Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios
¿Por qué tengo qué obedecer?
El Cuarto Mandamiento, que conforma el grupo de los preceptos que miran al bien del prójimo, comprende no sólo los deberes de los hijos hacia sus padres, sino también de los padres hacia los hijos
• Pbro. Paulo Alejandro González Enríquez
El hombre, en cuanto tal, es un ser social; vive en sociedad y es la misma sociedad la que exige un orden donde se supone que haya quién mande y quién obedezca; sin autoridad, no habría sociedad. Esto mismo se refleja en la vida familiar, pues una familia sin autoridad y obediencia no sería tal; se convertiría en un grupo de personas viviendo bajo un mismo techo, con caprichos independientes.
La caridad es la meta
El Cuarto Mandamiento, «Honrarás a tu padre y a tu madre», tiene como fin el orden de la caridad. Dios quiso que, después de Él, honrásemos a nuestros padres, a quienes debemos la vida y nos han transmitido el conocimiento de Dios. Estamos, pues, obligados a honrar y respetar a los que Dios, por nuestro bien, ha investido de su autoridad.
Esta cuarta regla de la Ley divina rige expresamente el comportamiento de los hijos respecto a sus padres.
Obligaciones de los hijos
Las obligaciones de los hijos para con sus padres pueden sintetizarse en el amor, el respeto, la obediencia y la ayuda en sus necesidades; deberes fundamentados en la reciprocidad de los bienes recibidos de nuestros progrenitores, comenzando con la vida y muchos otros beneficios, y por ser ellos representantes de la primera autoridad, que es Dios, y por ayudarnos a conseguir la salvación.
El primer deber de un hijo para con sus padres es amarlos, con un amor que se demuestre en obras.
El respeto a los padres se muestra cuando se habla con ellos y de ellos con reverencia. Sería una falta grave despreciarlos, gritarles u ofenderlos de cualquier modo, o avergonzarse de ellos.
Los hijos están obligados a obedecer a sus padres en todo lo que éstos puedan lícitamente mandarles. Esta obediencia debida a los padres obliga a cumplir sus órdenes, especialmente en lo referente al cuidado de la propia salvación, y a la organización y orden de la casa. Lo obediencia exige esfuerzo, porque es mucho más fácil ser rebelde y hacer continuamente nuestro propio capricho. Para obedecer hay que disponer de un corazón generoso y vencer el egoísmo.
Faltas de los hijos contra sus padres
El incumplimiento de este Mandato, de un hijo hacia sus padres, puede expresarse en la falta de amor interno: si les tiene odio o los menosprecia interiormente, si les desea un mal, por ejemplo la muerte, para vivir libremente o recibir una herencia; si causan regocijo sus adversidades. Faltas de amor externo serían: tratarlos con dureza, provocar su indignación o su ira, negarles la palabra, mostrar indiferencia, no honrarles con nuestro comportamiento; por ejemplo, no estudiar o trabajar lo debido, o entregarse a vicios o pecados.
Falta grave de un hijo es abandonar a los padres, sobre todo en la ancianidad o la enfermedad, obligándolos a ejercer un oficio indigno de su condición, así como no procurarles los auxilios espirituales en sus enfermedades.
Es necesario, sobre todo, amar a los padres sobrenaturalmente; es decir, deseando para ellos, antes que nada, el bien eterno de la salvación.
Obligaciones de los padres
Pero, asimismo, cabe recordar que los deberes de los padres no se reducen a la sola procreación de los hijos, sino que deben buscar y procurar su educación moral y una adecuada formación espiritual, ya que su labor de padres no se limita a cuidar las solas necesidades materiales de los hijos; deben poner los medios eficaces para su fortalecimiento anímico como son el buen ejemplo, los consejos morales, así como la vigilancia discreta de las compañías.
Vale la pena señalar especialmente el deber que tienen los padres de no dar a sus hijos mal ejemplo, y sí, en cambio, darles ejemplo de virtud, convencidos de que, sobre todo para los niños, ello es más eficaz que las palabras.
Casos en los que se puede desobedecer a los padres
• Cuando se mandan cosas contrarias a la Ley de Dios.
• Cuando los padres se oponen a la elección de estado que lícitamente los hijos quieren tomar.
• Cuando se les quiere obligar a elegir determinada vocación o profesión.
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