la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, de la que fue Director (1976-1979).
Como ejecutante de dimensión sobresaliente y excepcional, baste aludir el testimonio de uno de sus avanzados alumnos: «El Maestro Hermilio Hernández era el único organista capaz de interpretar toda la obra de Johan Sebastian Bach escrita para órgano... ¡y podía hacerlo con o sin partitura de por medio!»
El Colegio Capitular o Cabildo de Canónigos concelebró su Misa Conventual del sábado 5 de abril en sufragio del alma de tan apreciado artista, fallecido en la víspera. En su último día, estuvo en la Catedral, de cuerpo presente. ¡Descanse en paz don Hermilio Hernández López!
El Buen Pastor
Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
Tú, que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,
vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguir te empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres;
espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero, ¿cómo te digo que me esperes,
si estás, para esperar, los pies clavados?
Lope de Vega y Carpio
(España, 1562-1635).
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