Respeto a
los menores
y la familia
Este mensaje va dirigido especialmente a los padres de familia. En días pasados, en la nota roja de los medios de comunicación, se difundía el hecho de que una niña de 7 años había sido violada por su padrastro, porque la mamá tenía que salir a trabajar, dejando a la pequeña sola con este hombre, el cual abusó de ella.
¿Quiénes son los culpables de esa falta tan grave contra una criatura inocente, indefensa? Pues son los adultos que estaban en torno a ella: desde luego, el primer responsable es el padrastro, el que cometió tal acto; pero también la madre que se juntó con éste; así como el esposo y padre de la niña, que abandonó a esa mujer, tal vez por irse con otra... en fin, quién sabe. Todos ellos son los culpables, los verdaderos autores de esta tragedia que vino a arruinar la vida de un ser humano desde sus primeros años. Será muy difícil que se cure esa herida, será una lesión psicológica y moral, que quedará ahí para toda la vida de la ahora pequeña violentada.
Estos son casos muy frecuentes, y por ello quisiera, en nombre de Dios, pedir a todos los adultos que respeten a los menores.
Y lo peor de la situación es que estas violaciones son cometidas por parientes –hermanos, primos, tíos–; por las visitas, o inclusive por los mismos padres: o sea que la mayor parte de estos delitos se dan dentro del núcleo familiar. Ahí donde deberían encontrar los niños mayor protección, es donde encuentran los mayores peligros.
Por amor de Dios, o por temor al castigo de Dios, yo los exhorto a que respeten a los menores en la familia. Los padres, esposos, que en su mayoría se juraron fidelidad y amor ante el altar de Dios, con un juramento sagrado, tienen la ayuda del Señor, tienen su gracia, para cumplir ese juramento. Permanezcan unidos, y si Dios les da hijos, por el amor a los hijos no se separen; por el amor a los hijos soporten mutuamente sus defectos y debilidades, porque el egoísmo atenta contra la unión familiar y contra la sana paternidad. El que es padre y madre que engendra, sabe que su vida debería estar orientada al bien de esos seres que miran la existencia a través ellos; Dios se los entrega para que los cuiden y eduquen. Para un niño es muy importante tener padre y madre, sentirse amado y querido, y cuando le falta alguno de ellos, experimenta un vacío enorme que le impide a veces crecer psicológicamente sano, le impide crecer como una persona normal.
Por lo tanto, si una familia está incompleta o rota, no expongan a sus hijos entregándolos a padrastros o madrastras; si existen problemas matrimoniales traten de solucionarlos corríjanse, enderécense, reconcíliense; por amor a sus hijos permanezcan unidos, porque los hijos necesitan todo el cuidado y el cariño del padre y de la madre, para crecer con óptima salud física y mental.
La familia es, ha sido y será siempre el soporte de la sociedad. A menudo familias sanas, engendran sociedades sanas; si el núcleo familiar se descompone, como sucede en estos tiempos, la sociedad sin duda irá al fracaso.
Dios los bendiga.
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