Edición 589
18/05/2008

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Semillero de Vocaciones

En el Seminario…
Ellas nos dan de comer



• Francisco Rodríguez Ramos, 2º de Teología.

La labor de la Santísima Virgen María, como madre de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es modelo para muchas madres que están al tanto de la formación de sus hijos en todos los aspectos de su vida. Las religiosas, Hermanas Franciscanas de Jesús Crucificado, hacen también las veces de mamás y de manera concreta a la hora de preparar los alimentos en el Seminario de Guadalajara, pues nutren a cientos de muchachos de la Prepa y de las Facultades de Filosofía y Teología, y por eso cariñosamente las llamamos también “madres”.

Ellas, siete religiosas de la congregación mencionada, en conjunto con un grupo de señoritas del pueblo de Mezcala de la Asunción, de la Ribera de Chapala, se desviven día a día por tener listos los platillos que el mar de seminaristas consumimos en las tres horas del día, y ¡cómo comemos!

Con ocasión del Día de las Madres, nos aventuramos a conversar con tres religiosas que, desde hace algunos años, ponen sal, pimienta y espíritu a un apostolado por demás arduo y que muchas veces pasa un tanto desapercibido.

Dénles ustedes de comer

De este modo nos pudimos percatar de que, tras el agobiante trabajo que las hermanas y muchachas realizan a diario en bien de los seminaristas, hay una fuerte espiritualidad que da sentido a lo que nuestras madrecitas realizan.

Una madre no tiene en realidad día de descanso y, ante la tentación de arrutinarse en la cocina, qué mejor testimonio que el de estas Madres religiosas que se han ganado a pulso ese título y han sabido encontrar sabiamente en su apostolado el secreto del servicio en nombre de Cristo, haciendo eco de su mismo mandato: Dénles ustedes de comer (cf. Lc 9, 13).

Comentarios

-Madre, ¿qué significa para usted dar de comer a tantos muchachos?
La Madre Olivia, que nació un 25 de diciembre, comentó:

-Un servicio para Dios mismo, para los que van a ser sus sacerdotes; un servicio con amor. Después de tantos años, siento la misma gratitud con Dios por servirle aquí en el Seminario.

Desde que una prima mía trabajaba en el Seminario de León, Gto., yo ya quería servir a Dios en sus seminaristas.

La Madre Emma Herminia nació un 19 de abril. También se ha sentido realizada por el apostolado de servir en el Seminario, pues ella misma pidió estar aquí, y lo hace con espíritu de fe porque sabe que está ayudando a los futuros sacerdotes. Por cierto, tiene muchos amigos. A algunos los conoció desde la secundaria y ahora ha tenido la dicha de ver a algunos ya hechos sacerdotes.

-Madre, y ¿cómo dejan los seminaristas las mesas después de comer? ¿Son ordenados?

-Deberían de ser más cuidadosos, por la formación que tienen; pero, en fin, ¡son hombres! Tienen menos delicadeza que las mujeres.

La Madre Rosa Ruvalcaba dice que la fortaleza en Dios la mantiene sirviendo evangélicamente a los futuros pastores del pueblo de Dios. A pesar de tener ratos muy pesados por el trabajo, el amor a Jesús Crucificado le da sentido, dice, a su noble labor, que realiza de manera callada, y que al fin y al cabo es para el bien de la Iglesia, de los elegidos del Señor.

-Madre, ¿qué mensaje quiere compartir con los seminaristas?

-El llamado es una gracia de Dios. El que le pone más ganas alcanza más. No se desanimen, pongan toda su confianza en Dios: en las pruebas Él no está lejos, siempre está con nosotros.

Por su parte, la madre Olivia nos exhortó a ponerle ganas a la formación, para que dé fruto el esfuerzo de los Padres formadores; y también, ver lo bueno de todos los sacerdotes, para de ellos tomar lo bueno y echar lo malo, ¡a la basura!

Y la madre Herminia confió:

“Diario me acuerdo de ustedes en su vocación. Si Dios los ha sacado de su familia es para ser pastores como Jesús, y vale la pena entregar la vida por el pueblo de Dios. Sepan que María nos cuida y vela por nosotros y por la vocación”.


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