Edición 589
18/05/2008

Portada
Editorial
Epigramario
Reflexivas
Voz del Arzobispado
Palabra del Pastor
Tema de la Semana
Especial
Día del Maestro
Actualidades
Iglesia en la Semana
Panorama Parroquial
Familia
Pastor y Comunidad
Pastoral Biblica
Semillero de vocaciones
Cultural
Bitácora
Pulso de la Fé
Palabra del Domingo
Actividades
Página infantil
Hocio
Bolsa de Trabajo

 

 

Iglesia en la Semana

LOS MANDAMIENTOS DE DIOS
Miento por necesidad


Según el diccionario de la "real academia del cristiano mediocre" éste define como mentira piadosa a aquella que de puede decir para justificar errores o faltas, y que conforme a su manera de pensar, no afecta a nadie; aunque, eso sí, no desee que se la digan a él.

• Pbro. Paulo Alejandro González Enríquez

El Octavo Mandamiento de la Ley de Dios: “No levantarás falso testimonio ni mentirás”, es muy necesario, hoy en día, sobre todo cuando debido a que las relaciones entre los hombres se ven enturbiadas por tantas mentiras, calumnias, difamaciones y falsos testimonios. Todo esto se da porque se haperdido el amor a la verdad, prefiriendo el provecho personal aun cuando éste traiga como consecuencia la destrucción del otro, o la sustentación en la mentira, ya que no se valora la buena fama que se debe a todo hombre y mujer.

La virtud

Todo pecado tiene una virtud que le contra ataca y destruye, la veracidad. Esta virtud es la que impulsa a decir y obrar siempre con la verdad, y siempre a manifestarse al exterior tal como se es interiormente; es la adecuación entre lo que se piensa y lo que se dice o se hace.

La falta de esta virtud, en las palabras, se llama mentira; en los gestos exteriores, simulación, y en todo el comportamiento, hipocresía. Todos estos son pecados que van contra el Octavo Mandamiento.

La verdad es el fundamento de la convivencia y la armonía entre las sociedades; si falta, se pierde la confianza y con ésta, la capacidad de relación social. La mentira pues, no es sólo una cuestión moral, sino el fundamento mismo de una sociedad, cimentada en mentiras irá a la ruina.

La mentira

La mentira es la acción por la que se da a entender algo distinto de lo que se piensa, con la intención de engañar. La razón de este precepto es que la mentira es mala en sí misma; es decir, no es mala sólo porque esté prohibida, sino por su misma naturaleza, pues por pequeña que sea o piadosa que parezca, quebranta el orden natural de las cosas querido por Dios y debido a nuestros semejantes.

Para que haya mentira no hace falta que otros resulten efectivamente engañados por hechos o palabras, sino también cuando los demás se dan cuenta de que una persona está diciendo o haciendo lo contrario de lo que piensa.

La gravedad de la mentira ha de considerarse no sólo en sí misma, sino por los daños que puede causar; por ejemplo, la pérdida de una amistad, de la armonía conyugal o de la confianza entre padres e hijos. Además, ocasiona daños sobre el mismo transgresor a quien se miente con frecuencia, después, aunque diga la verdad, ya no se le cree.

La buena fama

En nuestra sociedad actual, se ha perdido casi todo sentido de lo que es la buena fama, y el respeto que se debe a todo ser humano, ya que con mucha ligereza se habla o se escribe para difamar ao destruir la dignidad de las personas, presentando como si fuera una información, que por cierto nadie solicitó, u ocultándonos en el "dicen"… para no asumir responsabilidad. Esto es a menudo propiciado por algunos medios de información que con el supuesto afán de ofrecer noticias incurren en una agresión directa a las personas y a este octavo precepto divino.

Es conveniente resaltar que no sólo se falta al Octavo Mandamiento con la palabra y la mente, sino que existe en esta materia el llamado "pecado de oído", que consiste en escuchar y gozarse con la calumnia y la difamación ajenas, aunque no se pronuncie ninguna palabra, pues basta con el silencio para aceptar y fomentar la difusión de la murmuración, cooperando al desarrollo del pecado ajeno.

Lo debido en estas situaciones sería cortar la conversación o, por lo menos, mostrar rechazo o poco interés en el asunto, lo sea tratado por otra persona o a través de medios de comunicación, que sustentan sus contenidos en estos principios. Nuestra sociedad tiene una urgente necesidad de vivir, decir y escuchar la verdad; pero sobre todo la Verdad, por excelencia, la de N.S. Jesucristo quien afirmó: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

 

Portada
Directorio
Ediciones Anteriores
Arquidiocesis de GDL
Pág. Principal