Cosecha: 23 neo sacerdotes
El añoso árbol del Seminario sigue dando frutos

La imposición de las manos por el Obispo, es el momento culminante en el Sacramento del Orden.
• José de Jesús Parada Tovar
En el Auditorio Benito Juárez no hay campanas que llamen a Misa o toquen a rebato cuando de solemnidades se trata, pero el escenario, que este Domingo de Pentecostés lució casi completamente lleno en su aforo, que es calculado en poco más de 10,000 personas, se dejó ver como en los festivos días de las grandes celebraciones. Y no era para menos: decenas de familias de la Arquidiócesis de Guadalajara se llenaban de contento porque de su regazo salieron esos 11 diáconos y 18 presbíteros que, habiéndose formado por un tiempo en el Seminario Conciliar de Señor San José, fueron ungidos por el Arzobispo Metropolitano, Cardenal Juan Sandoval Íñiguez.
Parecían flotar en el ambiente de piedad, expectación y alegría las mismas sensaciones experimentadas ahí mismo por millares de fieles apenas la noche anterior a propósito de la Velada Eucarística y de oración, cantos y alabanzas en honor del Espíritu Santo, centro de la adoración y de la liturgia de ese día.
Rito imponente
No obstante que cada año tienen efecto celebraciones diversas en ese local y que registran una gran convocatoria, la de las Ordenaciones reviste en sí misma características especiales por lo nutrido y variado de la procedencia de fieles, por el peculiar entusiasmo y animación que privan y, sobre todo, por lo trascendente e imponente del rito sacramental. Debe añadirse que esta vez concelebraron con el Pastor de la Arquidiócesis los cinco Obispos Auxiliares radicados aquí: D. Miguel Romano Gómez, Rector del Seminario; D. José Trinidad González Rodríguez; D. Rafael Martínez Sáinz; D. Juan H. Gutiérrez Valencia y D. José Francisco González González, así como un centenar de presbíteros, tanto diocesanos como religiosos.
Los futuros diáconos, llamados por el Rector, y éste examinado a su vez por el Arzobispo, dieron un paso al frente y, en momentos sucesivos, se comprometieron al celibato y a obedecer al Ordinario; se les invistió con la estola cruzada y luego con la dalmática y les fueron impuestas las manos sobre la cabeza por parte del Arzobispo y entregados los Santos Evangelios. Enseguida, junto con los próximos a recibir la ordenación sacerdotal, se postraron de bruces en el suelo y escucharon la Letanía de Todos los Santos.
Mientras desde la tribuna circular la asamblea dividía sus miradas de atención sobre sus propios blancos de interés y agitaba globos de colores y hacía lucir sus mantas y carteles de felicitación, abajo, en el centro, los 29 ordenandos mostraban el nerviosismo de la ocasión, pero también el temple de quienes habían ya ensayado bien la ceremonia y, sobre todo, estaban seguros de su paso definitivo. Además, antes del rito principal, y ante la mirada condescendiente de todos, los que iban a recibir el presbiterado se separaron de la compañía de sus papás y, con reverencia y emoción, se despidieron de ellos recibiendo su bendición.
El Cardenal Juan Sandoval los ungió con los óleos en señal de consagrados; les entregó cáliz y patena como nuevos celebrantes de la Misa y les dio el abrazo de bienvenida al Clero, ya revestidos de estola y casulla, y dispuestos a concelebrar al lado suyo la Eucaristía.
Además de los cantos comunitarios, secundados por la feligresía participante, la Schola Cantorum y la Orquesta del Seminario Mayor, dirigidas por el Maestro Víctor M. Amaral Ramírez, interpretaron la Misa “de San Eduardo”, de Licinio Refice; el Ecce Sacerdos Magnus, del propio autor, así como el hermoso e impresionante canto, polifónico y gregoriano, de invocación al Espíritu Santo: Veni, Creator, de Witte.
La relación trinitaria y lo sacro del ministerio
“Este Pueblo Santo de Dios tiene su origen en la Santísima Trinidad (‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’…) y a Dios se dirige”, comenzó diciendo en su homilía el Cardenal Sandoval. “Igualmente, el sacerdocio ministerial tiene su origen en Dios Trino y Uno. En la Última Cena, Jesucristo se dirige al Padre para decirle: ‘De los que Tú me diste, ninguno se perdió’, y en ese momento instituye el Sacerdocio y la Eucaristía. El Espíritu Santo consagró y ungió a los apóstoles, y con ello les imprimió sabiduría, poderes y valor para anunciar su Palabra en cualquier circunstancia y a cualquier precio. Luego fueron enviados por Cristo”.
Tajante, les advirtió a sus nuevos y cercanos colaboradores: “No basta el Espíritu Santo de este día, si no está presente en cada instante del servicio pastoral de ustedes. El ejercicio sacerdotal, que mira a la Trinidad, debe tener como fin fundamental dar gloria a Dios Padre; pero el ministerio ha de aplicarse ‘In Persona Christi’; es decir, con su voz, con su corazón, con los sentimientos de Él, sobre todo el de obediencia a la voluntad del Padre.
“Si predicamos la Palabra de Dios, es el Espíritu Santo el que habla por nosotros y está también en el que escucha, porque si no mueve oídos y corazón, no puede haber fe. El predicador habla al oído; el Espíritu Santo, al alma. Él consagra, fortalece, ilumina y da el poder de perdonar los pecados. La conducción pastoral de ustedes debe, pues, estar fincada en la caridad, la paciencia, el servicio, la consagración al y por el amor de Dios. Por tanto, es importante que se consagren a plenitud: psicológica y volitivamente”.
Finalmente, y antes de agradecer en concreto a los papás de los seminaristas, a todos los fieles, al Obispo-Rector y a los formadores del Seminario, el Arzobispo Metropolitano les enfatizó a los neo sacerdotes: “De hoy en adelante es fundamental para ustedes la comunión, primero con Dios; en la Iglesia, con espíritu de unidad y de caridad hacia el Pueblo de Dios, a fin de comprenderlo y servirlo; la comunión con el Obispo como ejercicio de fraternidad sacramental, y con los demás presbíteros. Un sacerdote aislado, personalista, no encaja en el Plan de Dios ni en el ministerio”.
“Id por todo el mundo…
Apenas concluida la celebración, el Sr. Cardenal dio lectura a los destinos pastorales de los flamantes clérigos, exhortándolos a trabajar sin pausas ni descansos, y dejando para después los festejos.
Mons. Miguel Romano dio a conocer la Carta del Santo Padre, Benedicto XVI, en la que emite especial Bendición Apostólica a los recién consagrados, en tanto que Mons. José Trinidad González invitó a toda la asamblea a la Jornada de Oración al Señor de la Misericordia…
Tras 312 años desde su fundación canónica, el Seminario Conciliar de Señor San José continúa produciendo frutos casi sin intermitencias. La ordenación sacerdotal de otros cinco diáconos de esta generación ocurrirá en distintas fechas y lugares, entre los meses de mayo y agosto.
DESTINOS DE LOS NEO-PRESBÍTEROS. PENTECOSTÉS 2008
CAMPOS FLORES JUAN |
EVANGELIZADORA DE AMÉRICA |
CHÁVEZ RIVERO RAYMUNDO, |
RM SAGRADO CORAZÓN, Ocotlán |
DELGADO LANDEROS VÍCTOR HUGO |
PONCITLÁN |
DUEÑAS RODRÍGUEZ FCO. JAVIER |
SANTIAGO APÓSTOL, Tequila |
GARCÍA LEPE JOSÉ LUIS |
STA. MA. MAGDALENA, Polanco |
GARCÍA SALAZAR ÁLEX |
SANTO NIÑO DE ATOCHA, La Calma |
GONZÁLEZ ZERMEÑO FILIBERTO |
JESUCRISTO OBRERO |
GUTIÉRREZ ARELLANO ROGELIO |
SAN ANTONIO DE PADUA, Ciudad |
HERNÁNDEZ DE LA CRUZ ARTURO |
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA |
HERNÁNDEZ LÓPEZ NABOR |
MATATLÁN |
LÓPEZ TINAJERO VÍCTOR ALONSO |
SEÑOR DEL PERDÓN |
MARTÍNEZ GUTIÉRREZ ÓSCAR DANIEL |
PAIPID y Vic. SANTA CRUZ DE LAS HUERTAS |
MAYORGA ENRÍQUEZ JUAN CARLOS |
FORMADOR DEL SEMINARIO DIOCESANO |
NUÑO ROBLES OSVALDO |
SAN MARTÍN HIDALGO |
PEDRO MORÁN JORGE |
SANTA SOFÍA |
PÉREZ RAMOS GERARDO |
SANTA FE |
REYES AGUILERA MARIO |
SEÑOR DE LOS RAYOS |
RUIZ REYNOSO JOSÉ DE JESÚS |
VILLA CORONA |
SANDOVAL MURILLO ANICETO |
NTRA. SEÑORA DEL ROSARIO, Jamay |
SANTIAGO CARRILLO RAYMUNDO |
NTRA. SEÑORA DEL FAVOR |
SANTOS GRAJEDA JOSÉ ALFREDO |
NTRA. SEÑORA DE ALTAGRACIA |
SILVA JIMÉNEZ JUAN HOMERO |
MATER NOSTRA |
VARGAS HERNÁNDEZ JUAN CARLOS |
SEÑOR DE LA MISERICORDIA, Unión del Cuatro. |
Doy gracias a Dios, que me dio cinco hijos… le regreso uno para el servicio del Pueblo de Dios; con la gracia de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo deseo que sea un buen pastor.
(Papá de Alejandro Castañeda).
Nos sentimos muy felices, le damos gracias a Dios. Para nosotros todo cambia ahora; por ejemplo, la forma de vivir. Hay que ver la obligación que tendremos como familia
(Concepción Jiménez y Máximo Rodríguez, papás del diácono Matías Rodríguez).
Que todo lo que Dios le dio, lo dé a sus hermanos. Que Dios Nuestro Señor le conceda entrega, servicio y amor a los más necesitados; que siempre vea en ellos el rostro de Jesús
(Juan Reyes y María Guadalupe Gómez, padres del diácono Luis Samuel Reyes).
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