«Si llegué a sacerdote es porque alguien rezó por mí»
• Rodolfo Rodríguez Leyva, 2º Teología

"Mamá Licha" murió sin dejar de rezar incesantemente
por las vocaciones. Foto: Seminario de Guadalajara
Temprano, cuando la luz del día aún no asomaba en el horizonte, María Luisa ya estaba en pie para hacer lo primero que, sólo por quebranto de su salud, algunas veces no cumplía: orar. En su práctica devocional destacaba el Rosario, que necesitaba en diversos momentos y de distintos modos: con los brazos en cruz, de rodillas, sola o en compañía. Rezaba lo mismo lo que ella llamaba «El Rosario de la Virgen», con los misterios que todos conocemos, que el del "Amor", del Espíritu Santo; el de "Las lágrimas de la Virgen", que el de La Misericordia"; en suma, para las diez de la mañana, la anciana mujer ya había rezado dos o tres, y siempre para pedir por las vocaciones.
María Luisa, o mejor dicho, «Mamá Licha», pues así le gustaba ser llamada) era en verdad una madre espiritual y bienhechora de múltiples religiosos, religiosas y sacerdotes. Su mismo hijo era sacerdote.
«Pedid al dueño de la mies...»
Hoy, como en los primeros años del cristianismo, «la mies es mucha y los obreros pocos»; crece el trabajo pastoral, se multiplica y diversifica. Escasean las manos de consagrados, de evangelizadores, catequistas y sacerdotes. Ciertamente son muchos los llamados, pero pocos los escogidos capaces de escuchar, de dar y darse con alegría y generosidad, con fe; de reproducir en su persona a Cristo Buen Pastor y de seguir fielmente sus huellas.
Pero la oración que se eleve desde nuestro ser y misión concreta, en la familia, en la parroquia, en la comunidad propia, en los hospitales; la plegaria de los niños, adolescentes, jóvenes, adultos, casados, célibes, etcétera, podría ser la causa de que cada día aumentara el número de sacerdotes ejemplares.
Motivados por los mártires
«Yo recuerdo que había un grupo de señoras que lavaba la ropa y oraba por nosotros, los seminaristas. Ellas tenían muchas esperanzas de que sus rezos darían como resultado más sacerdotes», comenta el Pbro. Benjamín Valentín Santiago, de la Cuasiparroquia San Juan Evangelista, quien en pocos meses celebrará 75 años de edad, y 50 de sacerdocio. «Aquellas mujeres nos ayudaban en nuestra vocación. Los recuerdos de la persecución religiosa estaban aún frescos en su memoria, y el testimonio de sacerdotes sacrificados por defender su fe o el Secreto de Confesión, les causaba honda veneración por todos los consagrados o por quienes pretendían serlo, como los seminaristas. Y nosotros, motivados por lo que de los sacerdotes se decía y por la oración de las buenas mujeres, fue que seguimos con gusto y alegría hacia el sacerdocio».
Cómo hacer esta oración
Por otra parte, afirma el anciano sacerdote: «La oración tenía un lugar principal en nuestra vida. Era la base de nuestra piedad; nosotros participábamos en reuniones de niños, adolescentes y jóvenes formados en la oración, el diálogo con Dios. Ahi se hacia oración por las vocaciones; rezando el Padrenuestro dice, y se fomentaba la devoción a la Santísima Virgen y a los santos, siempre seguros intercesores. De manera especial, sencillamente, recuerdo que las catequistas nos enseñaban que podíamos hacer oración con las mismas palabras que Cristo nos enseñó... A mí, quienes siempre me apadrinaron con su oración para llevar adelante mi vocación fueron mis catequistas. Pero no sólo por mí; cuando las veíab decían: “Nosotras rezamos, pedimos siempre por ustedes”. Así que todo el tiempo estaba seguro de que pedían por nosotros los seminaristas».
El Pbro. Benjamín Valentín, tras un generoso empeño de energías y gozosa entrega, hoy, aun en la enfermedad, continúa cumpliendo su ministerio afirmando: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad», y está firmemente convencido al decir: «Si llegué a ser sacerdote, es porque alguien rezó por mí».
«Dios te quiere mucho: serás sacerdote»
Hace poco se marchó «Mamá Licha» a la Casa del Padre. Durante poco más de treinta años, cada martes, estuvo llevando alimento a innumerables menesterosos. A mí en lo personal, cada vez que me veía, solía decirme con gran cariño y fervor: «Le he pedido mucho a Dios por ti y por todos. Dios te quiere mucho, llegarás a ser sacerdote». En sus últimos días, ofreció sus padecimientos por las vocaciones. Su hijo sacerdote fue fundador de una comunidad religiosa. Su oración sostuvo y seguramente continúa sosteniendo muchas vocaciones.
Orar por las vocaciones: derecho y necesidad
Hoy es la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Pidamos por las vocaciones sacerdotales, por consagrados y consagradas santos que nos hagan ver el rostro de Dios, para que su palabra y ejemplo nos enseñen que las cosas santas, la vida santa, están al alcance de todos y son posibles. Tenemos derecho a la santidad y es deber de todos, pues es esto el trasfondo de toda vocación.
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