Edición 584
13/04/2008

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Despedida en el Seminario Menor
Gratitud y augurio a don Chema

Pbro. Alberto Ávila Rodríguez


Emotivo festejo sacerdotal a Mons. de la Torre por sus casi seis años de Obispo Auxiliar de Guadalajara. Foto: Alberto Ávila Rodríguez

El camino es distinto; el destino y el trabajo, el mismo. Nuestras frases y reuniones traducen los mejores sentimientos que tenemos, sobre todo cuando quieren expresar la gratitud; el encuentro con los demás viene siendo como una parábola de nuestros sentimientos. Así fue en la comida de convivencia-gratitud ofrecida a Monseñor José María de la Torre, VII Obispo de Aguascalientes, por el Presbiterio tapatío, con la presencia del señor Cardenal Juan Sandoval y los Obispos Auxiliares –con ellos, los dos que fueron consagrados en el transcurso de esta semana–. El Cardenal le agradece los años pasados aquí y, fiel a su reflejo diario, le dice: «Cuando llegaste, ya sabíamos que ibas de paso».

La oración y las buenas obras son los caminos por los que respira nuestra obediencia a la voluntad de Dios, sobre todo cuando vienen los cambios abruptos en nuestra vida. Todo esto viene al pensamiento al despedir a un Obispo que acompañó algunos años el trabajo pastoral de nuestra Arquidiócesis, y que se formó, en sus primeros años de Seminario, entre nosotros. El Clero diocesano se ha reunido para, con gratitud, hacer el relevo a otro itinerario en la labor pastoral de Monseñor José María de la Torre, hoy VII Obispo de Aguascalientes. También el secretario ejecutivo de la Vicaría de Pastoral, colaborador cercano de don Chema, le desea en lo pastoral lo que dijera el poeta jalisciense: «Los ojos abiertos a la lejanía» –para saber mirar con el corazón–; «atento el oído» –sobre todo para las voces de los pobres, que más se pierden en el ruido de las ciudades-; «el paso ligero» –para recorrer sin sobresaltos y con seguridad el camino del Reino–.

Monseñor José María agradece todo y añade: «Cómo no ser generoso cuando Dios me pide el cambio, cuando el Presbiterio de esta Diócesis así me lo enseñó de muchas maneras. En más de 200 entrevistas con sacerdotes removidos, aceptaron el cambio de ruta pero con la misma herencia vocacional. El día que pisé las fronteras de mi nueva Diócesis, el señor Cardenal me dio tres consejos: “Aquí empieza tu Diócesis: el corazón a Dios, el ojo al peso y el lomo tieso”».

La rondalla del Seminario Mayor engalanó la convivencia, para seguir diciendo «¡gracias!»



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