Son los políticos más cerrados a
la discusión civilizada, quienes
suelen acusar a otros de cerrazón:
Igual que grita el ratero,
Tras cometer su delito:
¡Agarren a ese maldito,
Que me robó mi dinero!
Así en colmo de indecencia,
Los que Cámaras tomaron,
Arguyen: «Nos indignaron,
La negación y violencia».
La ignorancia sigue siendo aquí un
espléndido caldo de cultivo para
generar adeptos a los demagogos:
¿Florecerá en la Nación,
La incipiente democracia,
Si millones por desgracia,
Carecen de educación?
Nunca, pues, del engaño,
Serán víctimas constantes,
Y dóciles cual rebaño,
Irán tras locos farsantes.
Y mientras persistan las causas del
rezago educativo, México seguirá
entre los países «coleros» en tal materia:
La grisura educativa
De alumnos y profesores,
A optimismo no motiva,
Sino a pronósticos peores.
En instrucción devaluados,
Hay millones de mocosos,
Y tan pobres resultados,
Son de verdad vergonzosos.
Consideran a nuestra ciudad como la
más cara de todo el País; lógico, pues
lo bueno siempre ha sido muy costoso:
Puede que sea la más cara,
Mas no pedimos rebajas,
Pues vivir en Guadalajara,
Tiene envidiables ventajas.
Es muy limpia, no hay violencia,
Tiene un gobierno ejemplar,
Es toda una complacencia,
Que muy alto hay que pagar.
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