Edición 584
13/04/2008

Tema de la Semana

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Luto en el Episcopado

J.J.P.T.

Mientras una cuarta parte del Episcopado Mexicano se reunía jubilosa en el Templo de San Bernardo, en Guadalajara, la mañana del jueves 10 de abril para acompañar y atestiguar la consagración de dos de sus nuevos miembros, en la Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis de México eran velados los restos mortales del decano de los Obispos y Cardenales mexicanos: D. Ernesto Corripio Ahumada, cuyo deceso ocurrió en las primeras horas de ese día, tras larga enfermedad.

De prolongada y brillante carrera eclesiástica, Ernesto Corripio nació en Tampico, Tamaulipas, el 29 de junio de 1919. Fue ordenado sacerdote a los 23 años, el 25 de octubre de 1942, y consagrado Obispo Auxiliar de Tampico el 19 de marzo de 1953; es decir, cuando tenía 34 años de edad (caso poco común). Luego fue, sucesivamente, Obispo Residencial de su natal Tampico, Arzobispo de Oaxaca y Arzobispo de Puebla.

Como Arzobispo Primado de México, reemplazó al Cardenal Míguel Darío Miranda Gómez. En junio de 1979, el Pontífice Juan Pablo II nombró a su primer grupo de Cardenales, entre ellos, a Mons. Corripio, lo que quiere decir que vistió el capelo durante casi 29 años. Sin embargo, al fenecer el anterior Papa, el 2 de abril de 2005, el purpurado mexicano había sobrepasado los 80 años y, por impedimento estatutario del Sacro Colegio Cardenalicio, no fue convocado a votar para la elección de S.S. Benedicto XVI.

Durante dos períodos trienales consecutivos, más uno alterno, presidió la Conferencia Episcopal Mexicana. Ya investido con la púrpura, el Cardenal Corripio Ahumada formó parte de varias instancias de gobierno de la Santa Sede, por ejemplo la de Asuntos Económicos, e incluso fue Legado Pontificio (representante personal del Santo Padre) para presidir las honras fúnebres de Mons. Óscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, asesinado unos días antes cuando celebraba Misa en su Catedral.

En menos de un mes, bajó de seis a cuatro el número de Cardenales mexicanos, aunada la reciente muerte del Arzobispo Emérito de Monterrey, D. Adolfo Antonio Suárez Rivera. Con el fallecimiento del purpurado tamaulipeco, queda vacante en Roma el título cardenalicio de La Inmaculada Concepción, que le fue adjudicado cuando fue agregado al Senado de la Iglesia. ¡Descanse en paz el Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, Arzobispo Emérito de la Arquidiócesis Primada de México!.



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