Nuevos pastores para una Iglesia abundante
• Alberto Ávila Rodríguez

Con la imagen del Pastor que ahuyenta al lobo de las ovejas se puede significar el trabajo de los nuevos obispos auxiliares de Guadalajara.
Ha iniciado una solemne concelebración en el templo parroquial de San Bernardo; en el corazón de esta fiesta estará la ordenación Episcopal de dos hijos predilectos de esta Iglesia diocesana, casi cinco veces centenaria. Presiden el ambiente la grandiosidad y la pequeñez. En el muro frontal, la enormidad del Resucitado, jalando desde el centro la historia antigua y reciente. La pequeñez de los seres humanos, apenas unos miles en el recinto parroquial. Somos los actores pasivos y activos de la historia actual, apostados apenas en un pedacito del presente, que todavía se mueve.
Rompe el tiempo y el silencio el aplauso por los dos presbíteros llamados a ser pastores enfrente del rebaño; ya inicia la procesión. Hay una plegaria rítmica, llena de un compás de súplica... eleison. Es la necesidad que atraviesa a los actores de toda la Historia de Salvación, plasmados en el nuevo arte muralista cristiano. Es la oración clamorosa de las generaciones del presente. Piedad, misericordia para estos hijos tuyos que les das la tarea de pastores... Eleison en la tarea de los profetas, que anunciaron que no le faltarían pastores al pueblo de Yahvé... Eleison es misericordia y piedad que los hombres siguen buscando cuando saben de memoria lo que dijo Jesús: «El buen Pastor da la vida por las ovejas». El Nuncio Apostólico ha destacado en su homilía que la figura del Buen Pastor no es poesía, es una teología exigente.
La Pascua del Resucitado llena estos días de brillo; es el salario por los días de cruz, que lleva del cumplimiento de la voluntad del Padre, a la paz, pasando por el martirio. Estos pastores nuevos puestos al frete del rebaño, Juan Humberto y José Francisco, lo perciben muy bien en los signos que toda la asamblea absorbe en oración y asombro. Postrados para que el Espíritu llegue, con la Palabra de Dios en su corazón, que llevan como bálsamo que alivia y como fuego que inquieta; con el aceite del Crisma que desciende hasta sus mejillas; es Dios quien los consagra y los conforta; con el báculo del pastor, nunca para golpear, siempre para conducir. El señor Cardenal don Juan Sandoval preside con gozo la ceremonia. Deben ser lo hemos escuchado todos maestros de esperanza, de caridad y de oración. En la cultura presente también nos damos cuenta: hay muchos signos de muerte, también hay lobos rapaces que se aprovechan de las ovejas. En estas circunstancias es más apremiante la tarea del pastor, hacer que crezca la Iglesia de Cristo. El Nuncio les sigue recordando, en la homilía, aquello que dijera San Pablo hace dos mil años, y que sigue vigente para hacerlo hoy realidad: «Ya no soy el que vive, sino Cristo que vive en mí». Algunas decenas de obispos hacen acto de fe y un abrazo de caridad en la celebración de estos nuevos dos Obispos, ahora Auxiliares de esta Arquidiócesis de Guadalajara.
El gran mural se va quedando sin testigos, en sus amarillos y ocres diferenciados, en sus azules matizados por la sencillez. Ahí hay una historia de salvación que se sigue actualizado en la historia personal de cada cristiano. Y, por supuesto, en la historia de estos pastores nuevos, que hoy empiezan con una singular responsabilidad.
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