Edición 589
18/05/2008

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DÍA DEL MAESTRO

La pasión por educar


“Para los maestros que me guiaron,
para los colegas con quienes compartí la pasión de educar”


En los niños está cifrada la esperanza de la Nación; en su inteligencia, su potencial, sus valores e iniciativa. Sin embargo, si esa semilla no es abonada, cuidada y cultivada desde el hogar por los padres, y en el ambiente escolar por los maestros, poco puede esperarse de los frutos que requiere y demanda un pueblo urgido de positivas transformaciones. Foto: Oscar Maldonado V.

Cada año, en el mes de mayo, la sociedad reconoce la labor del maestro como un recurso de promoción cultural insustituible, mediante el cual transmite ordenadamente, a las nuevas generaciones, el saber que ha acumulado.

Es también la oportunidad que tenemos los alumnos para mostrar nuestra sincera gratitud a quienes han sido guías en el conocimiento, en la formación de nuestra persona y facilitadores de nuestro proyecto de vida.

Mas, junto al merecido reconocimiento, cabe reconocer los problemas educativos que impiden buenos resultados en los exámenes nacionales o investigaciones internacionales, en los que nuestro país queda muy por debajo de las expectativas, lo cual refuerza sentimientos de baja autoestima nacional.

Aunque cabría señalar que si bien los espacios y recursos pedagógicos son necesarios pero no indispensables para el exito del proceso educativo, el desempeño de los alumnos está más directamente relacionado con el amor y la entrega de los maestros a su labor docente.

El orgullo de ser maestro

El maestro se define en muchas ocasiones por decisión vocacional, pero tantas otras veces por las circunstancias de la vida. Hay profesionistas que de pronto son llamados a dar clases, y se encuentran con un trabajo que no desconocen por haber tenido maestros en su formación, pero que no necesariamente tienen la capacidad de transmitir conocimientos y ser guías o tutores en el aprendizaje.

Esta realidad conlleva la desafortunada opinión de que se puede ser maestro, mientras se encuentra la oportunidad en la propia profesión, aunque ello se supera por el empeño de autoridades educativas y univertarias que exigen mayores requisitos para quienes llegan a las aulas.

Así pues, los retos culturales, pedagógicos y profesionales de los maestros no pueden ser hoy superados sin una verdadera vocación por la docencia y un gran amor por los alumnos, en quienes se ven proyectos inacabados, pero en proceso de formación integral.

Festejos y reconocimientos pueden traer a los maestros el mensaje de que su labor es importante y en muchos casos es en realidad definitiva en la vida de sus alumnos y en el mejoramiento de la sociedad. Por ello, algunos maestros pueden, con derecho, sentirse orgullosos de serlo y de contribuir al mejoramiento del País.

El ideal del quehacer docente

El docente al participar en cada etapa de la formación del estudiante, hombre o mujer, que lucha y se esfuerza por asimilar conocimientos significativos que le permitan incidir en la sociedad.

Ha de practicar un sano equilibrio entre lo individual y lo social, entre lo afectivo y lo intelectual; ha de ser creativo y amar profundamente su trabajo, importante medio para su realización.

Debe saber que su liderazgo estimula a la superación por su capacidad de escucha y su facilidad para empatizar con sus compañeros maestros y sus alumnos; que un maestro auténtico es respetuoso de las diferentes formas de pensar, en las que ve una oportunidad de enriquecimiento y no de división.

Máximo ejemplo de maestros y pedagogos lo es sin duda Jesucristo, el Rabí de Nazareth: Su persona, palabra y su vida, deben ser para el maestro cristiano, criterio de actuar y de pensar, inspiración de su ser y de su quehacer.

Conclusión

Formar y conducir a las nuevas generaciones, cimentando una vida, una familia y una patria, es un trabajo trascendente que puede realizar completa y definitivamente a una persona.

Por ello, a todos los maestros, por vocación o por accidente, el Señor Jesús, Maestro de vida, da motivos para su realización y para ser felices. Los alumnos y el País tendrán guías seguros y sacrificados con mística de servicio. Todo esto, a condición de despertar en cada maestro la pasión por educar.

 

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