En Jesús se decide nuestra salvación
• Dr. Juan López Vergara
El Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia coloca hoy en la mesa de la Eucaristía, ostenta dos imágenes magníficas, provenientes del mundo pastoril, las cuales nos ayudan a comprender el sentido de la Pascua de Jesús, al presentarlo, especialmente hoy, justo como «la Puerta» por la que habrán de pasar las ovejas para llegar a la salvación (Jn 10, 1-10).
El desafío de las parábolas de Jesús
Jesús contó a los fariseos una parábola que describía una escena de la vida cotidiana en Palestina, en torno a la figura del pastor y la puerta del redil (vv. 1-5). En ella, el redil alude al Pueblo de Dios; además evoca que hay verdaderos y falsos pastores, como Jesús y los jefes del pueblo, y están las ovejas, esto es, los creyentes que escuchan la voz del pastor. Nuestro pasaje está íntimamente ligado con el anterior la curación del ciego de nacimiento, en cuyo desenlace vemos a algunos fariseos preguntar: «¿Es que también nosotros somos ciegos?» (9, 40). Aquellos cegados fariseos no comprendieron, pues, que la parábola se dirigía a ellos, lo cual el evangelista confirma: «Ellos no entendieron lo que les quería decir» (v. 6). Su incomprensión no consiste en un problema de índole intelectual, sino en una negativa deliberada a aceptar el desafío que entrañan las parábolas.
Yo he venido para que tengan vida
En un segundo momento encontramos la explicación inicial que el propio Jesús hace de la parábola, cuando declara solemnemente: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas» (v. 7). Con la puerta, Jesús se presenta a sí mismo como el paso obligado por el que deben entrar quienes quieran estar a salvo y encontrar todo aquello que necesitan (vv. 8-9). La idea de la puerta de salvación aparece en el Salmo 118: «Aquí está la puerta de Yahvé; los justos entrarán por ella» (v. 20). El objetivo de la parábola está claro: la manera correcta de acercarse a las ovejas es a través de la puerta que custodia el portero. Jesús es, por tanto, la puerta y el pastor que permite llegar a las ovejas. Con ello el evangelista desea resaltar que para regir legítimamente el rebaño, hay que pasar por Jesús (compárese: Jn 21, 15-17), quien se muestra como el responsable y generoso pastor, a quien las ovejas reconocen por su voz y también porque las llama a cada una por su nombre (v. 3). De cara a quienes provocan la destrucción y la muerte del rebaño, Jesús afirma: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (v. 10).
Advertir la presencia de Jesús
Santo Tomás de Aquino enseña: «El entender qué sigue a la fe consiste en advertir una presencia». Por ello, a partir de la fe, en este gozoso Tiempo Pascual, con una actitud de profundo agradecimiento, dejemos sentir la presencia bondadosa de Jesús, nuestro noble Pastor, quien nos cuida, nos protege, nos ama, y a cada uno nos convoca por nuestro nombre.
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